Por qué el separatismo no vale la pena si conduce a más estatismo

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La balkanización es uno de los riesgos del separatismo. (Wikipedia)
La balcanización es uno de los riesgos del separatismo. (Wikipedia)

Dada la repercusión mediática, geográfica y política que implican los recientes movimientos separatistas que suceden en el mundo, un análisis libertario es no solo necesario sino coherente con los principios básicos.

Por ello, el Instituto Ron Paul para la paz y prosperidad —nombrado y presidido por quien fue tres veces candidato a la presidencia y quien, como congresista de EE. UU., presionó más que nadie contra reformas que agrandaban el poder del Estado dentro y fuera del país— publicó ayer un análisis de la plataforma digital Target Liberty.

Cita al padre de la corriente filosófica y política anarcocapitalista, Murray Rothbard, quien declara el Estado “enemigo de la humanidad”. Partiendo de este repudio al Estado como regidor central, existe una dicotomía respecto a cuál es la visión que tienen para su propuesta los grupos separatistas. Pues, no descartan un gobierno estatal simplemente lo reorganizan.

Dicha reorganización puede tomar dos caminos, una conducción menos opresiva o más opresiva que la existente. Si no está clara esta distinción, respecto al reglamento previo, tampoco indica si esta nueva forma de gobierno va hacia la libertad o si se aleja de ella.

Asimismo, sostiene que la extensión geográfica de un gobierno tampoco implica que se encamina hacia la libertad, aunque sea más pequeño que el Estado previo. En el caso de Corea, por ejemplo, una nación dividida por dos sistemas de gobierno, es pequeña en ambos lados de la frontera y eso no evita que el norte, la parte comunista, sea totalitaria. De hecho, es posiblemente el lugar más totalitario del mundo.

Visto desde afuera es fácil suponer que los gobiernos más pequeños son preferibles a los más grandes, ya que mayor dimensión implica mayor capacidad para incitar una guerra. Pues mayor dimensión geográfica, suele ser sinónimo de mayor población y consigo más recursos y milicianos. Entonces se asocia zonas más pequeñas con la paz. Aunque esto no es necesariamente cierto, sí reduce las posibilidades de ataque. En el caso de Corea del Norte, por ejemplo, pese a sus constantes amenazas, su capacidad nuclear y recursos militares son inferiores a su adversario, los EE. UU.

Respecto a las regiones con aspiraciones de autonomía, la madre de la filosofía objetivista  —Ayn Rand— defensora del Estado mínimo, nos dice: “Si una provincia quiere separarse de una dictadura, o incluso de una economía mixta, para establecer un país libre, tiene el derecho de hacerlo. Pero si una pandilla local, étnica o de otra clase, quiere separarse para establecer sus propios controles gubernamentales, no tiene ese derecho. Ningún grupo tiene derecho a violar los derechos de los individuos que viven en la misma localidad. Un deseo  —individual o colectivo— no es un derecho”.

Este extracto aparece en el capítulo “Balcanización global” del libro La voz de la razón. Para quienes recordarán, y quienes no sepan, la balcanización se remite al proceso en el cual las naciones situadas en los Balcanes occidentales, en las costas mediterráneas, que quedaron fragmentadas tras la extensión y posterior desintegración del Imperio Otomano, luego de la Primera Guerra Mundial, entraron en un periodo de guerra perpetua por las divisiones con base étnica y cultural.

Este fenómeno siguió hasta luego de la desintegracion de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y consigo de Yugoslavia, una federación compuesta de 7 naciones pequeñas. De esa partición y el posterior conflicto nació la nación de Kosovo. Pues, entre las herencias del imperio otomano, se sumó a las diferencias lingüísticas, geográficas y culturales, las religiosas; logrando una incompatibilidad entre las pequeñas naciones que ansiaban su autonomía.

En la actualidad, el término “balcanización” se aplica no solo a la zona geográfica donde originó sino a cualquier lugar del mundo donde haya la división de un Estado multinacional en entidades homogéneas étnica o culturalmente más pequeñas. Ya que dichas divisiones en el pasado han causado estragos.

Sin embargo, no existe una fórmula general. Pues cada movimiento es a su modo. Queda en manos del movimiento separatista nacional cuidar que sus acciones no conduzcan a más cadenas para sus habitantes. Un ideal como el separatismo va cargado de mucha energía en el aire, para que sea apoyado y considerado como proyecto libertario, es necesario poner los pies sobre la tierra y decir cómo será distinto del Estado del cuál se desprende.

Si la autonomía va en función de la libertad de asociación, es decir, la libertad de elegir con quién comerciar y por ende con quién intercambiar, compartir, etc., entonces el movimiento es una aspiración hacia la libertad. En cambio, si dichas asociaciones son delimitadas por un eje central, la separación del Estado previo no implicaría un avance sino un retroceso en materia de libertad individual.

 

 

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