¿Cuáles son los riesgos de cambiar la Constitución de Chile?

"Nuestros ahorros previsionales, por ejemplo, corren riesgo de ser expropiados, como pasó en Argentina, si se incluye como en constituciones pasadas el término 'fin social de la propiedad'”

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La derecha en Chile teme usar el término Asamblea Constituyente, pues lo aplicaron los países azotados por el socialismo en la región. (EFE)

Ya es oficial, Chile podrá votar a favor o no de cambiar la Constitución. La fecha está marcada para abril del 2020. Quienes se oponen al cambio sostienen que lejos de darle dignidad a los chilenos, aumenta el peligro de no solo empobrecer a la nación, sino de vulnerar los derechos más fundamentales de los ciudadanos.

«No es una elección cualquiera, porque con esta acción democrática y republicana, vamos a tener que optar entre dos alternativas, las dos igualmente legítimas y democráticas», explicó Piñera desde el Palacio de La Moneda, donde firmó el decreto que hizo posible el cambio constitucional.

Tanto en los medios masivos como en las calles de Chile aclaman el fin de la Constitución del General Augusto Pinochet, aunque los cambios empezaron en 1989 y la firma de Pinochet ya no aparece en la Constitución desde 2005, año en el fue reemplazado por la firma del presidente de Ricardo Lagos, que es de izquierda.

Mantener vivo el fantasma de Pinochet ha sido útil para los manifestantes —en cuanto lo equiparan al presidente Sebastián Piñera-, a quien acusan de violar Derechos Humanos, pese a que el Congreso desestimó las denuncias ante la  falta de pruebas. El parlamento sostuvo que el presidente no atentó contra la Constitución.

Ahora se habla de una Asamblea Constituyente, como las que hubo en todos los países de la región donde se instauró el socialismo (Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia). Allí se terminó el Estado de Derecho y se suplantó por un Estado de derechos, donde se volvió dadivoso a cambio de expropiar y empobrecer a sus ciudadanos.

En Chile, la derecha al tener miedo de usar esa frase que instaló la izquierda, usa el eufemismo de Convención Constituyente, pero en el fondo es lo mismo. Así lo explica Javier Silva Salas, cofundador del centro de estudios chileno Ciudadano Austral, a PanAm Post.

¿Cuál es el mayor riesgo de un cambio de Constitución?

Esto quiere decir que nada de lo que actualmente existe en la Constitución vigente se mantendría, sino que todo será revisado. El riesgo es que todo eso que se revise comience a ser contrario a los valores que sustenta nuestra actual Constitución, el derecho a la vida y propiedad que están bien explícito y protegidos. Pero podrán ser destruidos dentro de la asamblea constituyente y llegar a tener lo que alguna vez tuvo Chile en Constituciones pasadas que es el ‘fin social de la propiedad’, una frase que abre la puerta para que cualquier cosa pueda ser expropiada, si así lo estima la autoridad y sin mayor contrapeso.

Si solo se agrega esa simple frase, nuestros ahorros previsionales, por ejemplo, corren riesgo de ser expropiados, como pasó en Argentina.

El Plebiscito de abril de 2020 tiene dos preguntas, la primera de ellas es si queremos o no un cambio constitucional y la segunda pregunta cuestiona si la Asamblea Constituyente será conformada por una fracción de congresistas en ejercicio y personas electas para esta asamblea o bien 100 % formada por personas especialmente electas para la asamblea.

Si gana la opción del cambio constitucional de la primera pregunta del plebiscito, habrá una nueva elección en octubre de 2020, es decir, 6 meses después, para elegir a los asambleístas y desde ese momento se generará el trabajo para la nueva constitución que será desde una “hoja en blanco”.

Nuestra Constitución tiene elementos propios de la democracia liberal, esto es, convertirse en un dique que nos protege como individuos ante el avance del Estado. Así entonces quedan consagradas en ella muchas libertades que permiten generar un conjunto de condiciones para desarrollarnos plenamente como individuos.

Ahora están en peligro.

¿Es viable que el voto sea a favor del cambio constitucional?

