Cómo el sistema autoritario de China empeoró la pandemia

El presidente de China conocía la gravedad del coronavirus el 7 de enero pero no le informó a la OMS

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Un hombre camina por un mercado de Guangdong, China (EFE)

Para encontrar la solución de un problema es primordial rastrear la raíz. En el caso del coronavirus el primer obstáculo es el lugar de origen: China.

La falta de transparencia por parte del régimen de partido único puso en riesgo a su propia población primero, luego al mundo entero. Un país donde el poder está centralizado en manos del Partido Comunista, la censura está a la orden del día. Como solo se publica lo que el gobierno autoriza, quedan silenciadas todas las voces de alerta.

Mientras en algunos países los doctores han sido enaltecidos como héroes, en China fueron tratados como criminales

En lugar de escuchar a los médicos del Hospital General de Wuhan que advirtieron sobre el brote de coronavirus a principios de diciembre del 2019, el Partido Comunista detuvo a ocho de ellos por “difundir rumores”.

Ante la falta de información oficial, los chinos acudían al blog del oftalmólogo Li Wenliang, uno de los ocho detenidos, que llegó a tener 1,5 mil millones de lectores. La censura por parte del régimen, literalmente le costó la vida al Dr Li Wenliang.

La OMS difundió la mentira oficial

Pese a sus advertencias, la Organización Mundial de la Salud, ignoró a los médicos y optó por difundir la mentira oficial. y la pandemia ya se extendió al mundo.

La OMS difundió en redes sociales que las autoridades chinas no han encontrado evidencia clara respecto a la transmisión de persona a persona, el mismo día (14 de enero) que la Comisión Nacional de Salud emitió un documento de 63 páginas sobre los procedimientos de respuesta, pero fue etiquetado como «interno»: «no se difundirá en Internet» y «no se divulgará públicamente».

El memorándum decía que «el riesgo de transmisión y propagación es alto. Todas las localidades deben prepararse y responder a una pandemia».

También el 14 de enero, el jefe de la Comisión Nacional de Salud de China, Ma Xiaowei, dijo que la situación era «grave y compleja» y que «los casos agrupados sugieren que la transmisión de persona a persona es posible».

No obstante, al día siguiente, Li Qun, jefe del centro de emergencias de control de enfermedades de China, dijo ante la televisión estatal que «el riesgo de transmisión sostenida de persona a persona es bajo».

El encubrimiento es una extensión de la censura

La Comisión de Salud de Wuhan advirtió a los hospitales que no dijeran nada públicamente a los médicos que venían advirtiendo la propagación del virus dentro de los hospitales.

China ya tiene un legado de ocultar pandemias, lo hizo con el SARS que lleva 2003 en su nombre pero en realidad brotó en el 2002. Para que no pasara de nuevo, en teoría, China estableció un sistema de notificación de enfermedades infecciosas. Sin embargo, cuando brotó el COVID-19 en Wuhan, el sistema se averió.

De acuerdo a las transcripciones del presidente Xi Jinping, estaba al tanto de la propagación del virus el 7 de enero (según Associated Press). No obstante, no tomó acciones para frenar la pandemia. El año nuevo chino se celebró con total normalidad. El 18 de enero se organizó una gran cena compartida para 40 000 familias. Pese al evento multitudinario, no se reportaron nuevos casos.

Desde un crematorio de Wuhan, Li Zehua, un presentador de noticias de China Central Television (CCTV) que renunció para reportar de forma independiente, informó que entre los muertos había trabajadores migrantes que celebraron el Año Nuevo Chino en medio de 40 000 familias. El periodista reprochó que el régimen permitió las celebraciones en medio de un brote infeccioso.

Catorce días después, el 26 de febrero, Zehua filmó un video en vivo en el que se ve cómo al final dos agentes de seguridad del Estado entran a su vivienda. Desde entonces, no ha vuelto a publicar nada.

En vista de que el periodo de incubación del COVID-19 es de 14 días, se intuye que la propagación del virus se dio hacia Italia. Bajo el sello «Made in Italy» se produce ropa y accesorios de lujo elaboradas por trabajadores textiles chinos (hasta 60 000 por fábrica), que viajaron a su país natal para celebrar el año nuevo. De acuerdo al inmunólogo italiano Sergio, el 80 % de los contagiados son asintomáticos. Por tanto, pudieron haberse vuelto portadores sin saberlo. Como China no alertó sobre la pandemia, siguieron con normalidad  los vuelos directos entre Wuhan y Roma.

De hecho, luego que el presidente Donald Trump anunció el cierre de vuelos desde y hacia Wuhan a finales de enero, la Organización Mundial de la Salud desincentivó la medida, regida todavía por la narrativa oficial del Partido Comunista Chino.

China ocultó los muertos en Wuhan

Recién en marzo la Organización Mundial de la Salud reconoció que el brote del coronavirus se trataba de una pandemia, tras haberse propagado a más de 100 países. Paralelamente, el Departamento Central de Propaganda del Partido Comunista Chino publicó “Una batalla contra la epidemia: el combate de China contra el COVID-19 en 2020″, donde alega haber ganado la «guerra popular» contra el coronavirus. Es decir, mientras en el resto del mundo se esparcía el problema, China aparentaba tener la solución.

