Paola Holguín: “Querámoslo o no hay nexos entre el atentado en Bogotá y Venezuela”

La senadora colombiana habló con el PanAm Post y dijo que "es muy importante que toda la comunidad internacional entienda la responsabilidad que tienen Cuba y la narcodictadura en Venezuela del fortalecimiento de estructuras de terrorismo".

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Paola Holguín dijo que la caída de la dictadura de Nicolás Maduro está cerca. Además, que el atentado en Bogotá está relacionado con el chavismo y el castrismo. (PanAm)

Es una de las colombianas más internacionales —y también de las más conocidas en su país—. Sobre ella las opiniones se polarizan. Muchos valoran su coraje y otros no le perdonan que sea tan implacable y franca. También que cuente con tanto ímpetu. Y en los últimos días me lo dijeron mucho: “Paola Holguín será la próxima presidente de Colombia”. Y estas ocho palabras aterran a demasiados.

Del partido del expresidente Álvaro Uribe —el gran caudillo de la política colombiana—, Holguín se ha convertido en una de las principales voces fuertes de su país. Inflexible y severa, quizá lo que necesita Colombia. Amiga cercana del expresidente. Hoy se sienta a su mano derecha en el Senado.

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Holguín tiene mucho peso en la administración que gobierna Colombia. Porque no solo se ha hecho espacio en la política colombiana, esa contienda encarnizada de intereses, gracias a su astucia. Además, cuenta con gran prestigio por su experiencia y bagaje académico.

Paola Holguín es periodista y política. Hoy es senadora y fue la segunda más votada de su partido —después de Álvaro Uribe—. Fue asesora de la Presidencia de la República entre el 2003 a 2008 y 2009 a 2010. En el interín, fue encargada de asuntos políticos en la Embajada de Colombia en México. Luego, de 2011 a 2012, asesoró al presidente de México, Felipe Calderón.

Destaca su manejo de temas relacionados con seguridad y defensa. Cuenta con maestría en seguridad y defensa y de terrorismo y contrainsurgencia por el Centro de Estudios Hemisféricos de Seguridad y Defensa en Washington. Y, precisamente, por esto último, y por su influencia, conocimiento e importancia en la administración de Iván Duque, el PanAm Post la entrevistó para conocer su percepción sobre el momento político que atraviesa Venezuela —y que, de alguna manera, comparte Colombia—.

Aunque polémica, en Medellín es muy querida. Fue donde se hizo la entrevista y, durante el breve tiempo que duró, fueron muchas las interrupciones de admiradores que la sorprendían en un café de un reconocido centro comercial de la ciudad.

Paola Holguín habló con el PanAm Post sobre el reciente atentado que ejecutó el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Bogotá, el estrellato del presidente de la Asamblea venezolana, Juan Guaidó —a quien reconoció como presidente interino el pasado 10 de enero—, y la posibilidad de que se dé una intervención militar en Venezuela. “Estoy casi segura de que este año yo voy por fin a besar suelo venezolano libre”, dijo a este medio.

¿Ve improbable que el atentado en Bogotá, ejecutado por el ELN, esté relacionado con el régimen de Nicolás Maduro?

Hay una cosa clara: el narcorégimen de Maduro ha sido albergue para el ELN y las FARC. En tema de armas, de entrenamiento, albergue y protección. Entonces, querámoslo o no, hay nexos entre el atentado y Venezuela. Por la complicidad que el narcorégimen de Maduro ha tenido con esa organización terrorista.

Y el discurso reciente del presidente Duque, en el que denunció directamente a Cuba por estar detrás del ELN. Eso, de alguna forma, deja por sentado que ya se entiende quiénes son los verdaderos responsables.

Hay una cosa clara también: el ELN ya reconoció, a través de un comunicado, la autoría intelectual y material del atentado. Aunque ya esto se había dado a conocer por parte del Gobierno gracias a las rápidas investigaciones de Fiscalía, policías y entes de seguridad del país.

Pero, adicionalmente, hay algo más que está claro: el Gobierno colombiano levantó la suspensión de órdenes de captura contra los miembros del ELN y los negociadores que se encuentran en Cuba. El que comete un acto de terrorismo es terrorista. Es clara la resolución de ONU y OEA sobre que no se puede brindar albergue a terroristas.

