Putin busca resucitar la “gloria” comunista de Rusia

"La catástrofe política más grande del siglo", llamó Vladímir Putin a la caída de la Unión Soviética

22 de abril marca 150 años de nacmiento de Lenin, en Rusia se celebra pese a su legado sangriento. (EFE)

En Ucrania está prohibido el Partido Comunista y el Polonia no se puede ondear la bandera de la hoz y el martillo, esto debido a las masacres y hambrunas perpetradas en nombre de dicha ideología. Pero en la Rusia de Vladímir Putín ondean las banderas comunistas en honor al cumpleaños 150 de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Pese a su legado sangriento, el 22 de abril se celebra su natalicio gracias a que Putin busca resucitar al líder bolchevique como héroe.

No es un dato menor que Putin fue miembro de la KGB, la policía política de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y que también se desempeñó como miembro de la policía secreta en Alemania Oriental, la Stasi. De modo que su complicidad con el socialismo lleva décadas y en América se ha evidenciado claramente a través de sus vínculos con Cuba y Venezuela, tanto que Estados Unidos afirmó que «el verdadero sostén del régimen de Nicolás Maduro es Rusia».

Comúnmente la izquierda política, en particular de corriente trotskista (Trotsky, líder del ejército rojo y amante de Frida Kahlo, fue asesinado por orden de Stalin durante una de sus purgas), busca desprenderse de Stalin por su historial sanguinario y elevar en contraposición a Lenin como el auténtico bolchevique. Pero lo cierto es que lo único que hace que el uno haya sido más sanguinario que el otro es la cantidad de años que estuvieron en el poder.

Desde el primer Gobierno socialista, en 1920, Lenin, como líder de los bolcheviques, dio la orden de que los campesinos no tuvieran acceso a la comida por su supuesta complicidad en la guerra contra el Ejército Rojo, fundado y liderado por Trotsky.

Solo de 1921 a 1922 murieron de hambre alrededor de cinco millones de personas y se llegó no solo a practicar canibalismo, sino incluso a comerciar partes de cuerpos humanos. Lenin murió en 1924, por tanto el saldo de muertos no pudo igualar a Stalin que estuvo en el poder 28 años y asesinó, como mínimo, a 20 millones de personas. En proporción a los años que gobernó, Lenin fue mucho más letal.

Putin lleva 20 años en el poder, tiempo en el que ha forjado un “nacionalismo populista fuertemente conservador”, según lo afirmado por La Razón de España, medio que también señala que este nuevo nacionalismo ruso se fundamenta en la interpretación de la historia del país como la manifestación de un impulso colectivo y de un destino manifiesto: la Madre Rusia.

No obstante, amalgama conceptos contradictorios entre sí. Para comenzar, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) de nacionalista no tenía nada. Fue el mismo Lenin quien ordenó al proletariado ruso luchar contra el nacionalismo ruso. Llevó la lucha de clases de Karl Marx y lo trasladó a países a los que dividió entre “naciones oprimidas” y Rusia era la “nación opresora”, bajo el poder de los zares.

Como su nombre indica, la URSS era una unión de repúblicas, pues el socialismo es internacionalista en esencia. Como tal, unió al menos 15 naciones bajo una sola bandera y otras 15 más detrás de lo que se conoció como el telón de acero.

Bajo el gobierno Putin Rusia anexó a Crimea, región que perteneció por décadas a Ucrania. De hecho, fue ahí donde Stalin perpetró una de sus tantas hambrunas como limpieza étnica, matando a siete millones de personas de hambre.

En vista de que se expandió el territorio a tantas naciones, era deber de Moscú asegurar la “redistribución de la riqueza”, como exige el socialismo. Como Ucrania era la zona más productiva de alimentos, era el deber cívico de los agricultores ucranianos entregar su cosecha y sus tierras en favor del Estado. Pero estos se negaron. Fue tan brutal el castigo que fueron condenados a cosechar por la fuerza, sin retribución economía y cada ucraniano que se atrevía a comer lo que cosechaba pagaba su crimen con fusilamiento.