La obra fue publicada en seis idiomas (inglés, francés, español, ruso y árabe, además del chino), con el fin de enseñar al resto de países los métodos de control de enfermedades de China. Dado que oficialmente ya no habían más que 3 000 fallecidos por COVID-19 y tampoco surgían nuevos casos de contagio.

No fue hasta el viernes 17 de abril que se reportó un aumento de 50 % de muertos en Wuhan, ciudad donde se originó la pandemia. El régimen aduce que el error se debió a que las personas murieron en sus casas, tras no haber sido ingresadas en hospitales.

«Wuhan niega pruebas de virus para mantener bajas las cifras»

La Radio y Televisión de Hong Kong recopiló testimonios de habitantes de Wuhan donde estos reclamaron que no hay suficientes pruebas disponibles para detectar el coronavirus y afirman que «Wuhan niega pruebas de virus para mantener bajas las cifras».

De acuerdo con el epidemiólogo Ben Cowling, de la Universidad de Hong Kong, «todavía no conocemos el panorama completo de las infecciones leves en Wuhan, porque en las primeras etapas de la epidemia, las pruebas se centraron en casos más graves».
Ya que el 80 % de los contagiados son asintomáticos, según el epidemiólogo italiano Sergio Romagnani, las cifras reales de muertos y contagiados pueden ser superiores.

Funcionarios entregan dinero para silenciar a las familias de los muertos

Según las declaraciones que el residente de Wuhan, Chen Yaohui, dio a RFA (Radio Free Asia), los funcionarios de la ciudad han estado entregando dinero para «asignaciones funerarias» a las familias de los muertos a cambio de su silencio. El monto equivale a 422 dólares, 100 dólares más que el sueldo mínimo mensual en China por jornada completa.

«Ha habido muchos funerales en los últimos días, y las autoridades están entregando 3 000 yuanes en silencio a las familias que obtienen los restos de sus seres queridos para que descansen antes de Qing Ming», dijo en referencia al tradicional festival de las tumbas.

Qing Ming es la fiesta tradicional donde se visita las tumbas de los muertos. Este año se celebró el 5 de abril. En el portal de noticias Caixin, con base en Pekín, se informó que un proveedor entregó 5 000 urnas a la funeraria Hankou en un solo día, casi el doble del número oficial de muertes. También reportó la entrega de otras 42 000 urnas para el tradicional festival de Qing Ming, lo cual activó alertas sobre la verdadera cifra de muertos.

Desinformación

Medinte la prensa oficialista del régimen comunista, como Global Times, se anunció que fue «exitoso» el manejo del gobierno y que incluso logró extinguir el virus. Incluso el jueves 17 de abril publicó un artículo que anunció el ascenso de China debido a la disminución de Occidente.

Por su parte el mandatario francés Emmanuel Macrón planteó dudas sobre cómo China ha enfrentado la crisis en entrevista con el periódico inglés Financial Times.

Dijo que no había comparación entre las sociedades abiertas y aquellas en las que se suprimía la verdad, cuando se le preguntó si el enfoque autoritario de China había expuesto la debilidad de las democracias occidentales.

«Dadas estas diferencias… no seamos tan ingenuos como para decir que (China) ha sido mucho mejor para manejar esto», anunció.

Junto a las potencias de Occidente, reunidas virtualmente en el G7, anunciaron que presionarán a China para obtener respuestas.

Las declaraciones se dieron poco después de un cruce entre Pekín y París, luego que la página oficial de la embajada china publicó un artículo donde decía que los países occidentales habían dejado a los ancianos para morir en hogares de cuidado. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia manifestó su inconformidad con lo dicho y China respondió que fue un malentendido.

Pero no es la primera vez que sucede algo similar. El subdirector general del «Departamento de Información» de China, Lijan Zhao, al igual que Lin Songtian, embajador de China en Sudáfrica, han impartido propaganda contra EE. UU. en redes sociales.

Zhao, por ejemplo, compartió recientemente un artículo que alega que el coronavirus se originó en EE. UU.

Para Washington Post, la cooperación entre EE. UU. y China es fundamental para paliar esta crisis, puesto que el gigante asiático puede abastecer la cadena de suministro mundial de medicamentos y equipos de protección personal, además que es una superpotencia económica.

No obstante, destaca que nadie debería concluir que el modelo autoritario de China es uno a ser emulado. Pues el modelo que se ha caracterizado por engaño, encubrimiento y reescribir la historia es parte del problema, no la solución.

Equiparar nacionalidad con gobierno es un error común, más tratándose de China donde el mismo partido está en el poder desde 1949.

Dado que los chinos fueron las primeras víctimas del COVID-19, referentes de la oposición al régimen sugieren llamarlo VirusPCCH al COVID-19, no “virus chino”. Así queda claro quién es el verdadero responsable, no la ciudadanía, sino el Partido Comunista de China.

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