Por lo tanto, Cuba está obligada a entregar a los negociadores del ELN a Colombia. Probablemente no lo haga, porque Cuba también ha sido cómplice y ha sido foco en la creación de toda esa organización terrorista. Además, Cuba ha sido muy cercana a las FARC. Ha sido casi una matriz desde la que se desprendieron estas guerrillas. La complicidad nunca ha parado.

Hoy lo que tiene claro la OEA y la comunidad internacional es que, estando prohibido dar albergue a terroristas, Cuba estaría cometiendo una falta si no los entrega.

De alguna forma, al identificar al régimen cubano como el que ampara al ELN, están metiendo en el mismo saco, o atribuyen también la responsabilidad, al régimen de Maduro. Por el hecho de que Cuba subsiste gracias a Venezuela, ¿no?

La madre ideológica de todas estas dictaduras de izquierda es Cuba. De estas guerrillas criminales, es Cuba. Les ha dado albergue, los ha alimentado. Igual que el narcorégimen. Ahí no hay nada que discutir. Es que la evidencia está dada. Y es muy importante que toda la comunidad internacional entienda la responsabilidad que tienen Cuba y la narcodictadura en Venezuela del fortalecimiento de estas estructuras de terrorismo.

¿Y sí cree que el Gobierno de Duque entiende plenamente esta relación que existe entre todos estos factores?

La entiende plenamente y por eso Duque no ha titubeado. Le hizo la exigencia a Cuba. Estamos esperando que la comunidad internacional nos ayude y presione para que Cuba devuelva a los del ELN. Y si no lo hace, esperemos que se den las sanciones correspondientes porque hay una prohibición expresa, en la ONU y en la OEA, de albergar organizaciones terroristas.

¿Y entiende el Gobierno Duque la responsabilidad que tiene Venezuela en algunos problemas internos de Colombia, como la presencia de estos grupos armados, el narcotráfico, el auge de Petro y la migración masiva?

Hay varias cosas importantes. La primera es que Duque, desde antes de ser presidente, ha denunciado internacionalmente a la narcodictadura. Él mismo, con apoyo de varios parlamentarios colombianos, fue a denunciar al Gobierno venezolano ante la Corte Penal Internacional (CPI).

Dos: fue muy claro con su postura ante Cuba luego del atentado del ELN. Les dice que no existe ningún protocolo frente al terrorismo distinto a que ellos no pueden albergar organizaciones terroristas.

Yo creo que hoy, no solo el Gobierno tiene la suficiente claridad, sino la suficiente determinación para denunciar internacionalmente, presionar diplomáticamente y hacer lo que tenemos que hacer.

Mire, lamentablemente males como ese socialismo del siglo XXI crecieron por la complicidad de muchos que nos llamamos demócratas. Yo creo que ahora la comunidad internacional tiene claro, y en América Latina muchos Gobiernos —entre ellos el de Duque—, que frente a estas estructuras lo único que hay que hacer es denunciarlas y buscar derrocarlas.

La migración venezolana ha significado un problema inmensísimo para Colombia. Tanto así que en la contienda presidencial jugó un papel fundamental para inclinar la balanza a favor de Duque y en contra de Petro. ¿Cómo se puede solucionar —porque hemos visto todas estas medidas paliativas, respaldadas por la ONU—…?

Hay varias cosas. La primera: no hablemos de crisis migratoria. ¡Es una crisis de refugiados! Porque el venezolano que llega a Colombia no es un migrante, es un refugiado. Es una persona que tiene que huir de su país porque allá no tiene garantías para sobrevivir. No tiene alimentos, no tiene medicina y no tiene seguridad. Es perseguido, además, por un narcorégimen que lo encarcela y lo asesina por pensar diferente. Entonces, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. La crisis no es migratoria, es de refugiados. Porque el venezolano no se viene porque esté buscando posibilidades de una mejor vida. Se viene porque en Venezuela no tiene vida.

Dos: la única solución para la crisis migratoria es la caída del narcorégimen. Lo demás no deja de ser una simple atención humanitaria frente a unos hermanos venezolanos, que es, además, nuestra obligación histórica y moral. Y Colombia lo tiene clarísimo.

