El otro legado de MLK: por qué el líder afroamericano rechazó el comunismo

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(FotoMontaje)
Martin Luther King repudió públicamente el comunismo por ser materialista, tiránico y éticamente relativista. (FotoMontaje)

El 15 de enero, se celebró otro año más del nacimiento y la muerte de Martin Luther King Jr.

Desde muchas esferas políticas han pretendido vincular el legado de este personaje carismático al suyo, aduciendo que era de tal o cual partido y defensor de la filosofía de su conveniencia.

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CNN no fue la excepción. A través de la red social Twitter, anunciaron que «era un héroe ambientalista» y que «fue un socialista antes que sea genial».

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Irónicamente, el propio tweet indica que «muchos estadounidenses han convertido a Martin Luther King Jr en una mascota segura durante el feriado» y que «algunos dicen que King habla de manera que va más allá de los derechos civiles».

Es decir, mientras unos olvidan o desconocen su legado, más allá del hecho que su nacimiento les otorgó un día festivo en el que no deben ir a trabajar, se ha vuelto una «mascota». En inglés, el término alude —no a los animales que viven en casa, eso es «pet«— sino al personaje representativo de un equipo, ciudad o filosofía.

Y en eso le ha convertido la nota de CNN a Martin Luther King Jr, una «mascota» del socialismo y del ambientalismo.

La verdad es que no hay literatura que indique que fue ambientalista, ni siquiera en el artículo. Hay referencias de otros autores que han adaptado sus discursos a su propia retórica.

Solamente existe una cita con fuente:

«Toda la vida está interrelacionada. Todos estamos atrapados en una red ineludible de mutualidad. Todo lo que afecta a uno afecta directamente a todos indirectamente. Estamos hechos para vivir juntos debido a la estructura interrelacionada de la realidad». 

Incluso se refieren a King como «uno de los grandes pensadores ecológicos del siglo XX». Es decir, tomaron y extrapolaron este pensamiento y lo ideologizaron a modo de propaganda.

Este extracto podría fácilmente estar asociado a la filosofía voluntarista, donde los intercambios entre personas se dan de manera voluntaria.

Pero no es el caso. En su lugar, genera un vínculo entre la necesidad y la obligatoriedad. Es decir, que los intercambios entre personas y respecto a su entorno «deben ser» de una manera estandarizada y como tal necesitan un ente regulador: el Estado.

Para personas que promueven esta metodología, existe el término «sandía», alude al activista que —al igual que la fruta—  es verde por fuera y rojo por dentro. Esto significa que en la superficie asume un discurso ambientalista (verde), mientras en el fondo promueve políticas socialistas (rojo).

Pues, un fenómeno frecuente en el entorno socialista —y consigo ambientalista—  es buscar soluciones no por medio de la innovación sino a través de la regulación. Prima no el ingenio sino la sanción. O sea, prevalece la acción estatal que se vale de fondos extraídos de manera obligatoria, por medio de impuestos, sobre la acción privada, con fondos propios o bien recaudados de manera voluntaria.

Por ejemplo, el texto menciona que King dijo alguna vez: «las ciudades están jadeando en el aire contaminado y soportando el agua contaminada«.

Sin embargo, no incluye cómo la acción gubernamental —mejor descrita como negligencia— ha sido quién más agua contamina el agua de la comunidad negra.

El caso más representativo es el de la ciudad de Flint, en el estado de Michigan, cerca a Detroit, donde la alcaldesa tuvo que declarar estado de emergencia por el envenenamiento por plomo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el plomo afecta el desarrollo del cerebro en los niños, lo que causa que tengan un bajo coeficiente intelectual, déficit de atención, problemas de aprendizaje y comportamiento antisocial. Agrega que los daños son irreversibles.

Más de medio siglo gobernados por el partido demócrata, hizo que el alcance del gobierno aumente, pero no la eficiencia. El gobierno tenía la responsabilidad de garantizar la tubería que conduzca a una fuente de agua confiable y no lo hizo.

No obstante, el artículo de CNN busca revitalizar el discurso socialista al punto que lo llama «genial». Equipara a Martin Luther King Jr con el precandidato presidencial socialista del partido demócrata de los EE. UU., Bernie Sanders, diciendo: «King hizo un llamamiento para la atención médica y la educación universales, un ingreso anual garantizado y la nacionalización de algunas industrias«.

«Pero no es por eso que lo celebramos», sostiene en una réplica al artículo el comentarista político Ben Shapiro. Agrega: «También lo fue Karl Marx, y no lo alentamos como un héroe nacional. El socialismo no era genial, no es genial, y no es el motivo central por el cual MLK era importante para los Estados Unidos».

A fin de cuentas, la economía es una ciencia compleja. Por ende, promover quitar a unos para dar a otros, poner en manos del gobernante, tercerizar la responsabilidad, resulta sencillo. Más cuando se agrega la «justicia resarcitoria» a la ecuación.

Al respecto, el economista y filósofo estadounidense, también negro, Thomas Sowell, dijo: «Nunca he entendido por qué es «codicioso» querer mantener el dinero que se ha ganado, pero no es codicioso querer tomar el dinero de otra persona»; como exigen las políticas socialistas.

Cuando se observa desde un ángulo moral, exige excusar el robo y validar la codicia.

Lo cierto es que más allá de las interpretaciones y apropiaciones de lo dicho por King, existen testimonios audiovisuales de lo que realmente dijo.

En el documental, «Hombre de paz en tiempos de guerra«, por ejemplo, aparece una entrevista donde le preguntan «¿Eres comunista?». King responde:

«No, en absoluto. No lo he sido, no lo soy ahora y nunca lo seré, en términos de la filosofía del comunismo. Resulta que soy un predicador bautista y no creo que encuentres muchos predicadores bautistas que serían comunistas. Creo que el comunismo se basa en el materialismo metafísico, una especie de relativismo ético y un totalitarismo lacerante, una negación de libertades humanas básicas que considero derechos garantizados en la primeras enmienda (de la Constitución) que considero tan básicas que nunca podría ser un comunista ni preferiría un modo de vida comunista».

En su discurso más prominente, «Tengo un sueño«, King resaltó la importancia de «los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad», garantizados en la Constitución, tres derechos que bajo el socialismo están condicionados.

Porque el colectivismo requiere el sacrificio del individuo. Una expresión tan individual y subjetiva como es la felicidad es colectivizada, burocratizada y dictaminada. Tanto es así que ahora que predomina en Venezuela el socialismo, se creó un Viceministerio para la suprema felicidad social del pueblo venezolano que mide la entrega de dádivas estatales…  en un país donde un éxodo avasallador y multitudinarias marchas demuestran que tal sentimiento no es unánime.

Como decía el presidente Reagan: «Los socialistas ignoran el lado del hombre que es el espíritu. Pueden brindarte refugio, llenarte la barriga con tocino y frijoles, tratarte cuando estás enfermo, todo lo que se garantiza a un prisionero o esclavo. Ellos no entienden que también soñamos».

Este pensamiento va alineado con la  «metafísica materialista» que mencionaba Martin Luther King Jr. Pero dejemos la interpetación para quienes se apropian de su discurso.

Lo cierto es que los discursos y entrevistas de este hombre que buscó lo justo, con aciertos y errores, están a nuestro alcance para que no nos cuenten lo que dijo sino que lo sepamos.

 

 

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