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Subsidios: ayudas que matan

By: Vanesa Vallejo - @VanesaVallejo3 - Oct 17, 2016, 8:10 am
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¿Será acaso que los teóricos de la economía del desarrollo, fieles creyentes de las ayudas, desconocen que todos los países alguna vez fueron pobres y que escaparon de tal situación sin subsidios de terceros? (TN)

EnglishCuando uno estudia economía, dentro del pénsum de la carrera hay, por lo menos, un curso de economía del desarrollo y tres de macroeconomía, sin embargo, en mi caso, como en el de muchos otros estudiantes de diferentes universidades alrededor del mundo, en ninguna de esas clases se habló nunca de la importancia de la libertad y respeto por la propiedad privada. ¿Cómo lograr que los países salgan de la pobreza es un tema de Macro III y de los cursos de desarrollo? La respuesta a esa pregunta pasa, casi sin excepción, por la intervención del Estado. Todo muy en línea con la común idea de que los pobres están envueltos en un círculo vicioso y que solo la ayuda de terceros logrará sacarlos del subdesarrollo.

Tal idea, la que el genial Lord Bauer apodaría como “el consenso espurio” y atacaría durante toda su vida, afirma que los países pobres no pueden progresar porque tienen ingresos tan bajos que no les queda dinero para ahorrar y, por lo tanto, están condenados a la miseria. Consecuencia de tal pensamiento: los países ricos deben ayudar a los pobres con limosnas. Esa es la teoría del desarrollo predominante en la academia;  y esa ha sido la fórmula para combatir cualquier tipo pobreza.

¿Será acaso que los teóricos de la economía del desarrollo, fieles creyentes de las ayudas, desconocen que todos los países alguna vez fueron pobres y que escaparon de tal situación sin subsidios de terceros? La solución que estos economistas presentan se apoya en una premisa falsa: no es cierto que la condición para salir de la pobreza sea la donación de dinero. Y lo innecesario de las “ayudas al subdesarrollo” no solo se hace evidente desde una visión histórica, ejemplos como el increíble crecimiento de los “tigres asiáticos” siguen confirmando que lo normal es que los países salgan solos de la pobreza.

Ahora bien, no se trata solo de que la ayuda internacional no es condición necesaria, sino de que es peligrosa y, contrario a lo que se cree, condena a la miseria a quienes pretende sacar de la pobreza. Los principales defensores de este tipo de políticas afirmaban, desde su inicio, que unos cuantos años de subsidios lograrían sacar de tal “circulo vicioso” a los países pobres, pero hasta el momento solo vemos que incrementa el dinero destinado a ayudas y nadie sale de la pobreza. Lord Bauer, al respecto, en innumerables ocasiones explicaba: no es que el desarrollo sea una consecuencia del capital; el capital es creado durante el proceso de desarrollo.

En mis clases de economía del desarrollo, el profesor, comúnmente, hablaba de cómo ayudar al Chocó, un departamento colombiano sumido en la pobreza. La solución: transferir dinero a esa zona. Qué proyectos de inversión realizar, a quién darle la ayuda, cómo fomentar la creación de empresas, todo eso sería discutido entre un grupo de académicos ilustrados que sacarían a la población pobre de aquel círculo vicioso. Tal idea es la misma que tienen, por ejemplo, los señores de la ONU: los países ricos deben reunir dinero y dárselo a los pobres, pero además deben decirles en qué invertir y cómo hacerlo, porque sin la guía de los intelectuales occidentales no saldrán nunca de la miseria.

 

Y vuelvo al punto de partida, todas las soluciones que se proponen pasan por la intervención del Estado, cuando resulta que lo que hay que fomentar es la microempresarialidad espontanea. Pero “espontaneo” es una palabra que parece causarles miedo a todos los funcionarios estatales y de organizaciones como la ONU. La inversión debería dirigirse a proyectos productivos que se mantengan en el tiempo y que sean el resultado de las necesidades que surgen en la sociedad. No es un grupo de “expertos” en desarrollo el que debe guiar la inversión de un país, es el mercado. Y resulta que las ayudas y la intervención de comités de “sabios” economistas bloquean ese proceso.

Entonces, primero, no se necesita ayuda económica para que un país salga de la pobreza, la historia y diferentes casos actuales nos lo demuestran; los países salen de la miseria por sí solos. Segundo: las ayudas, acompañadas de direccionamiento por parte de los políticos y los “expertos” en economía, bloquean el proceso de surgimiento espontaneo de microempresarios que invierten en lo que el mercado les indica, en los proyectos verdaderamente rentables y sostenibles en el tiempo.

Ahora bien, a todo lo anterior hay que sumarle un punto fundamental: el capitalismo y el respeto por la propiedad privada. Es necesario un entramado institucional que incentive el esfuerzo y que permita que la función empresarial sea posible, sin eso es imposible que los países salgan de la pobreza.

