La funcionalidad política de Hollywood: aplauden a Marx en los Oscar

"Trabajadores del mundo, únanse", el nuevo grito de millonarios que pregonan el empobrecimiento

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La ideologización de Hollywood se vio con el silencio cuando Renée Zellweger exaltó el sueño americano y el furor de la cita de Marx. (EFE)

La alfombra roja de los premios Oscar se ha convertido en una pasarela de activismo político. En la última edición, desde el escenario parafrasearon el Manifiesto Comunista de Karl Marx, nada menos que al recibir el premio a mejor documental por una película producida por Barack Obama.

«Trabajadores del mundo, únanse», aclama el texto de Marx. «Las cosas mejorarán cuando los trabajadores del mundo se unan», dijo en la entrega de los Premios de la Academia Julia Reichert, codirectora del documental «American Factory», producida por la nueva compañía cinematográfica del expresidente demócrata. En coproducción con Netflix, los Obama lanzaron la productora cinematográfica Higher Ground, que les permite narrar la historia apelando a la sensibilidad, no a la evidencia.

Al recibir el premio de mejor documental, Reichert dijo: «hoy en día los trabajadores la tienen cada vez más difícil». Lo cual es fácilmente contrastable con las estadísticas.

Bajo la presidencia de Donald Trump el desempleo llegó a un nivel histórico. Menos del 3,6 % de la población no tiene empleo y al menos siete millones de personas dejaron de depender del Estado para obtener comida. El nivel más bajo que logró Obama fue 4,8 %. Sin embargo, en el ideario del izquierdista promedio, particularmente en las élites, la realidad es otra y tienen a la industria audiovisual a su servicio para pregonarlo.

Tanto es así que cuando la actriz Reneé Zellweger dio su discurso a favor del «sueño americano» y como ella, hija de migrantes, salió adelante en los EE. UU., no recibió aplausos, mientras que la cita de Marx generó furor.

Obama produjo una película que oculta su rol en el desempleo de trabajadores

El largometraje documental American Factory (Fábrica Americana) es una crítica a la industria automotora en EE. UU., que oculta los daños causados por la administración Obama a los trabajadores, pues el expresidente  estaba al mando del país cuando los trabajadores del sector automotor pasaron fuertes dificultades a raíz de las políticas del demócrata.

Una vez que se estrenó la película, el legislador Mike Turner, exalcalde de la ciudad Dayton, Ohio (cerca a la fábrica), sacó una columna en The Wall Street Journal donde expone a Obama y su rol como presidente, al empeorar la vida de los trabajadores que perdieron sus empleos:

Es una película fascinante y a veces conmovedora. Sin embargo, lo interesante de esto es que nunca alude al papel que desempeñó Obama para disminuir la capacidad de los trabajadores despedidos de Moraine (ciudad de Ohio) para transferirse a otras otras fábricas de General Motors. El papel del presidente no fue indirecto y no es un tema de disputa: el acuerdo de rescate de su administración para GM incluyó un acuerdo exclusivo de la trastienda con United Auto Workers.

Ante todo, explica que fue el «rescate financiero» de Obama lo que forzó el cierre de la planta y les dificultó a los trabajadores encontrar nuevos empleos. Esto último debido a que, acorde con el ideario izquierdista, Obama ofreció favores políticos a aliados sindicales y los trabajadores de la fábrica retratada estaban en el sindicato «equivocado».

La planta de General Motors en la ciudad de Moraine pertenecía al sindicato  (Unión Internacional de Trabajadores de Electrónica, Electricidad, Salarios, Máquinas y Muebles – Trabajadores de Comunicaciones de América), mientras que el rescate automotriz de la administración Obama favoreció a la UAW (Trabajadores Automóbiles Unidos) y a sus miembros.

La planta retratada en el documental de Obama se cerró y los trabajadores quedaron desempleados, debido a que el convenio entre UAW y el Gobierno no les incluía. Además, todos los trabajadores que no estaban ligados a este sindicato tuvieron que comenzar desde cero, como nuevos empleados, perdieron todos los beneficios acumulados durante años como empleados en otras plantas General Motors.

Pero el documental «American Factory» se limita a mostrar los esfuerzos del sindicato beneficiado por Obama (UAW) para la reapertura de la fábrica de vidrio para automóviles, sin mencionar cómo este mismo sindicato afectó a los trabajadores no vinculados, ni el rol del expresidente convertido en productor cinematográfico.

Por eso el legislador republicano Turner afirma que fue gracias a los esfuerzos bipartidistas, con el apoyo del senador demócrata Sherrod Brown, que la planta se volvió a abrir con la ayuda de inversores chinos que la película critica.

«¿Cómo una película de casi dos horas que cuenta la historia de estos trabajadores no menciona el papel directo que el copropietario de la productora de la película desempeñó en la creación de sus dificultades? ¿Los cineastas pensaron que nadie lo recordaría?», aclama Turner.

Y no es la primera vez. Ya el cineasta Michael Moore armó su carrera mostrando la destrucción de la zona industrial de EE. UU. y la salud de sus habitantes, pasando por alto el rol de la administración de los alcaldes demócratas, como el caso de la ciudad de Flint, Michigan. En la carrera presidencial Moore ya declaró su respaldo a Bernie Sanders, el precandidato socialista del Partido Demócrata.

Así, la industria del entretenimiento se ha vuelto cómplice no solo de la propaganda política, sino del enaltecimiento de la intromisión estatal como justicia social. Tanto es así que cuando Trump anunció el retiro de las tropas de Siria, Hollywood reacción en contra.

Desde la comodidad de las colinas de Beverly Hills, mandar a jóvenes a morir en Medio Oriente no tiene riesgo personal; tampoco lo tiene pregonar desde mansiones el socialismo, y la pobreza y el hambre que este produce. Ahora incluso un expresidente, Obama, tiene una productora a su servicio para instaurar un relato a su conveniencia.

En palabras de Margaret Thatcher, «El socialismo no procede del pueblo. Es una doctrina de intelectuales que tuvieron la arrogancia de creer que podían planificar mejor la vida de todos». Hollywood así lo demuestra.

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