Nosotros estamos, con los pocos recursos que tenemos, tratando de atender a los venezolanos que llegan a nuestro país, porque tenemos una historia en común. Porque Venezuela recibió a muchos colombianos. Miles, ¡millones!, cuando nosotros tuvimos dificultades y ellos tuvieron bonanza. Además, porque el Gobierno cómplice de Santos también es responsable de que la narcodictadura haya llegado hasta donde llegó. Porque nunca tuvo el coraje ni la firmeza para denunciarlos porque sabía que oponerse al narcorégimen era poner en riesgo su farsa de la paz por el estrecho vínculo entre las FARC y Maduro —o Chávez, en su momento—.

Entendiendo que la continuidad del régimen de Maduro significa un problema interno en Colombia, un problema doméstico. Y no solo para Colombia, sino para Brasil, Pe…

¡Para la región!

¡Claro! Pero entendiendo que significa un problema para Colombia, que es un problema de los colombianos, ¿no debería colaborar el Gobierno Duque con la caída de Maduro?

¡Y lo está haciendo! Yo creo que el Gobierno que más ha ayudado a denunciar internacionalmente, y que está empezando a establecer un cerco diplomático, es el de Duque. No podemos olvidar el liderazgo que tiene este Gobierno en el Grupo de Lima. No se puede olvidar que fuimos los primeros —incluso antes de que él fuera presidente— en denunciar al narcorégimen ante la CPI.

Yo creo que Iván Duque no ha escatimado esfuerzos. Y tenemos unos proyectos de ley en curso, donde lo que estamos buscando es cerrarles las puertas a los miembros del narcorégimen —y sus allegados— y a evitar que laven sus activos en nuestro país.

¿Y se entiende —porque quiero insistir en esto, porque ha sido una idea que ha costado para que se empiece a compartir— que lo se debe buscar, ahora, es la caída, no? Ya no se trata de que el régimen permita elecciones libres, o ceda o arregle la economía. Se trata de derrocarlo, ¿no?

Mira, las únicas elecciones posibles son cuando él no esté. Cuando él deje de controlar el tribunal electoral. Ya. Ya. Y, además, es que ya la salida tiene que darse por una cosa muy simple: en mayo de 2018 se hicieron unas elecciones ilegítimas e ilegales, que más de cincuenta países no reconocimos. Al no reconocer ese proceso electoral, y no reconocer su resultado, a partir del 10 de enero en Venezuela hay un vacío de poder. Y un vacío de poder que se tiene que llenar con una cosa muy simple: la juramentación del presidente de la Asamblea, como presidente interino, hasta que se llamen a unas nuevas elecciones libres, democráticas y transparentes.

Eso no debería estar en discusión. Es más claro que el agua.

Eso es algo que quiero tocar con usted, porque es un tema esencial —y es además un tema que está creando un debate importante en Venezuela y que, como usted, dice, no se debería dar; precisamente porque está clarísimo—. Pero antes de ir a eso, quiero insistir con el tema del papel que debería jugar Colombia en la caída de la dictadura de Maduro. ¿Qué opina de la intervención militar?

Nosotros hemos dicho: a nosotros nos toca hacer lo que estamos haciendo. Que es todo el tema diplomático con los otros países, las organizaciones internacionales. Yo confío en que con toda esta presión, entendiendo que hoy lo que hay es una usurpación de poder, un vacío de poder —porque ese señor no es presidente—, el pueblo y las Fuerzas Armadas venezolanas entenderán y el 23 de enero se dará la salida de la narcodictadura. Ese es un tema que está hoy, más que en manos de la comunidad internacional, en manos de los venezolanos.

Nosotros ya hemos ido haciendo nuestra parte. El llamado que le hacemos los demócratas del mundo a las Fuerzas Armadas Venezolanas es que es un punto de quiebre. Donde la Asamblea les está dando garantías de amnistía o indulto: si se ponen del lado correcto de la historia. Las Fuerzas Armadas de los países no juran defender un Gobierno, juran defender un pueblo. Una Constitución. Ya es hora de que las Fuerzas Armadas hagan lo que tienen que hacer.

¿No es un poco ingenuo pensar que los países se deben limitar a la ofensiva diplomática y deben dejar el resto en manos de una Fuerza Armada —que, primero, ya ha habido intentos de golpe de Estado y no han trascendido; y, segundo, la sociedad ya ha salido y la han matado—? ¿No estamos dejando demasiadas expectativas sobre…?

