Desaparecido de dictadura argentina estaba vivo en EEUU: izquierda calla

El físico que figuraba como desaparecido desde 1977, confirmó que está vivo y bien en el exterior.

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La casa de estudios de Gentile celebró la noticia, pero la izquierda guardó silencio. (Twitter)

La herida de los setenta está lejos de cerrarse en Argentina y el modus operandi del Gobierno Militar de desaparecer a los miembros de las guerrillas sigue teniendo consecuencias al día de hoy.

El científico Antonio Gentile, nacido en 1933 en Mar del Plata, desde hace varios años figuraba entre los desaparecidos de la última dictadura militar, que tuvo lugar entre 1976 y 1983. Sus últimos registros estuvieron relacionados con una investigación que realizó su hermana a pedido de sus padres en 1977. A partir de ahí se le “perdió el rastro” y Gentile pasó a ser uno de los nombres en el listado de los detenidos desaparecidos de los que no se supo más nada.

Durante los últimos cuarenta años se han hecho homenajes en su nombre, donde incluso estaba su foto, de los que participaron la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el exjuez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni, alineado político a la expresidente Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, Gentile nunca fue ni detenido, ni desaparecido. Está bien de salud, retirado, junto a su familia en los Estados Unidos. En la actualidad tiene 85 años de edad.

Carlos Balseiro, director del instituto donde Gentile realizó sus estudios, confirmó la noticia, ya que el supuesto desaparecido figuraba en la lista de las víctimas del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, vinculadas a la institución educativa:

“Dada la información recientemente recabada sobre el Dr. Antonio M. Gentile, exalumno de la segunda promoción del Instituto, la dirección se complace en comunicar que Antonio se encuentra bien, tiene 85 años y vive en el exterior con su familia. Esta dirección ha podido comunicarse con él permitiendo así confirmar esta muy buena noticia tanto para sus compañeros de promoción como para toda la comunidad del Instituto Balseiro que durante tantos años lo ha recordado preocupada por su ausencia”.

Hasta el momento lo único que se confirmó es que Gentile decidió informar que está vivo mediante su universidad, que comunicó la noticia. Se desconoce hasta hoy si el científico supo durante todos estos años que era considerado un desaparecido o no. El Ministerio de Derechos Humanos comenzó una investigación al respecto y en los próximos días se esperan novedades.

Alegría del centro de estudios, pero silencio de la izquierda

Una vez más las organizaciones que, en teoría, dicen defender los derechos humanos, muestran una cara cuestionable. Mientras el Instituto Balseiro celebró la noticia del egresado, la izquierda ha guardado un silencio total. Evidentemente muestran un gran énfasis a la hora de difundir las atrocidades cometidas por los militares, pero parece que les resulta irrelevante si una de las víctimas que homenajearon en actos políticos está con vida.

Para los que insisten con la cifra de los 30.000 desaparecidos, como un dogma, estas apariciones se convierten casi en una amenaza para el discurso políticamente correcto. Para ilustrar hasta qué punto la izquierda busca mantener los setenta más cerca de los eslogans que de los hechos, cabe destacar que existen varias propuestas para penar, con multas y cárcel, a los que discutan el discurso oficial. Inclusive en la Provincia de Buenos Aires se aprobó la obligatoriedad de escribir en todos los documentos oficiales la cifra de 30.000 desaparecidos, al lado de toda referencia a la dictadura militar.

Las cifras oficiales, diferentes y simultáneas

A pesar de que la última investigación oficial arrojó un número de 6348, la cifra convive con la de 30.000, que es “obligatoria” en la provincia, por una ley que contó con la totalidad de los votos, menos de uno. El legislador Guillermo Castello se manifestó en contra del proyecto al que consideró como “violatorio de la libertad de expresión” y “fascista”.

El exmontonero Luis Labraña manifestó recientemente en los medios de comunicación que la cifra de los 30.000 fue un “invento” de su autoría. Según el exguerrillero, las organizaciones de derechos humanos que estaban en Europa tratando de conseguir un apoyo político y económico para visibilizar las desapariciones, decidieron imponer esta cifra para llamar la atención, ya que el número real no era suficiente para conseguir el respaldo.

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