Por partido Boca-River ahora Macri es jefe de Gobierno de Buenos Aires

El ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires dijo que las finales serán sin público visitante. El presidente, sin ninguna autoridad formal, lo contradijo inmediatamente.

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Macri y Ocampo. El ministro porteño actuó con autonomía, pero fue desautorizado por el presidente de la Nación. Las finales de la Copa Libertadores de América ya son parte de la discusión política en Argentina. (Fotomontaje PanAm Post)

Como era de esperarse, la final de la Copa Libertadores de América entre el Boca Juniors (cuya presidencia  entre 1995 y 2017 estuvo en manos de Mauricio Macri) y River Plate se convirtió en el suceso más importante de Argentina y en un hecho político. En la jornada de hoy, el presidente Mauricio Macri hizo curiosas declaraciones que, por más que sea presidente, no debió haberlas hecho. Pasó por encima de la independencia y autonomía del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, y desautorizó impunemente al ministro de Seguridad de la Ciudad, Martín Ocampo.

El problema de la violencia y el público visitante

Desde hace unos años que en Argentina los partidos se juegan exclusivamente con la parcialidad local. Es decir, que para ver a sus equipos las personas deben ir al estadio propio y recurrir exclusivamente al televisor en los partidos de visitante. Las autoridades reconocieron que el problema de la violencia en los estadios necesitaba un corte de raíz y decidieron ir en esta dirección “hasta que cambien las condiciones”. Más allá de lo antipático de la medida, gran parte de la opinión pública comprendió que no era posible continuar con las muertes y las batallas campales alrededor de los estadios.

Aunque recientemente algunos partidos, donde estaban dadas las condiciones necesarias de seguridad y control, se realizaron con las dos tribunas, estos partidos son otra historia. Salvo que lo diga el presidente.

“No es factible”

La pregunta de los periodistas era obligada. Claro que la respuesta del ministro era predecible. “No es factible jugar con visitantes porque hay muchas cosas más asociadas al fútbol que todavía no se han modificado”, indicó Ocampo.

“Hay un aire de cambio, pero todavía no estamos en condiciones. Si alguien me dice que no va a haber violencia en la cancha y que nadie va a correr un riesgo al jugar con visitantes, ya mañana lo hacemos. Pero mientras haya un vecino de la Ciudad que pueda tener un riesgo de seguridad en un espectáculo de fútbol, la decisión va a seguir siendo la misma”.

A pesar de la claridad de concepto del funcionario porteño, Argentina volvió a mostrar la falta de seriedad minutos después. El mismo presidente de la Nación salió a confirmar, tras las declaraciones del ministro, que el partido se juega con ambas parcialidades. ¿Con qué autoridad formal Macri puede hacer eso? Con ninguna, claro.

“Va a ser con público visitante”

Evidentemente, Macri tenía otra idea sobre lo que debía hacerse. Dado que el Gobierno municipal es de su mismo signo político, el presidente argentino consideró, impunemente, que podía confirmar a los medios que lo que minutos antes dijo el ministro de Seguridad no tenía ninguna validez.

“Ya hubo una reunión de trabajo, están arreglando con qué pautas, pero va a ser con público visitante, sí. Hablé con el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, esto es algo excepcional y lo vamos a intentar”.

Nula institucionalidad

Luego del desastre que significó el kirchnerismo en Argentina, el país necesita recuperar la institucionalidad. Pero estas manifestaciones, por parte de un Gobierno que debía marcar la diferencia, no ayudan a salir del problema.

Más allá de que sea el presidente de la Nación, y más allá de que la Ciudad de Buenos Aires sea de su mismo signo político, Macri no tiene ninguna autoridad para hacer lo que hizo. A lo sumo, el intendente porteño sería el funcionario que podría contradecir o desautorizar al ministro. Más allá que la noticia sea que los partidos serán con tribuna visitante, es necesario llamar la atención sobre estas cuestiones.

Aunque parezca una cuestión formal, casi frívola, en el fondo es la muestra fehaciente de que el país carece de institucionalidad y sufre de personalismo político.

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