¡No! No estamos dejando demasiada expectativa. Es que hoy la realidad es otra. Es que, querámoslo o no, antes la comunidad internacional reconocía como presidente a Maduro. Con todas sus estupideces, sus abusos de poder y con todas las violaciones a los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Hasta el 10 de enero él tenía un poder que la comunidad internacional asumía que era democrático. Pero hoy no. Hoy hay una usurpación. Porque hoy él no es presidente.

Y ni la situación del pueblo, ni la situación de las Fuerzas Armadas, ni la situación y las posturas de la comunidad internacional frente al narcorégimen es la misma. Y créame una cosa: yo siempre he creído que la suerte es de los que tienen coraje. Y llegó la hora de que Venezuela demuestre si tiene o no tiene coraje. Uno resuelve si es su casa. O espera que el problema se lo resuelva el vecino —o lo resuelve uno, como toca—.

¿Y qué pasa si no podemos? ¿Si no se da una muestra necesaria de coraje?

Usted es venezolano y debería confiar más en su sangre y en su pueblo. Yo no soy venezolana y sí estoy confiando en la sangre y en el pueblo venezolano.

¿Sí cree que no será necesario llegar hasta el punto en el que la comunidad internacional intervenga militarmente?

Estoy segura de que el propio pueblo y las Fuerzas Armadas van a lograrlo el 23 de enero.

Yo llevo 17 años luchando con muchos venezolanos. Nunca he pisado un centímetro de suelo venezolano. No tengo un solo familiar. Pero yo sé de lo que están hechos. Yo sé que van a salir. Y yo sé que lo van a tumbar. Y yo confío en el pueblo. Yo confío en la racionalidad de unas Fuerzas Militares que, por desgaste, cobardía o lo que les queda de honor, van a hacer lo que tienen que hacer.

Yo coincido y ojalá. Ojalá. Pero ya estaríamos hablando de que la responsabilidad recae sobre el mundo castrense. Los militares…

¡Y el pueblo! El pueblo. El pueblo. El pueblo en la calle. A usted no se le puede olvidar porque usted ha leído la historia, que el pueblo en la calle ha tumbado presidentes en Venezuela. Y hoy ni siquiera tienen que tumbar a un presidente. Tienen que tumbar a un criminal que está usurpando el poder.

Y, si los militares están dispuestos a ponerse del lado correcto de la historia, como usted ha dicho, pero necesitan el respaldo de alguna otra nación, ¿cree que el Gobierno colombiano debería apoyarlos?

Yo creo que ellos tienen que entender que el respaldo ya está manifiesto. Y se los hemos dado desde el Grupo de Lima y se los dimos con el comunicado que sacamos. Y además no solo los firmantes del Grupo de Lima… ¡En todas las decisiones que se tomaron en esa reunión participó el Gobierno americano! Lo hizo vía telefónica.

Entonces, a los militares, a los policías, a la fuerza pública venezolana, hay que contarles, si no lo han leído, que la comunidad internacional ya dijo que respaldaba a la Asamblea Nacional como el único órgano democrático. Y que estamos llamando a la fuerza pública para que esté del lado correcto.

(PanAm Post)

No sé si usted llegó a leer un artículo que sacó el New York Times a finales del año pasado. En él se reveló que militares venezolanos se habían acercado al Gobierno de Trump para tramar un alzamiento, y le estaban pidiendo respaldo a Estados Unidos en términos de logística y financiamiento… Si hoy unos militares se llegasen a acercar al Gobierno de Duque, ¿usted aconsejaría apoyarlos, darles la plata?

Yo creo que nosotros hemos sido muy claro en el respaldo al pueblo, en el llamado a las Fuerzas Armadas… Yo llego hasta ahí. Porque las decisiones sobre los temas militares son competencia exclusiva del Ejecutivo. Cualquier intervención mía en esos temas no tiene ninguna legitimidad. Porque en eso la Constitución colombiana es sumamente clara.

Pero usted es experta en seguridad… Usted podría dar algún consejito.

Yo soy experta en seguridad pero soy senadora. Y yo para dar las declaraciones no me quito la investidura.