Los gobiernos deberían concentrarse no en entregar subsidios y planear cómo sacar de la pobreza a un grupo de gente a los que tratan como incapacitados, sino en permitir la empresarialidad, sobre todo la de los más pobres, a los que dicen querer ayudar. Todo lo que se necesita es un entorno institucional de respeto por la propiedad privada, bajos impuestos y, en pocas palabras: no entorpecer ni impedir la función empresarial.

Los subsidios a la pobreza crean más pobreza, se pueden dar miles de millones de dólares durante largos periodos a países pobres y, como sucede en la actualidad, no saldrán de la miseria. Es simple, si lo que se quiere es acabar con la pobreza, lo que hay que hacer es no bloquear ni entorpecer la posibilidad de los seres humanos para mejorar su vida a través de su innata función empresarial, eso es todo.

Vanesa Vallejo Vanesa Vallejo

Vanesa Vallejo es economista de la Universidad del Valle. Liberal, escritora de opinión, influenciadora en redes sociales. Miembro del Movimiento Libertario Colombiano. Síguela @VanesaVallejo3.

Jair Bolsonaro, enfant terrible de la derecha nacionalista brasilera

By: Angelo Florez de Andrade - @Aflorezdeandrad - Oct 16, 2016, 3:00 pm
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En Brasil, tras años de férrea dictadura militar, considerarse "de derecha" implica llevar un estigma. El principal partido del país de centro-derecha se llama Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), intentando evitar cualquier conexión con la derecha. En el gigante sudamericano no solo los partidos políticos intentan evitar ser considerados de derecha, también los políticos profesionales lo hacen. Una de las excepciones es el militar retirado Jair Bolsonaro, miembro de la Cámara Baja del Congreso brasilero. El diputado de origen paulista, pero representante del Estado de Rio de Janeiro, defiende sin vacilar ideas nacionalistas y conservadoras. En las elecciones brasileras de 2014, Bolsonaro se convirtió en el diputado más votado del Estado de Río de Janeiro con cerca de 464 mil votos, casi un 6 % del electorado fluminense. En la actualidad, el exmilitar se perfila como posible candidato presidencial, alcanzando un 7 % en las últimas encuestas, superando a Michel Temer, actual presidente de Brasil. Dada la importancia política de Bolsonaro, valdría la pena indagar sobre la vida y las visiones políticas del diputado brasilero. Lea más: Brasil: partido de Lula y Rousseff sufre su mayor derrota electoral en 20 años Vida Bolsonaro nacido en el Estado de São Paulo y se formó como militar en la década de los setenta. Esta década estuvo marcada por el nacionalismo económico y político promovido por los gobiernos militares brasileros. La dictadura promovió una política económica estatista, construyendo enormes obras públicas como la hidroeléctrica de Itaipu y la planta nuclear Angra I. Durante los primeros años de la década de los setenta, el PIB del país creció a elevadas tasas, alcanzando un 13 % en 1979. Sin embargo, poco a poco Brasil pagaría el precio del intervencionismo: deuda, inflación y decrecimiento. Durante el régimen militar, la violencia revolucionaria de las guerrillas marxistas sacudía el país. La guerrilla de Araguaia y la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR) atentaban contra el Estado. A su vez, la represión militar —que incluía torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales— castigaba con dureza no solo a militantes de izquierda, sino también a opositores de otras ideologías políticas. Desde su formación militar, el capitán Bolsonaro luchó por el aumento de salarios de su grupo de interés. En 1986 fue llevado quince días a la cárcel por actos de indisciplina relacionados con su exigencia de mejores salarios para los militares brasileros. En 1987 fue acusado de planear la instalación de bombas de baja potencia en los baños de la Academia Militar, su intención era la de convencer a los líderes del Ejército brasilero de mejorar las condiciones de su gremio. El capitán resultó absuelto por un Tribunal Militar. Lea más: Diputados de Brasil aprueban límite al gasto público solicitado por presidente Temer Carrera política Bolsonaro, al hacer parte del estamento que controlaba el poder en el país, se impregnó del nacionalismo de la dictadura. Sin embargo, el capitán participó en una de las primeras elecciones directas y libres en 1988, cuando fue elegido Concejal en la ciudad de Río de Janeiro por el moderado Partido Demócrata Cristiano (PDC). Tras el colapso electoral del PDC, Bolsonaro pasó al Partido Progresista (PP), descendiente directo de la Aliança Renovadora Nacional (ARENA), movimiento político creado por partidarios del régimen. En 1991 fue elegido por primera vez diputado federal por Río de Janeiro, y en sus primeros años como diputado se destacó por promover aumentos salariales para los miembros de las Fuerzas Armadas brasileras. A pesar de que su partido apoyó el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Bolsonaro fue un fuerte crítico de dicho gobierno. Para el político paulista el gobierno socialdemócrata fue corrupto y débil. Durante los gobiernos de  “Lula” da Silva y Dilma Rousseff, Bolsonaro se apartó de la decisión de su partido y confrontó a ambos líderes. En 2016 Bolsonaro dejó el Partido Progresista para pasar al Partido Social Cristiano, partido de la derecha evangélica. Dicho partido lo postuló como candidato a la presidencia para las elecciones de 2018. