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Con impunidad: así empieza Uruguay a parecerse a Venezuela

Por: Priscila Guinovart - @PrisUY - May 31, 2017, 2:40 pm
(Deber)
Los uruguayos somos algo arrogantes. Tendemos a hablar siempre del “paisito” en superlativo: el más liberal, el más europeo, el más alfabetizado, el más estable de América Latina. (Deber)

“No hay peor ciego que el que no quiere ver” afirma el dicho popular, y en Uruguay, la ceguera voluntaria parece ser una especie de epidemia que obnubila (en el mejor de los casos) cualquier rastro de razón.

Son muchos los que se apurarían a aseverar, sin el menor rastro de duda, que Uruguay jamás será la Venezuela del Cono Sur. “Esas cosas – hambre, represión y dictadura – ya no pasan acá” sentenciaría más de un oriental, y no necesariamente porque la situación en el país caribeño sea tolerada por el pueblo uruguayo (en oposición a su gobierno) sino porque honestamente se cree imposible que tales eventos puedan reproducirse en Uruguay.

 

Los uruguayos somos algo arrogantes. Tendemos a hablar siempre del “paisito” en superlativo: el más liberal, el más europeo, el más alfabetizado, el más estable de América Latina. Tales calificativos han sido históricamente ciertos, con Costa Rica y Chile como única “competencia” (en su más positiva acepción). Sin embargo, eso no elimina en absoluto las chances de que algo terriblemente podrido pueda gestarse y cambiarlo todo.

Venezuela fue en su momento más rica que Noruega y una de las excepciones a la serie de dictaduras que carcomieron al continente durante la década de los 70. Para un venezolano los horrores del presente también fueron inimaginables. El “a nosotros nunca” es una de las posturas más ignorantes e irresponsables que podemos tomar.

En Uruguay, las señales nos sobran. Estamos optando por minimizarlas o simplemente actuar como si no estuviesen allí. El pasado 23 de mayo, la Comisión de Constitución y Códigos del senado aprobó la derogación del delito de abuso de funciones, con apoyo frenteamplista únicamente. Pocas medidas atentan tan directamente contra los cimientos de la república y la democracia.

¿Cuál es el objetivo del Frente Amplio? ¿Por qué, si apuestan como aseguran, a la transparencia gubernamental, han de aprobar una medida que va en sentido contrario? ¿De qué se escuda el gobierno? Si una ley está incompleta, se modifica, pero no se deroga. ¿Cuánto tienen que ver los escándalos de PLUNA y ANCAP, por nombrar los rimbombantes, en esta decisión que, reitero, fue unánime?

Sepan disculpar mi suspicacia, pero todo huele a amiguismo, a salvataje, a atajo. El exministro de Economía Fernando Lorenzo y el expresidente del Banco República Fernando Calloia, procesados ambos por el caso PLUNA, se verán beneficiados con la derogación en cuestión.  Y no es impensable extender tales favores a futuro, o, en criollo ¿quién no tendrá que rendir cuentas ante la Justicia gracias a esta votación?

Para predecir que Uruguay bien podría convertirse en Venezuela basta ver la relación que el país oriental -o, con más precisión, su gobierno – mantiene con el régimen dictatorial de Maduro.

Mucho se ha hablado del “silencio del Frente Amplio con respecto a Venezuela”, pero ya es hora de ver que ese silencio no es tal. El Frente Amplio actúa a favor de Nicolás Maduro, le es más que fiel: le es funcional.

El plenario del partido de gobierno votó por unanimidad (como suele hacerlo, pues da cero espacio al desacuerdo y al debate) la aprobación de un comunicado que respalda el actuar del presidente Tabaré Vázquez con respecto al conflicto venezolano, en el que pretende no aislar al país sino apostar al diálogo.

No nos equivoquemos, esto no es silencio, esto es una clara complicidad con una dictadura. Nicolás Maduro no tiene la intención de dialogar. ¿Con quién pretende hacerlo entonces Vázquez? ¿Con el papa Francisco, a quienes los muertos de Venezuela parecieran no importarle?

Por otra parte, esta votación (que llama a respetar la soberanía venezolana) desprecia el accionar de Luis Almagro, secretario general de la OEA, o, en palabras del comunicado:

“rechazar la actitud que ha venido desarrollando en este tema la Organización de Estados Americanos en la figura del Sr. secretario general Dr. Luis Almagro Lemes, con su reiterado intento de aplicar las disposiciones que emanan de la Carta Democrática Interamericana, sin contar para ello con un mandato expreso del Consejo Permanente de OEA”.

El “mandato expreso” al que se alude en esta carta no existe. El artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana expresa que:

“En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado Miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente.

El Consejo Permanente, según la situación, podrá disponer la realización de las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática.

Si las gestiones diplomáticas resultaren infructuosas o si la urgencia del caso lo aconsejare, el Consejo Permanente convocará de inmediato un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General para que ésta adopte las decisiones que estime apropiadas, incluyendo gestiones diplomáticas, conforme a la Carta de la Organización, el derecho internacional y las disposiciones de la presente Carta Democrática.

Durante el proceso se realizarán las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática.”

Almagro está perfectamente habilitado para tomar las medidas que viene tomando. El que no está respetando ni la Constitución ni los derechos humanos es Nicolás Maduro. Entre Almagro y el heredero de Chávez, sólo hay uno que se adjudica poderes que no le corresponden.

El gobierno uruguayo aprueba, sin vergüenza alguna, la dictadura de Maduro. Comienza, asimismo, a bañar de impunidad a sus directores y funcionarios. Es así como empieza. Y un día nos despertaremos y ya no seremos el país más liberal, ni el más estable, ni el más “todo eso que nos hace sentir a salvo”.

Ojalá me equivoque.

Priscila Guinovart Priscila Guinovart

Priscila Guinovart es docente y escritora uruguaya. Ha colaborado con distintos medios de América Latina, EE.UU. y Europa. Vivió en Londres, donde escribió su libro "La cabeza de Dios". Síguela: @PrisUY.

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