En la frontera con Brasil se evidencia la pesadilla de la crisis venezolana

El portal progresista Huff Post expone historias humanas de lo dura que es la situación para los refugiados venezolanos que cruzan hasta por papel higiénico a Brasil

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Operação Acolhida/Operación Acogida cooperó para el ingreso de refugiados venezolanos a Brasil. (Operação Acolhida)

Tres millones de venezolanos es la cifra reconocida por la agencia de refugiados de las Naciones Unidas, ACNUR. Los países limítrofes son los mayores receptores, entre ellos Brasil.

Desde agosto del 2018, 30.700 personas  han emigrado de Venezuela a Brasil, según el gobierno brasileño. En el mismo lapso, la oficina de migración de Colombia estima que 870.000 venezolanos ingresaron al país.

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Luego que Nicolás Maduro y sus aliados impidieron el acceso de ayuda humanitaria por la(s) frontera(s), los indígenas de la etnia pemón tomaron el aeropuerto situado en la frontera con Brasil.

Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad fieles al régimen, al igual que los «colectivos» y presos liberados en la zona para reprimir a los manifestantes, causaron heridas de gravedad que fueron tratadas en Brasil. Varios perdieron la vida, entre ellos una pareja de esposos.

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El hambre y la falta de medicina potenciaron el exilio

El hambre, producto de la falta de alimentos, es el mayor agravante, junto a la falta de medicamentos.

Entre 350 y 1000 personas cruzan al día a Brasil, aunque el 22 de febrero se cerró oficialmente el cruce de la frontera en el lado venezolano. Para enfrentar la situación, el ejército de Brasil -en conjunto con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR)- establecieron campamentos en Paracaima, cerca de la frontera con Venezuela.

Las historias son tan desgarradoras que incluso medios que comúnmente promueven a la izquierda política visibilizan lo sucedido con los refugiados venezolanos.

El medio progresista HuffPost, por ejemplo, reveló la historia de Mayerlin González de 23 años que viajó junto a su esposo Ronnie Villalba de 25 años y su bebé de 10 meses de edad, Ronner. El viaje les tomó 30 horas.

Ya que la frontera oficial está cerrada, cruzaron por «las trochas», rutas ilegales controladas por grupos armados, que los venezolanos usan para huir del país.

Primero viajó 800 kilómetros el papá. Villalba llegó a la ciudad de Boa Vista, donde vivió en la calle. Luego, regresó a para recuperar a su familia.

Cuentan que huyeron de los disturbios violentos y la escasez de alimentos y medicamentos. Con un bebé en brazos, huyeron de las tasas de mortalidad infantil, que en el país se remontan a los niveles de 1990, según la ONG Human Rights Watch.

Como ellos, el venezolano promedio perdió más de 11 kilogramos de peso.

Los indígenas amazónicos son los más afectados por las epidemias de enfermedades

Las condiciones insalubres lograron que enfermedades que fueron oficialmente declaradas erradicadas, como el sarampión, la tuberculosis, la difteria y la malaria, se vuelvan epidemia.

Los indígenas amazónicos, al no estar vacunados, se volvieron los más vulnerables a estas pandemias. Esto -sumado a denuncias de delincuencia- ha generado tensión entre las comunidades, provocando que indígenas de la zona quemen las carpas de los refugiados venezolanos.

La violencia de la zona provocó linchamientos que produjeron la salida de vuelos para transportar a venezolanos de regreso, también desde Ecuador y Perú.

El medio afín al régimen Telesur  reportó  que «tras ser víctimas de discriminación, xenofobia y abusos laborales», el régimen de Maduro se proclamó heroico a través del Plan Vuelta a la Patria, para repatriar a los exiliados.

Paralelamente, el ejército de Brasil transportó a 5.000 venezolanos desde la zona fronteriza de Roraima a 17 ciudades de Brasil.

Como el régimen de Maduro dejó de emitir pasaportes, a diferencia de Colombia y Perú, es más fácil para las familias venezolanas viajar a Brasil porque no es necesario presentar un pasaporte.

También hay quienes cruzan la frontera no como exiliados sino para acceder a productos básicos y volver después.

Venezolanos cruzan para comprar productos básicos, inclusive papel higiénico

Algunos hasta cruzan para comprar papel higiénico, un producto de higiene básico que se ha vuelto icónico de la escasez en Venezuela, luego que Maduro ordenó la ocupación militar de una fábrica privada para comprobar por qué no existía el producto en los supermercados.

En vista que comprobó que la falta de producto final era consecuencia de la ausencia de insumos (muchos de los cuales se importan con dólares que requieren autorización del régimen), Maduro sostuvo que la ausencia de papel higiénico era un indicador de que la gente está comiendo mucho; implicando que si comen mucho, entonces van mucho al baño y por tanto gastan papel.

Por último, el equipo periodístico del medio progresista Huff Post comenta que ya parecen pueblos fantasmas las zonas limítrofes, dado que la población evacuó y los negocios están vacíos.

Por ejemplo  la escuela primaria de Santa Elena de Uairén,  todavía tiene carteles de Hugo Chávez – al que distinguen de Maduro- y frases del libertador latinoamericano Simón Bolívar, elogiando el valor de la educación: “La educación es el verdadero fundamento de la felicidad. Las naciones se mueven a su grandeza a medida que avanzan en su educación «.

Sin embargo, las condiciones de vida que elevaron la mortalidad infantil están vaciando la zona de niños y por tanto quedan cada vez menos a los cuales educar.

 

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