Está bien, está bien. Pero, a ver, ¿usted no podría decirme, revelar si militares venezolanos se han acercado al Gobierno de Duque?

No puedo ni quiero. Estamos hablando de temas de seguridad nacional y de la región.

Ok. Creo que quedó claro. Ahora, cambiando el tema y volviendo a lo que usted mencionó, que es lo clave: Juan Guaidó. Usted lo ha dicho claramente: no hay vacíos ni se pueden dar diferentes interpretaciones. La Constitución es muy clara.

¡Él es presidente de la Asamblea Nacional desde el 5 de enero que asumió la nueva mesa directiva! La propia Constitución venezolana establece que ante el vacío de poder el presidente de la Asamblea asume de manera interina… ¡¿Dónde está la discusión?! ¿Qué es lo que no han entendido? ¡La comunidad internacional lo entendió! Aquí no hay nada que discutir.

Pero ¿por qué no ha habido claridad por parte de Juan Guaidó, por ejemplo?

Él tiene toda la claridad y él está esperando. Se hicieron los cabildos para ir sensibilizando al pueblo y el 23 esperemos que pueda asumir como presidente interino. Él está claro. Todos estamos claros. Aquí no hay nada en discusión.

¿Es urgente, es necesario, que se juramente? ¿Qué formalice el acto?

Es importante porque lamentablemente la política también es un tema de símbolos. Hay que ser y parecer. Yo lo llamo presidente desde el 10 de enero. Él asumió la presidencia de la Asamblea el cinco, el diez empezó el vacío de poder; y desde ese día, para mí, es el presidente interino. Pero hay países que son muy amigos de guardar las formas. Incluso a veces el propio pueblo venezolano. Entonces, si quieren guardar las formas, es importante que se juramente. Pero para mí, desde el 10 de enero, él es presidente de Venezuela.

Además ¿no cree que sería un mensaje muy poderoso para las Fuerzas Armadas? Yo pienso que hay que imponerles un dilema. De eso se trata. Guaidó ha manejado mucho el discurso de recibir primero el apoyo de la gente, incluso de los militares, para luego asumir. Yo pienso que él debe, en cambio, imponer el dilema. ¿Y ese dilema no lo impone, precisamente, asumiendo los símbolos?

Es que él ya les puso el dilema. Y la prueba es el discurso del día que tomó posesión de la Asamblea. Y escuche lo que ha dicho en cada uno de los cabildos. Él está claro que es el presidente interino. Él le ha dicho a las Fuerzas Militares y de policías. Y se lo repitió hoy a raíz del levantamiento: que él es el presidente de la Asamblea, es el presidente legítimo, y él les puede dar garantías de amnistía y de indulto si ellos se ponen del lado correcto de la historia. Créame que el dilema puede que lo tengan otros. Pero no lo tiene Juan, no lo tiene el Grupo de Lima y no lo tiene Estados Unidos.

Ojalá. Ojalá. Yo soy más escéptico. Al margen de eso, ¿qué le aconsejaría usted a Guaidó?

El único consejo es que siga haciendo lo que está haciendo. Que nos vamos a ver todos el 23 de enero en la calle. Y ese día empieza el fin. Punto.

¿Y si la Asamblea, por las diferentes facciones que hay, algunas vinculadas al régimen, logran sabotear el eventual ascenso a la presidencia de Guaidó?

No creo que lleguen a ese nivel de estupidez. Primero, porque la mesa directiva es la que es. Ya es electa y ya se posicionó. Y el que asume el poder es el presidente de la mesa. Dos, porque jamás la comunidad internacional, y el pueblo venezolano, perdonaría a unos políticos que el día y la hora que tuvieron la oportunidad de salir de la narcodictadura, no lo hagan.

Créame que, a pesar de la debilidad de muchos de los políticos venezolanos, no creo que la estupidez les llegue a tanto.

¿Qué debería hacer Guaidó una vez se juramente y asuma la Presidencia?

Yo creo que es muy importante lo que él viene haciendo: un llamado a la comunidad internacional para hacer toda esta transición. Para sanear las instituciones que han sido permeadas por la narcodictadura. Debería sacar a todos los presos políticos, amnistiar a las fuerzas militares y de policía que apoyaron este cambio… Llamar a elecciones libres y transparentes; y continuar con la ruta que desde hace meses se viene marcando para poder consolidar el cambio. Y consolidar es empezar a garantizar que los venezolanos tengan medicinas, comida y puedan empezar a retornar a su país.