Entre el clima de la guerra civil que se vive, donde las protestas callejeras han pasado a un segundo plano, ahora los incendios forestales intencionales tienen consecuencias dramáticas, como en Valparaíso donde se incendiaron más de 250 casas. Solo como dato, a la fecha hay un 300 % más de incendios forestales que a la misma fecha (primavera-verano) del 2018. No es casualidad esa cifra y por otro lado el ánimo de la clase política que ha amenazado que de no ganar la opción por el cambio constitucional las protestas se intensificarán, tal como lo señaló Heraldo Muñoz, un presidente de partido de la oposición (PPD) que llegó a ser ministro del interior en el Gobierno de Michelle Bachelet. Entre ese ambiente de miedo y de constante desinformación, hoy las encuestas dan por eventual ganador a la opción que favorece el cambio constitucional.

¿A quién le conviene el cambio constitucional y a quién no?

El cambio constitucional conviene a los que hoy se alzarían como mayoría en la asamblea constituyente, a los partidos que han capitalizado mejor hasta ahora toda esta guerra, que en este caso son los de la izquierda. En los últimos dos meses gran parte de las medidas que se han tomado desde el poder ejecutivo han sido aquellas que estaban en el programa de Gobierno del candidato de la izquierda y que perdió frente a Sebastián Piñera. Era la izquierda la que pedía y pide actualmente una asamblea constituyente, era y es la izquierda la que se verá favorecida y con ello podrá imponer su agenda de miseria en nuestro país.

¿Qué nos dice la exigencia del cambio de Constitución sobre la naturaleza de las protestas?

Las protestas de hace dos meses usaron como pretexto el alza en el precio del metro, pero claramente esa nunca fue la razón de los ataques terroristas a las estaciones ni los saqueos e incendios de edificios, el trasfondo siempre fue llevarnos a lo que estamos hoy, con un Estado fallido, donde el ejecutivo está capturado y solo puede administrar aquello que las fuerzas insurreccionales le mandatan, que es el programa de Gobierno del candidato derrotado en 2017.

Con ese panorama, donde no importa quién detente el poder formalmente, sino quién lo controla, uno puede hablar que en Chile hubo un golpe de Estado. Algunos dirán que fue un intento, otros que sucedió y que fue de carácter postmoderno. Ha sido tanto el control que ejerce el poder que hoy controla al Presidente que lo ha obligado (no podría decir cuál era el castigo si no lo hacía) a retractarse de declaraciones dadas a CNN en Español.

Declaró que muchas de las fotos que se ven en las protestas son montajes, armados con manifestantes y que han sido medios, al igual que medios internacionales quienes instigan y propagan la información. Pese a la evidencia que así es, el Presidente Piñera se retractó; ante la presión.

Las protestas fueron la dolorosa cortina de humo, con más de veinte muertos, personas lesionadas, daños a la propiedad privada irreversibles, cesantía y violencia ya crónica, que hicieron posible este golpe de estado postmoderno para el cambio a la constitución.

¿Qué mensaje le darías a los chilenos y a quienes están fuera del país sobre lo que está sucediendo en materia constitucional (riesgos, etc)?

Chile va por su cuarta Constitución en 190 años, quizás suena una cantidad baja, en comparación a otros países. El problema que esta Constitución podría ser la que nos aleje del camino de la libertad que llevábamos por los últimos cuarenta y cinco años y nos lleve por un camino de miseria y servidumbre. En dos meses se han perdido más de 140 000 empleos, y la cifra seguirá aumentando. Los efectos no serán al largo plazo, ya los estamos viviendo. Cambiar la Constitución no es un juego, es cambiar las reglas del juego y peor aún, es mover los límites que tiene el Estado respecto a los individuos, el problema es que la opción que parece que ganaría sería aquella que quiere más Estado y menos derechos individuales.

Hoy en Chile las ideas de la libertad no pasan por su mejor momento, el consejo es que no repitan lo que está pasando en Chile, y si pueden, opónganse con todas sus fuerzas contra quienes quieren despojarnos de nuestro derecho más preciado, la libertad individual.

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