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Condena a Leopoldo López resume en un día 16 años de “revolución”

Por: Pedro García Otero - Sep 11, 2015, 12:20 pm
Con palos, manoplas y armas, las turbas del chavismo agredieron a los opositores que esperaban sentencia contra Leopoldo López. (Notihoy)
Con palos, manoplas y armas, las turbas del chavismo agredieron a los opositores que esperaban sentencia contra Leopoldo López. (Notihoy)

EnglishPara cualquiera que no sea venezolano, o que no haya vivido en Venezuela a lo largo de estos 16 años de la autodenominada “revolución Bolivariana” (para mayor deshonra de Simón Bolívar, Libertador de media Suramérica) los hechos ocurridos ayer en Caracas, capital del país, pueden resultar sorprendentes.

Para quienes venimos padeciendo esto desde 1999, son, en cambio, y más bien, emblemáticos. Este 10 de septiembre de 2015 pasará a la historia como un “agujero negro” político, como la concentración de todo lo que han sido los Gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en un solo día.

En la mañana, grupos chavistas, activados a la orden de Jacqueline Faría, se congregaron en los alrededores del Palacio de Justicia, donde arremetieron contra los seguidores de Leopoldo López, que esperaban la sentencia contra el dirigente político.

Faría, quien ha sido presidenta de la hidrológica estatal, ministra del Ambiente, jefa del Gobierno del Distrito Capital y ahora candidata a diputada (en todos los cargos ha dejado sospechas de corrupción, especialmente cuando lideró el llamado “proyecto Guaire”, limpieza del río de la capital, en el que se gastaron US$14 mil millones sin ningún resultado) tuvo lo que Freud llamaría un “acto fallido”, cuando confundió “Justicia” con “Justucia” (uno podría juntar, fácilmente, en un juego de palabras, “Justicia” y “sucia”, o “astucia”) al convocar a los seguidores del chavismo para la agresión. Ejemplo de “neolengua“: El llamado incluía la palabra “paz”.

Mientras era golpeado por un grupo de oficialistas, Horacio Blanco, de 66 años, murió de un infarto. Esto ocurrió ante la indiferencia de la Guardia Nacional y la Policía Nacional, que se retiraron del sitio justo cuando iniciaban su ataque estos grupos, que, se sabe, cobran sueldos del Gobierno del Distrito Capital y de la Alcaldía de Libertador, donde se llevaba a cabo la audiencia contra López. A López, por cierto, se le juzgaba por promover disturbios. Los tuits de Faría están disponibles y lo estarán en el futuro. Que la impunidad no será para siempre.

Paralelamente, desde el Gobierno, se impulsaba, como se ha impulsado desde hace meses, una gigantesca campaña de linchamiento moral: Desde un programa de Telesur en el que se refieren a López como “corrupto” (no está siendo juzgado por corrupción) y “agente de la CIA” (tampoco está siendo juzgado por espionaje ni traición a la Patria) hasta una etiqueta de Twitter que replicaban todas las cuentas del Estado, #LeopoldoTerroristaYAsesino. Esto, a pesar de que a López no lo estaban tampoco juzgando por asesinato ni terrorismo.

Mientras esto ocurría, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, participaba con su esposa, Cilia Flores, en un acto litúrgico en homenaje a la Virgen del Valle, cuyo día se había celebrado el miércoles.

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En la tarde, el Tribunal Supremo de Justicia (que lleva un récord perfecto: Ha fallado 45 mil veces seguidas contra todo el que ha demandado al Estado, es decir, al Gobierno) decidió que la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ordenó restituir los equipos confiscados a la televisora RCTV era “inejecutable”. Ya había decidido algo similar, por cierto, cuando la CIDH falló a favor de medidas cautelares para Leopoldo López.

Y en la noche, con nocturnidad, una juez interina (la misma que sustituyó a María Lourdes Afiuni, para quien el fallecido presidente Hugo Chávez pidió “30 años de cárcel”) condenó a López a 14 años de prisión.

A lo largo de todo el proceso, al dirigente se le prohibió presentar a sus testigos, y ayer, cuando quiso mostrar un video, se le dijo que “el DVD estaba dañado”. Las audiencias no fueron públicas, y al final de la tarde, tras decir que salía a “deliberar” volvió a los 40 minutos con una sentencia escrita, que, según Roberto Marrero, uno de los abogados de López, copia y pega literalmente múltiples fragmentos de la acusación de la Fiscalía. La versión impresa de la sentencia no ha sido distribuida, y probablemente no lo será nunca.

Si usted vivía al frente del Palacio de Justicia y quería enterarse de lo que estaba sucediendo mientras sentenciaban a López, tenía que estar pendiente de Twitter o de CNN en Español. Ninguno de los canales venezolanos de televisión, ninguna emisora de radio, estaba transmitiendo en vivo un evento de enorme trascendencia local e internacional, que fue respondido con un sonoro cacerolazo cuando se conoció que Leopoldo pasará la infancia y adolescencia de sus hijos en la cárcel, si las condiciones políticas no cambian; porque mientras él es el líder más reconocido en el país, con 42% de aprobación, Maduro tiene 87% de rechazo.

Tras la decisión, el linchamiento continúa. No hay en el liderazgo chavista ninguna grandeza ni magnanimidad: Celebrar haber condenado injustamente a 14 años de cárcel a un inocente es una muestra de ello.

No hay duda de que el Gobierno sacó cuenta y decidió que le conviene más López preso que libre, al menos en el corto plazo. En el mediano ya es otra cosa: Con su decisión de ayer, la corporación militar-cívica que dirige Venezuela (y de la cual Maduro, siendo generosos, es apenas un primus inter pares) se sacó la última hoja de parra de legitimidad que le quedaba.

Internacionalmente, y tras la bochornosa expulsión de miles de colombianos del país, sumado a la sentencia de López, el Gobierno venezolano es un apestado; le pueden quedar algunos amigos de conveniencia, pero su situación es similar a la de la Suráfrica del Apartheid o del Perú de Fuijimori tras su fraude electoral del 2000. Que López sea un preso de conciencia no se lo quita la sentencia copy-paste de la juez Barreiros; en eso coinciden el Comité de Detenciones Arbitrarias de la ONU, la CIDH, el Parlamento Europeo, Human Rights Watch, Amnistía Internacional y el cardenal surafricano Desmond Tutú, líder de la lucha que llevó a la igualdad de derechos en su país.

Sin embargo, y mientras, como dice Leopoldo, “el pueblo me quita las esposas”, aún le queda un largo camino de sufrimiento a los venezolanos. Claramente, esta gente sabe que perder el poder implica mucho más que sencillamente cederlo. Y está aumentando el costo de la apuesta. Su naturaleza es la del escorpión: Picará aunque muera haciéndolo.

Algo incomprensible para la naturaleza de bien de la mayoría de los venezolanos y de los ciudadanos del mundo. Por eso, la sorpresa y consternación que ha causado la decisión contra Leopoldo López.

Pedro García Otero Pedro García Otero

Pedro García fue editor del PanAm Post en español. Periodista venezolano con 25 años de experiencia en cobertura de temas económicos, políticos y locales para prensa, radio, TV y web. Síguelo @PedroGarciaO.