¿Ve posible que lo detengan?

Eso puede ocurrir. Ahora, ¿ustedes lo van a dejar detener? Eso no me lo preguntes a mí. Pregúnteselo a las Fuerzas Militares y a los venezolanos. ¿Van a dejar detener a su presidente legítimo?

Pero ¿qué se podría hacer en el escenario en el que detienen a Guaidó, el régimen —amparado por el sistema de inteligencia cubana, que es muy eficiente— logra neutralizar cualquier tipo de conspiración o alzamiento. Tendríamos un presidente detenido y militares que no se pueden rebelar.

Uno puede especular mil veces… Los militares ya se empezaron a levantar… Y vuelvo y le pregunto: ¿van a dejar detener a su presidente?

Eso no me lo puede preguntar a mí. Yo vivo en Medellín, Colombia, y soy senadora de Colombia. Usted es venezolano. Yo se lo pregunto a usted: ¿van a dejar detener a su presidente?

El 18 de febrero de 2014 los venezolanos dejaron que el régimen detuviera a Leopoldo López y dejaron que Leopoldo López…

El que lo mandó a encarcelar era presidente electo. Insisto. Era un dictador, pero era un presidente electo reconocido como tal por la comunidad internacional. Hoy su presidente no es Maduro. Él es un usurpador. Hoy su presidente es Juan. ¿Va a dejar encarcelar a Juan?

Esperemos que no. ¿Qué postura podría asumir Colombia si, una vez asumida la presidencia, Guaidó pide el respaldo?

¡Lo tiene y se lo hemos dicho hasta el cansancio!

¿Pero si pide el respaldo militar?

Esos son otros escenarios y ese tema le compete al presidente de la República… Le repito: soy senadora, no presidente.

En paralelo al proceso de Guaidó, se está llevando otro, que es el de la CPI. Son dos procesos y parece que uno va mucho más acelerado que el otro. Al final los tiempos de la diplomacia —y los de la CPI, en particular— no parecen nunca corresponder con los tiempos de las gentes. ¿Usted deposita algún tipo de esperanza en la CPI?

Todo, porque yo creo que esta es una gran oportunidad para la Corte. Hoy a la Corte le falta prestigio y legitimidad y lo puede ganar haciendo lo correcto. Hoy en la CPI hay varios procesos y varias denuncias contra Maduro. Nosotros lo que estamos pidiéndole a la Fiscalía es que amplíe el tiempo de investigación sobre los delitos atroces y de lesa humanidad que ya están documentados, caso a caso, en la CPI.

Teníamos un problema, y es que antes ningún magistrado de la Corte hablaba español. Ahora si. Hay una peruana en la CPI y yo creo que es un momento de punto de quiebre.

Además, dentro de la comunidad internacional ya estamos organizando unos foros para discutir estos temas. Yo tuve la oportunidad de estar con magistrados, con personas de la CPI, el año pasado, y esperamos estar en próximos meses en Argentina, haciendo el debate también.

Especulando un poco, también haciendo de videntes, ¿cómo ve el fin de Maduro? ¿En La Haya o bajo tierra?

Mire, yo creo que hay unos procesos en la CPI que son muy importantes. Yo lo que creo es que frente a Maduro lo único que uno puede exigir es justicia… ¡Cualquiera! La humana o la divina… Pero justicia.

Si se llega a dar un proceso que termine con Maduro exiliado en algún país del mundo, que esté dispuesto a recibirlo —y que cada vez son menos—, ¿en ese escenario, en un tiempo, la CPI puede interrumpir esa impunidad dada?

En cualquier momento, porque recuerde que los delitos atroces y de lesa humanidad no prescriben.

¿Incluso si un Estado está dispuesto a albergarlo, darle asilo?

No importa. Los delitos atroces y de lesa humanidad no prescriben. Y recuerde que en todos los países los gobiernos cambian. Y los amigos no son eternos para los criminales.

¿Ve pronta la caída del régimen de Maduro?

 Muy pronta. Estoy casi segura de que este año yo voy por fin a besar suelo venezolano libre. Ese es mi sueño.

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