No bastó con Cuba, ahora Bernie Sanders alaba el comunismo en China

La liberalización del mercado chino sacó a 800 millones de la pobreza pero la revolución industrial socialista mató a 45 millones

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Bernie Sanders
No bastó con Cuba, ahora Bernie Sanders glorifica el comunismo en China (Archivo)

Lleva la delantera como precandidato a la presidencia de EE.UU. por el Partido Demócrata un hombre que quiere instaurar el socialismo en su país de forma «democrática». En la recta final de su campaña, en lugar de distanciarse de figuras autoritarias como Fidel Castro, aplaude su gobierno e incluso al régimen comunista de China.

En un evento de CNN este 24 de febrero, Sanders sostuvo que China es el país que más personas ha sacado de la extrema pobreza. Lo que no dice es que ha sido precisamente gracias a la liberalización de su economía, no debido a las políticas socialistas que Sanders defiende.

Según informa el Servicio Investigativo del Congreso de EEUU:

China sostuvo políticas que mantuvieron la economía muy pobre, estancada, controlada centralmente, ampliamente ineficiente y relativamente aislado de la economía global. Desde su apertura al comercio exterior e inversión e implementación de reformas de libre mercado en 1979, China ha estado entre los países del mundo economías de más rápido crecimiento, con un promedio anual de crecimiento del producto interno bruto (PIB) real del 9,5% hasta 2018, un ritmo descrito por el Banco Mundial como «la expansión sostenida más rápida de una gran economía de la historia». Tal crecimiento ha permitido a China, en promedio, duplicar su PIB cada ocho años y ayudó a sacar a unos 800 millones de personas de la pobreza.

La industrialización socialista mató a 45 millones de chinos, la liberalización del mercado sacó a 800 millones de la pobreza

Mientras que cuando las medidas socialistas se implementaron, 45 millones de persona murieron como resultado de «el gran salto adelante», entre 1958 y 1961 durante la industrialización de China.

Durante la Revolución Agraria, por ejemplo, se ordenó matar a todos los gorriones. Ya que esta ave comía grano, la mataron para que hubiese más alimento. Pero sucedió lo opuesto, al no haber depredadores naturales para controlar la población de insectos, hubo una plaga de langostas que arrasó con la cosecha.

El hambre que produjo mató a un promedio de 8 millones de personas, la plaga de langostas hizo que fuese necesario importar los gorriones que anteriormente exterminó. El régimen comunista los importó de su aliado ideológico: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

De 1958 a 1961 desapareció toda iniciativa privada, desde la agricultura hasta comer en casa; actividad que fue reemplazada por los comedores comunitarios dentro de las comunas populares. Todo aspecto de la vida era en función de la revolución.

Las muertes en masa y el control estatal no se limitan al caso chino. En Camboya, por ejemplo, durante la revolución agraria, el régimen empezó a fusilar a todas las personas que usaban lentes, pues era un símbolo de su intelectualidad y por tanto su presunta renuencia a hacer trabajos en el campo.

Pero Sanders alega que él defiende el socialismo precisamente por su compromiso con la lectura como campaña estatal, que según él llegó a Cuba gracias a Fidel Castro.

Lo que ignora, y si lo sabe elige convenientemente pasar por alto, es que los intelectuales han sido y son perseguidos en regímenes sociales, entre ellos Cuba, cuando estos afrontan al régimen.

Los homosexuales eran perseguidos en las universidades y ámbitos intelectuales

Muchos de ellos perseguidos por su homosexualidad. El escritor Luis Lezama Lima estuvo confinado a su casa. Mientras que Reinaldo Arenas, como sucedía con los homosexuales (y también los fieles católicos y Testigos de Jehová), estuvo en un campo de trabajo forzado llamado UMAP: Unidad Militar de Ayuda a la Producción, donde iban los hombres considerados no aptos para la revolución; los que sí, cumplían servicio militar obligatorio.

«Quien defienda una dictadura totalitaria de izquierda está defendiendo su propia sepultura», declaró Reinaldo Arenas.

Pues él vivió en la Cuba que defiende Bernie Sanders, donde a partir de 1965 coaliciones de estudiantes estaban a cargo de «purgar» las universidades de presencia homosexual.

El aspirante a la presidencia de EE. UU. no cuenta a sus votantes que el régimen que él defiende niega la «educación gratuita» a quienes considera indeseables; tampoco que lo «gratuito» tiene un costo alto: la libertad, pues el precio a pagar es la sumisión.

Y la persecución no se limita al ámbito académico y la literatura, el régimen comunista cubano también censura a los músicos.

Celia Cruz fue el caso más icónico. Fidel Castro prohibió la música de la reina de la salsa en Cuba y le negó el ingreso a la isla a la cantante. Ni siquiera pudo enterrar a sus padres. Lo más cerca que llegó fue a la base de Guantánamo y recogió tierra allí, pidiendo que se cubra su ataúd con ella al morir.

«Señores presidentes por favor, en nombre de mis compatriotas, no ayuden más a Fidel Castro. Para que se vaya y me deje una Cuba libre del comunismo. Muchas gracias, muchas gracias perdonen», dijo Celia Cruz, desde el escenario en la Primera Cumbre de las Américas que se realizó en Miami.

Pese a que la consigna del evento de clausura era “no expresar mensajes políticos”, Celia Cruz pidió disculpas y denunció al régimen que le expatrió.

No vivió para ver que un socialista busque convertir a la tierra en la cual ella se asiló —EEUU— en la pesadilla de la cual 2 millones de sus compatriotas escaparon y a la cual ella nunca pudo volver: la Cuba comunista.

Lo más probable es que le hubiese cantado unos cuantos versos a Sanders y a sus simpatizantes, para que sepan lo que pasa con una nación cuando un partido decide qué se escucha, quién se educa e incluso tiene el poder de mandar a trabajo forzado a las personas por su fe y/o inclinación sexual.

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