Además, los soldados soviéticos asesinaron a las aves de la región y todo animal de caza para impedirles comer a los ucranianos, lo cual agrandaba el botín, pues cada cuerpo ucraniano entregado al Estado tenía recompensa: se le entregaba a cada soldado el equivalente en cereales del peso del cuerpo del ucraniano muerto.

¿Putin es conservador?

Respecto al supuesto conservadurismo de Putin, Lenin fue el primer líder en el mundo que instauró el aborto legal como política de Estado. Y es la causa provida precisamente uno de los temas más sobresalientes entre el conservadurismo, dado que entre las tradiciones que busca conservar (como su nombre indica) es el respeto a la vida desde la concepción. Por lo tanto, es una contradicción de términos adjudicarle el término de conservador a un líder que no solo glorifica a Lenin, sino que ha sido incapaz de revocar esta política que mata a un tercio de los rusos por nacer.

A pesar de las presiones de la Iglesia ortodoxa rusa, Putin no ha desmontado esta política. Al contrario, solo en el 2018 se reportaron 1,6 millones de nacimientos versus 661 045 abortos.

¿Cristianismo y comunismo son comparables?

Putin incluso se ha atrevido a equiparar a la devoción por los santos al culto que existe en torno a la figura de Lenin, cuyo cadáver está embalsamado. En enero del 2018, Putin dijo respecto a la momia de Lenin que no se diferenciaba «de las reliquias de los santos para los (cristianos) ortodoxos», alegando que el cristianismo y el comunismo tienen valores en común.

Pero lo cierto es que el cristianismo fue perseguido en la Unión Soviética, tanto que hay tres mártires convertidos en santos por haber enfrentado al comunismo. El último es San Gabriel Urgebadze, que fue brutalmente golpeado y dado por muerto, pero logró sobrevivir luego de quemar un retrato de Stalin y Lenin cuando el ejército comunista los colgó desde la Catedral, buscando suplantar a la religión con el culto al Estado.

Objetivo de Marx: destronar a Dios y destruir el capitalismo

Lo dijo el propio Marx: «Mi objetivo en la vida es destronar a Dios y destruir el capitalismo». No es casual que la primera ley de la revolución bolchevique, encabezada por Lenin, haya sido la redistribución de la tierra, donde la Iglesia ortodoxa fue expropiada.

Sin embargo, como Putin incorporó el matrimonio entre hombre y mujer, figura jurídica que impera desde la Antigua Roma, como parte de la Constitución y prohibió la promoción pública de la homosexualidad, sobre todo dirigida a niños, no la preferencia sexual en sí, muchos lo llaman erróneamente conservador. Cabe destacar que es un relativo avance frente a la Unión Soviética donde la homosexualidad (entre varones) era un crimen federal. Pues, tal como en Cuba en los años de la revolución, el deseo individual se consideraba un obstáculo para la labor del soldado.

Lo cierto es que el proyecto de Putin es una fusión de corrientes, que eleva tanto al Zar Nicolás II, que fue brutalmente masacrado junto a la zarina y sus hijos que eran menores de edad, por orden de Lenin y los bolcheviques, hasta el mismísimo Stalin.

La Razón destaca que Lenin (al igual que Karl Marx), el supuesto defensor de los proletarios, no trabajó, sino que fue mantenido, nada menos que por su madre.

Putin muestra tantas contradicciones en su discurso como Lenin, a quien hoy busca celebrar como parte del ideario que reivindica la gloria del pasado.

Muchos han exaltado la labor del presidente Putin frente a la pandemia del coronavirus, pero la realidad es que hoy, en medio del brote, permitió celebrar no solo el nacimiento de un tirano, sino la conglomeración de personas para hacerlo; lo cual pone en duda los supuestos recaudos que ha tomado. Tanto que sindicatos de médicos alegan que el Gobierno ha tapado las cifras con casos de neumonía atípica.

Hoy usa como distracción la celebración de un tirano sanguinario para quitar el foco de un presente incierto con la memoria de un supuesto pasado glorioso, pues para Putin la caída de la Unión Soviética fue «la catástrofe política más grande del siglo».

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