Canto de sirenas conservador: polémico candidato presidencial en Argentina

Un diputado de la provincia de Salta decidió intentar emular el fenómeno Bolsonaro en Argentina y quiere ser presidente.

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El representante de Salta Somos Todos aprovechó el hartazgo de un sector del electorado con el progresismo y se lanzó a presidente. ¿Está capacitado para semejante responsabilidad? (Facebook)

Durante los 12 años que duró el kirchnerismo, en Argentina primó el discurso único. Las proclamas políticas y culturales de lo que se denominó como el “socialismo del siglo XXI” era lo único que bajaba desde el Estado y que se imponía en todos los ámbitos de discusión pública. Cualquier voz disidente era lapidada y ridiculizada por el ejército de comunicadores oficiales y el “relato” primó sin oposición.

Cuando el proyecto político de Cristina Fernández colapsó en diciembre de 2015, no cayó con ella el discurso “políticamente correcto”. A diferencia de la experiencia de Brasil, donde Jair Bolsonaro decidió arremeter política y culturalmente con la experiencia del Partido de los Trabajadores, Mauricio Macri llegó a la presidencia por otro camino.

Según el equipo de marketing político de Cambiemos, en especial del macrismo, la única forma de ser Gobierno era prometiendo desterrar la corrupción, que hartó a los argentinos durante la gestión anterior, sin hacer más declaraciones. De esta manera, Macri ganó la segunda vuelta al candidato peronista Daniel Scioli con la propuesta de hacer lo mismo que el último Gobierno, pero sin “meter la mano en la lata”.

Esto dejó sin representación a un sector del electorado, que si bien volvió a acompañar a Macri en las elecciones de medio término de 2017, ha manifestado su descontento con lo que interpretan como un “kirchnerismo de buenos modales”. Era cuestión de tiempo para que surgiera alguna propuesta electoral que pretenda seducir a un espacio “huérfano” de cualquier representantividad. La pregunta era quién sería el abanderado de la “derecha” tan vapuleada culturalmente durante tantos años.

El dirigente político que levantó el guante es el diputado salteño Alfredo Olmedo. Sin ninguna competencia en el espacio conservador, el legislador sorprendió anunciando una candidatura presidencial, según él para que el partido retome el orden, para revalorizar a la familia y para seguir los preceptos que indica la Biblia.

Olmedo ya se ha manifestado a favor de volver a aplicar el servicio militar obligatorio, de eliminar el matrimonio gay, de instaurar la pena de muerte y de endurecer las penas hasta para los que utilizan el cannabis con fines medicinales. Las posiciones del candidato han sido realmente confusas. El diputado habla de “poner”, “quitar” y pareciera no comprender las diferentes prerrogativas del Ejecutivo y el Legislativo, a pesar de que él mismo es legislador desde hace varios años.

Cuando algo que a él no le gusta es ley, dice que en su Gobierno se va a “cambiar”. Cuando una legislación vigente está en sintonía con sus propuestas, la ley debería ser indiscutida. Detrás de sus propuestas sueltas no hay otra coherencia que la de buscar ocupar una representación que puede monopolizar por falta de cualquier competencia.

El flamante candidato ya ha tenido varios “mano a mano” con periodistas que se han sorprendido ante la invocación a Dios como fuente de superación para la Argentina. “¿Plantea instaurar una teocracia?”, le preguntaron en más de una oportunidad.

La discusión política se ha volcado tanto al colectivismo izquierdista y políticamente correcto que es cierto que algunas declaraciones del legislador suenen como música a los oídos de un electorado harto de la delincuencia y de un Estado absolutamente ineficiente y corrupto. Pero ¿hay que sostener una posición creacionista e invocar a Dios para estar en contra de la ideología de género en Argentina?

Lo cierto es que el vacío de representación del sentido común hizo que muchísimos argentinos no encuentren a nadie que los identifique en la discusión política. Pero esto no debe ser motivo para buscar soluciones mágicas en candidatos autoritarios que pueden tener en el fondo el mismo desprecio por los derechos individuales que ha tenido el kirchnerismo.

Igualmente la “aventura Olmedo” recién comienza y habrá que ver la reacción del electorado. Si el proyecto despega, aunque sea un poco, sin dudas habrá responsabilidad de Mauricio Macri por abandonar a su votante natural, esperando que Este lo tenga que acompañar igualmente en cualquier circunstancia.

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