Dictadura cubana entorpece remesas mientras las casas de damnificados se desmoronan

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Cubanos deben lidiar con el desastre a la par de la burocracia e inoperancia. (Flickr)
Cubanos deben lidiar con el desastre a la par de la burocracia e inoperancia. (Flickr)

Como bien saben, el anterior fin de semana el Caribe fue azotado por el huracán Irma. La infraestructura en Cuba no permite que podamos enfrentar el desastre. Primero por el deterioro de las viviendas y segundo porque toda ayuda que nos envían debe pasar por las manos del régimen. Western Union no es la excepción.

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El sábado anterior, 9 de septiembre, a partir de mediodía se cayó el sistema. El día domingo tampoco funcionaba, pues se cerraron todos los negocios comerciales por el estado de alerta. El día lunes me acerqué a la sede de Miramar y resulta que el programa no funcionaba por una falla informática. No fue posible resolver el problema el mismo lunes, ya que el operador informático vive en la zona de El Vedado que quedó aislada luego del desastre natural.

Día tras día seguían cerradas las oficinas de envío.
Día tras día seguían cerradas las oficinas de envío.

Me pregunto, ¿no había otro informático en la isla? Había y hay familias a la expectativa de recibir los fondos necesarios para reparar sus casas, de por sí ya desmoronadas por la desinversión generalizada que padece la isla tras bastidores, lo que no queda visible para los turistas.

Pero las complicaciones no empiezan en la isla. El control del régimen trasciende fronteras. Para enviar fondos desde el extranjero hacia Cuba es necesario afirmar que dichos fondos no serán enviados para financiar el «escape de la isla». Así entenderán por qué se llama a esta bendita isla, azotada por un ciclón que ha durado más de medio siglo llamado socialismo, «el Alcatraz del Caribe».

Si bien la empresa Western Union permite la mayor fuente de ingresos para los cubanos que es el envío de remesas de quienes huyeron a quienes se quedaron—, también permite la opción de donar a los damnificados en caso de desastres naturales, pero quien decida hacerlo debe acatar las medidas del régimen, como ese breve interrogatorio.

Adicionalmente, en EE. UU. se agrega la pregunta si esos fondos colaborarán con el Partido Comunista. Como tal, la empresa se adecua a las normas de cada lugar y colabora para la cooperación entre individuos, mas no hacia los gobiernos.

Así lucen cada mañana las sedes cerradas.
Así lucen cada mañana las sedes cerradas.

Sin embargo, en una dictadura el partido manda y en el caso cubano la cúpula. Recordemos que el socialismo, tanto en la teoría como en la práctica, promueve el monopolio estatal. Lo mismo aplica a la caridad. Así que no es sorpresa que dificulte cada vez más el acceso hacia esos fondos que tanto necesitamos los cubanos.

Hasta el viernes pasado, en toda La Habana, solo dos sedes de Western Union estaban disponibles: en la tienda Época en la tienda de Carlos Tercero. Si fue así en la ciudad principal, imagínense en el interior de la isla… donde los destrozos fueron peores y el acceso es más difícil.

 

Ahora imaginen cómo sería en sus propios países que solo puedan recibir en dos agencias luego de casi una semana de espera, que solo hay un informático, que el Gobierno tenga los fondos y no los suelte, que no haya a quién reclamar, que nadie dé respuestas. Eso en un mercado más libre, donde el cliente exige la calidad de un servicio a cambio de bienes, pienso que no sucedería. Pienso, porque no conozco otra realidad que esta. Aquí, como la «distribución de la riqueza» del socialismo exige, esperamos una ración a cambio del silencio y la sumisión. Al menos eso pasa entre las masas.

Sin embargo, insistí. Fui a la Western Union de calle 100 y 51, pues en ese lugar no demoró mucho la interrupción del fluido eléctrico. Pasé la noche ahí, en la vereda. Cuando amaneció, ya había algunas personas. A las diez de la mañana salió una trabajadora para informar que no estaban trabajando, que solo en las tiendas que mencioné estaban trabajando. Ya se imaginarán la reacción del público presente. Llevábamos una semana esperando fondos y aún no era posible recibirlos.

Varios dormían en las tiendas esperando que abran.
Algunos madrugaban, otros dormían en las tiendas.

Me fui inmediatamente para el Western Union de Carlos Tercero, había por lo menos unas 600 personas. Claro está, no me daba tiempo cobrar ese día tampoco, pero como los seres humanos son creativos y la escasez es fuente de creatividad, allí había personas cobrando 10 CUC (USD $0,37) para pasarte delante de la cola, es decir, los llamados «coleros».

Decenas de personas esperando.
Decenas de personas esperando.

El pueblo se preguntaba cómo era posible que el Estado cubano haya recibido el dinero y ahora no haya capacidad suficiente como para pagarlo, apenas dos lugares en La Habana. Pero así es el socialismo, los medios de producción a cargo del Estado. Así que, incluso para recibir los fondos que envían las propias familias, es necesario que el mandamás primero autorice los fondos y luego facilite su acceso, todo eso en medio de un sistema electrónico precario.

En el video adjunto podrán ver y escuchar mi testimonio desde el lugar de los hechos el día viernes, donde finalmente, luego de amanecer en la oficina, una empleada se dignó en dar aviso a la gente. Sin embargo, las noticias no fueron buenas. Aún había que esperar. Pero al menos ya había fluido eléctrico en dos sucursales. Así que lentamente se acerca la hora para recibir lo que nos enviaron. El sábado ya pudieron retirar varios. Eso en La Habana, en el resto del país sobre todo en el oriente sigue siendo una hazaña.  Sobre ellos traeré noticias en breve.

Hasta la próxima.

Mamela Fiallo Flor contribuyó en la construcción de este reportaje.

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