Ocho mitos incómodos sobre la educación estatal en México

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educación estatal en México
No reconocer estos problemas es cerrar los ojos ante una realidad que le está costando mucho a México. (SEP)

Hoy en día nadie se atrevería a cuestionar el hecho de que la educación es un factor importantísimo en el desarrollo de las sociedades. Entre más gente tenga la oportunidad de estudiar mayores serán las posibilidades que esos individuos sean capaces de generar un modo de vida digno.

La educación permite que los individuos tengan un mayor conocimiento de su entorno y por lo tanto puedan contar con la posibilidad de tener acceso a oportunidades laborales y de negocio que de otra forma serían impensables.

En respuesta a esto, prácticamente la totalidad de los gobiernos alrededor del mundo han ideado y promovido diferentes programas formativos conocidos como “Educación Pública” con el objetivo de subsanar las carencias que la falta de educación provoca en los ciudadanos y sociedades.

La “Educación Pública”, además, es una institución antiquísima que está firmemente instalada en el ideario del ciudadano promedio. Cuando a una persona se le pregunta en que cree que los gobiernos deberían invertir o cual cree que sea la solución a los problemas que se enfrentan como sociedad la respuesta más común siempre es “más educación”. Es quizá una de las funciones más nobles que históricamente se le ha conferido al Estado.

Pero, ¿es realmente este el medio más efectivo para proveer de educación y nuevas oportunidades a las sociedades? Aquí algunos mitos sobre la educación pública superior sobre los que vale la pena reflexionar son:

¿Educación gratuita?

No, contrario a lo que muchos piensan, la educación pública cuesta y cuesta mucho. En México, un estudiante de una universidad pública en promedio cuesta entre 70.000 (USD$ 3.777,64) y 90.000 (USD$ 4.856,96) pesos anuales de los cuales un porcentaje importante se destina a financiar burocracia, sindicatos o proyectos poco productivos. El hecho de que se pague a través de la vía tributaria con impuestos no quiere decir que sea gratuita. Todos la pagamos.

¿Origen noble y de sanas intenciones?

No, de hecho, la educación pública como la conocemos hoy en día tiene su origen en el siglo XVII en Prusia con Federico II, quien pretendía tener un pueblo educado para que este pudiera servir de manera más eficiente a los fines del Estado. Es decir, su objetivo era el adoctrinamiento y la homologación de los individuos para beneficio del Estado, no de los individuos.

¿Ayuda a los necesitados?

Otra forma muy común de justificar su existencia es afirmar que sin la educación pública la gente más pobre no tendría forma de acceder a ella. En la práctica esto no ocurre, ya que la inmensa mayoría de instituciones públicas son alumnos de clase media e incluso de clase alta. Aquellos alumnos que no pueden costear una universidad y tienen un buen desempeño académico tienen tantas posibilidades de ser aceptados en universidades de corte público como de ser becados en instituciones privadas.

Solo los mejores tienen acceso a ella

Otra mentira bastante repetida. La realidad es que, al ser un ente extremadamente burocrático y politizado, sus procesos de admisión no son lo suficientemente transparentes, por lo que una gran cantidad de los alumnos que obtiene una matrícula lo hacen por contactos, palancas o favores personales dejando fuera a muchos alumnos con más méritos académicos.

 

Cuentan con poca autonomía

En realidad hay pocas instituciones que dependan tanto del Estado como las universidades “autónomas”. Su fuente de recurso es siempre el gobierno del que dicen ser autónomos, además que sus programas educativos tienen que estar alineados 100 % con lo marcado por el gobierno federal, la Secretaría de Educación Pública y lo que los gobernantes en turno decidan.

Existen mayores incentivos por parte de los involucrados

Al ser un ente “estatal” y no “haber dinero” de por medio, hay quienes creen que los involucrados en este proceso educativo lo hacen por verdadera vocación y amor al arte. La realidad es que ocurre todo lo contrario, sabedores de que se les va a seguir pagando, administrativos y profesores en general se vuelven faltistas y huelguistas, mientras que a los alumnos no les duele tanto la suspensión de clases ya que al final “no les está costando nada”.

¿Es de mejor calidad?

Si bien no es regla general esto generalmente es falso, al ser un ente altamente burocrático los procesos de actualización de su infraestructura y sus programas educativos se vuelve un proceso mucho más lento e ineficaz. No solo no se prioriza y fomenta la productividad, sino que además de que los recursos tienden a gastarse más en sindicatos y burocracia que en investigación y tecnología.

Su postura social es más crítica

Otro factor que se suele adjudicar a la educación pública es que supuestamente son más críticos ante el gobierno y más sensibles ante los problemas de la sociedad. La realidad es que esta postura “crítica” termina siendo más bien un constante adoctrinamiento en el que los alumnos tienen acceso solo a una forma de buscar soluciones desde el estatismo y la política y no a través del emprendimiento y la productividad. Abundan profesores “revolucionarios” pero que, a su vez, indirectamente o no, llevan toda su vida viviendo del Estado.

Existen más soluciones al problema de la educación más allá de conferirle todo el poder al Estado, que además de ineficiencia en muchas ocasiones genera corrupción.

El “voucher educativo” propuesto por el Nobel de Economía Milton Friedman, por ejemplo, propone subsidiar la demanda y no la oferta, es decir, aplicar los principios de libre mercado a la educación y que los recursos sean asignados a los estudiantes para que puedan decidir a qué institución asistir y no al revés.

Si bien existen excelentes profesores, administrativos y alumnos dentro del sistema comprometidos con la educación y ciertamente muchas instituciones de estas han contribuido notablemente al desarrollo de nuestro país, no reconocer estos problemas es cerrar los ojos ante una realidad evidentísima que nos está costando mucho como sociedad.

*El artículo hace referencia en todo momento a la educación pública superior, que por su complejidad y tipo de problemáticas presenta realidades muy diferentes a la educación básica o la media y por tanto requiere de diferentes estrategias para su mejora.

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