Yale define la cultura occidental como supremacía racial

«En la sociedad burguesa, el pasado domina el presente; en la sociedad comunista, el presente domina el pasado», decía Karl Marx

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Yale define la cultura occidental como supremacía racial (AB)

Por última vez, la prestigiosa universidad de Yale en EE.UU. abrirá un curso de introducción al arte renacentista y los inscritos desbordaron la capacidad. Pues a partir del siguiente semestre no se dictará más la materia, debido a que los artistas de la época eran en su mayoría hombres y blancos y eso no se tolerará más, pues los académicos sostienen que imponen un canon occidental.

Según The Yale Daily News, el departamento de arte decidió que la clase podría incomodar a algunos estudiantes debido a la blancura, la masculinidad y la rectitud «abrumadoras» de los artistas que componen el canon occidental.

«Quiero que todos los estudiantes de Yale tengan acceso y se sientan seguros al analizar y disfrutar los trabajos centrales de la tradición occidental», dijo el instructor del curso Tim Barringer al periódico estudiantil, «pero no confundo una historia de la pintura europea con la historia de todo el arte en todos los lugares».

Agregó que el enfoque en el arte occidental es «problemático».

Para «remediarlo», explica que el curso «considerará el arte en relación con cuestiones de género, clase y raza y discutirá su participación con el capitalismo occidental», según el último programa de estudios. La relación del arte con el cambio climático también será un «tema clave».

La «interseccionalidad» toma la «lucha de clases» del socialismo y lo traslada a cada aspecto étnico, sexual y físico

No se trata de un caso singular sino de una nueva normativa con base en la «interseccionalidad», que toma la lucha de clases del marxismo y lo transporta a todos los aspectos de la humanidad, desde la raza hasta la sexualidad, generando jerarquías de opresión y por tanto clases oprimidas y opresoras de acuerdo a su piel, tipo de cuerpo, preferencia y/o identificación sexual.

Arriba en la cima, aparece como opresor el hombre, blanco, heterosexual, saludable y cristiano, considerado privilegiado. En el estrato más abajo aparecería una persona transexual, migrante, discapacitada, de fe islámica, pansexual.

En el medio, los estratos «inferiores» están en disputa respecto al grado de opresión del otro. Una mujer, latina, migrante, mestiza, queer (no conforme con los géneros binarios), que da cátedra sobre una poetisa lesbiana, como fue Safo en la Antigua Grecia, pareciera la candidata idónea para ser protegida por esta modalidad de pensamiento. Pero no, al ser la Antigua Grecia la cuna de la civilización occidental, un grupo de estudiantes se manifestó contra la clase de la ayudante de cátedra, Lucia Martìnez Valdivia, pues la clase era considerada “eurocéntrica”, no lo suficientemente “interseccional”.

También en la Universidad de Reed, los estudiantes exigieron que todos los textos europeos en el curso introductorio de humanidades fueran eliminados y reemplazados por libros no europeos como una forma de reparación «para la historia de Humanities 110 de borrar las historias de las personas de color, especialmente las personas negras».

Es decir, se toma el mismo concepto del marxismo, de la «redistribución de la riqueza» y se implementa una «redistribución histórica» que requiere una representación étnica y sexual, que en el camino también excluye a las minorías sexuales y a las mujeres, si estas son representativas de los cánones occidentales.

El origen de esta teoría está situado en los teóricos críticos y neomarxistas como Horkheimer sobre las “circunstancias críticas que esclavizan” y tiene como propósito “desenmascarar la burguesía capitalista”; mientras que Patricia Phil Collins es la principal arquitecta del concepto de interseccionalidad, exacerbando el factor del género.

A modo de crítica, la revista libertaria Reason sostiene que «es bueno incluir más perspectivas y garantizar que una educación en artes liberales no se centre excesivamente en Europa. Pero la diversidad por adición es ampliamente preferible a la diversidad por sustracción».

La «justicia social» aplica no solo a los contenidos sino también a la evaluación de los alumnos

Este mecanismo «redistributivo» de los contenidos aplica también ahora a la forma de evaluar los exámenes. Con el fin de aumentar el número de egresados con calificaciones sobresalientes —que hasta el momento eran predominantemente varones— la Universidad de Oxford en Inglaterra determinó que los estudiantes podrían llevar los exámenes de historia para completarlos en casa sin presiones para así lograr mayor representatividad femenina.

En lugar de tratar a las mujeres con igualdad y apuntar a la excelencia, la universidad adaptó el estándar hacia abajo para que sea más fácil para las mujeres.

De modo que por un lado pregona el igualitarismo y por otro modifica los estándares de una universidad reconocida por su excelencia, reconociendo que hay tales diferencias que es necesario evaluar de forma distinta.

Lejos de preparar a los futuros profesionales a estar listos para la adversidad que enfrentarán en el mundo laboral, les presenta un mundo acomodado a ello, donde todo está resuelto por la autoridad, en vez de ganárselo por su competitividad.

Al respecto, el recientemente fallecido filósofo conservador inglés Roger Scruton decía: «Debemos reconocer que la libertad no es lo mismo que la igualdad. Aquellos que se llaman progresistas están más interesados en igualar que en liberar a sus semejantes».

Pues su primer ataque a la libertad está en qué y cómo se puede y debe aprender, en vez de ser libres de elegir. Asimismo, no tratan a sus compañeros y alumnos como igualmente capaces sino como quienes necesitan un trato preferencial para aprobar el curso, en el caso de los alumnos y censurador en el caso de los docentes, aunque estos pertenezcan a grupos presuntamente marginados.

A modo de advertencia Scruton anunció: «El futuro de la humanidad, para el socialista, es simple: destruye el orden existente y permite que el futuro emerja».

Por medio de la «teoría crítica», instaurada en el ámbito universitario, se está logrando. Desde el ámbito educativo pretenden suplantar los textos, los contenidos, la forma de examinar, para así normalizar la «redistribución» en el plano histórico.

En hispanoamérica, reescribir la historia comienza con la conquista española

Y no se limita al plano universitario ni a la educación anglosajona. Cientos de miles de niños mexicanos serán adoctrinados con propaganda comunista a través de libros de texto entregados por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en 6 000 escuelas.

Comenzando por la conquista de América, que en el caso de México fue posible gracias a las alianzas entre los pueblos indígenas esclavizados por los aztecas —que exigían sacrificios humanos— y los españoles del momento, los niños leerán que se trató de un saqueo.

Cuando en realidad fue Hernán Cortés, el conquistador, quien ordenó en 1524 construir el Hospital del Jesús, el primero del país que hasta ahora sigue en pie. Desde los inicios de la presencia española, hubo inversión en infraestructura; no un saqueo como pretenden adoctrinar a los niños.

Aunque ha habido resistencia por parte de docentes, el material se difundió igual.

«Utilizar la educación para adoctrinar es un riesgo muy grande, con ese tipo de libros y con maestros que estén en la misma línea. Eso fue una pelea muy grande del siglo pasado desde la laicidad. Debe estar exenta de fanatismos, porque no solo es laica desde un sentido religioso», afirma Roberto Rodríguez, investigador de la UNAM.

De la mano de la suplantación del canon occidental, los libros de texto hacen apología e incluso propaganda de Karl Marx, el Che Guevara, entre otros.

Así se prepara el terreno en el plano cultural, destruyendo toda gloria pasada, para cosechar en el campo político y económico un «hombre nuevo», como exige el socialismo.

Dicho en palabras del propio Karl Marx, «En la sociedad burguesa, el pasado domina el presente; en la sociedad comunista, el presente domina el pasado».

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