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   La dictadura Bolsonaro es un nostálgico del gobierno militar brasilero. El líder político  asegura que Brasil no experimentó una dictadura. Para el diputado nacionalista, luego del levantamiento militar de 1964, el Congreso brasilero entregó el poder al General Castelo Branco. Bolsonaro resalta que durante el régimen militar se realizaron elecciones parlamentarias con la participación dos partidos políticos. Vale la pena recordar que la dictadura prohibió diez partidos políticos e instauró leyes para evitar que la oposición ganara las elecciones. Derechos Humanos durante la dictadura Para el excapitán y diputado por Río de Janeiro, el régimen militar fue una época de "pleno empleo, seguridad, de respeto, de educación". El líder nacionalista considera que el gran error de la dictadura fue "negarse" a torturar y matar. Bolsonaro es reconocido por su defensa de la tortura como método de interrogatorio. Durante el proceso de impeachment contra Dilma Roussef, el diputado hizo referencia a la memoria de Carlos Alberto Brilhante Ustra, director de una de las organizaciones de represión al servicio de la dictadura. Brilhante Ustra es acusado de comandar torturas y asesinatos. Asociaciones de juristas consideraron que las afirmaciones del diputado por Río de Janeiro constituían una apología a la tortura, razón por la cual solicitaron una investigación al respecto. El proceso judicial sigue en curso. Mujeres El congresista brasilero ha sido acusado por diversas organizaciones civiles y diversos partidos políticos de defender posturas machistas. En una entrevista de televisión el líder justificó que las mujeres ganaran menores salarios que los hombres. El exmilitar ha afirmado que no debería existir discriminación entre hombres y mujeres, y que la prensa distorsiona sus afirmaciones. En 2003, Bolsonaro aseguró que no violaría a la diputada izquierdista porque “no merecía”ser violada. Un año después, el diputado fluminense repitió sus palabras en contra de su colega. En junio de 2016 el Supremo Tribunal Federal aceptó investigar al político por presunta incitación a la violación y ofensa a la honra de su colega. Lea más: Brasil: Corte Suprema ratifica encarcelamientos en segunda instancia Minorías Bolsonaro ha hecho declaraciones abiertamente homofóbicas, y también es acusado de defender posturas racistas. En una entrevista para la televisión brasilera, él afirmó que que no discutiría sobre promiscuidad al ser preguntado si estaría dispuesto a aceptar que uno de sus hijos se enamorara de una mujer negra. Pocos días después, el líder político aseguró que entendió “gay” en lugar de “negra”. En 2010 el parlamentario aseguró que es posible modificar las conductas sexuales mediante el uso de golpes. En una entrevista con el periodista Stephen Fry comparó a los homosexuales con talibanes. Bolsonaro se opone a la migración hacia Brasil, especialmente de refugiados sirios y del norte de África. El político considera que la recepción de inmigrantes implica romper con la “homogeneidad” del país, además de abrir las puertas al islamismo radical. Libertades económicas según Jair Bolsonaro Bolsonaro ha declarado en más de una ocasión que es partidario del libre mercado. El pastor Everaldo Dias, excandidato presidencial del PSC, presentó un programa económico que incluía privatizaciones y reducciones de impuestos. No obstante, Bolsonaro ha defendido abiertamente el manejo económico estatista de los líderes de la dictadura militar. Por lo tanto, no resulta clara su propuesta económica para Brasil. Lea más: Aumentan empresas en bancarrota en Brasil El futuro de Jair Bolsonaro De acuerdo con las últimas encuestas, "Lula" da Silva lidera la carrera por la presidencia con 22 un %. El PSDB, representante de la derecha moderada en Brasil, aún no ha elegido a su candidato, aunque posiblemente sea Aécio Neves, quien en 2014 disputó la presidencia a Dilma Rousseff. Hasta el momento,  Bolsonaro, cuarto en las encuestas, está lejos de liderarlas. No obstante, el hastío de los brasileros hacia la clase política y la visibilidad del líder nacionalista en redes sociales, hacen pensar que el político paulista pueda sumar más apoyos. En un contexto regional donde políticos moderados y lejanos al estatismo como PPK en Perú o Macri en Argentina, una victoria de la derecha populista implicaría una victoria para el intervencionismo y una derrota para los defensores de la libertad.

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