López Obrador está angustiado

El presidente López Obrador parece estar más atento a las encuestas electorales que a la grave crisis sanitaria y económica que enfrenta México

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Debe ser preocupante para él la caída continuada en su popularidad, consecuencia de decisiones controvertidas y en muchos sentidos catastróficas, aunque tal popularidad aún sigue siendo alta tras año y medio de gobierno (¿por cuánto tiempo más?). O el que su popularidad, aún siendo alta, no logre trasladarla a su partido, MORENA, a un año justo de las vitales elecciones legislativas intermedias, aunque con un poco de suerte, hoy tal vez le bastaría para conservar la mayoría en la Cámara de diputados.

El presidente López Obrador parece estar más atento a las encuestas electorales que a la grave crisis sanitaria y económica que enfrenta el país y que su gobierno ayudó a fraguar.

Por eso sus reacciones tan nerviosas de los últimos días. Primero, reiniciando sus giras de trabajo, en plena fase ascendente de la pandemia, visitando estados y ciudades con alta incidencia de contagios, no para verificar el funcionamiento del sistema de salud (lo que se agradecería) sino para iniciar obras inexistentes o en proceso, como si esto no pudiera esperar. Siente que el tiempo no le alcanza y necesita promover cualquier cosa, para ganarle protagonismo a la crisis.

Después, llamando a todos a pronunciarse a favor de él y de su “Cuarta Transformación” o bien, definirse en contra: “Estás conmigo o contra mí”. Dictadores como Fidel Castro o Hugo Chávez hicieron llamados similares cuando sus procesos revolucionarios pasaban duras pruebas, pero no a los 18 meses de gobernar. Su planteamiento demuestra que ya le urge volver a hacer campaña y definir a las elecciones intermedias como una especie de plebiscito sobre él.

López obrador y a su gobierno necesitan que se hable de otros temas, desviando la atención, eclipsando la corrupción y su incompetencia, por ejemplo con una protesta “social”. Por eso, finalmente, decidió movilizar a su partido y a su nutrido ejército de bots en redes sociales. Su cometido fue ir en contra del gobernador de Jalisco y organizar manifestaciones “anarquistas” en la Ciudad de México y otras ciudades (al margen: curioso anarquismo, a la orden del gobierno y sin una sola demanda o crítica contra los gobiernos de MORENA).

Se usó como pretexto la sempiterna, extendida y sin control brutalidad policiaca en México, pero poniendo a los propios policías a cuidar las manifestaciones, ordenándoles ver de lejos saqueos y vandalismo contra vecinos y comercios, sin intervenir, con una sola excepción: cuando esos grupos decidieron atacar la Embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México. Para López Obrador hay prioridades y los mexicanos no están entre ellas.

Todo ello muestra a un presidente desesperado. Frente a la magnitud de los problemas (muchos de ellos autoinfligidos), no sabe qué hacer. El país le queda grande. El cargo le queda grande. Y su gobierno es demasiado incompetente y crecientemente manchado por las sombras de la corrupción. Por eso recurre a lo que mejor sabe hacer, a la confrontación y al insulto. Confía en que la polarización lo mantengan a flote hasta las elecciones intermedias, donde se elegirán 21 000 cargos (entre ellos, 500 diputados federales) que pueden cambiar la actual ecuación de poder en México.

Por eso, en lugar de afanarse por salvar vidas de mexicanos y rescatar la economía nacional, López Obrador hoy solo está preocupado en recuperar puntos en las encuestas y tal vez recobrar la popularidad perdida para, así, lanzar un salvavidas a su partido. No estoy seguro de que lo logre: son tantos y de tal magnitud los problemas incubados durante la cuarentena, y hasta hoy encerrados en casa, pero que tarde o temprano emergerán y lo arrollarán.

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