Venezuela: cadena de frío y paralización nacional

Los apagones que Venezuela ha estado sufriendo desde el 7 marzo se traducen en hambre y muerte, tras la abrupta interrupción de la cadena de frío.

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La cadena de frío es esencial para mantener medicamentos y alimentos.
(Foto: Flickr)

Se conoce como cadena de frío el proceso de mantener productos perecederos, sean estos alimenticios o de uso médico, a la temperatura adecuada para su refrigeración o congelamiento de manera ininterrumpida desde su origen (a través de los diversos pasos de su transformación transporte y almacenamiento) hasta el momento de su uso por los seres humanos. Cualquier interrupción de ese proceso produce efectos de descomposición que puede convertir los productos en inservibles, o peor, venenosos para quienes los ingieren o utilizan como medicamentos.

La cadena de frío es una de las características más importantes de la modernidad. Desde el siglo XIX la refrigeración comercial permitió conservar productos como la carne que, al viajar en vagones de ferrocarril refrigerados a los centros de consumo, podía ser preservada sin necesidad de salación, práctica propia de las sociedades primitivas y preindustriales. A inicios del siglo XX, la capacidad de refrigeración se generalizó, llegando a los supermercados, restaurantes y hogares. Estos avances permitieron la globalización del comercio de productos agrícolas y la posibilidad de colocar productos tropicales, por ejemplo, en las grandes urbes de países de clima templado.

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Un sector que vio aumentos espectaculares en su productividad gracias a la cadena de frío fue el lechero. La posibilidad de refrigerar la leche desde el ordeño pasando por la pasterización hasta llegar al consumidor final aumento su uso de manera importante. Mire a su alrededor y se dará cuenta de que son pocos los productos que no precisan de una cadena de frio ininterrumpida para su elaboración, distribución y consumo. Aún más importante, porque es un problema de vida o muerte y de contaminación de instalaciones hospitalarias, y de propagación de virus y bacterias, es la cadena para sueros, vacunas y otros productos vitales que perderían su efectividad si la cadena se quiebra.

Por esas razones y muchas más, resulta imperdonable e irresponsable, la forma ligera en la que las autoridades han minimizado, o ignorado por completo, el grave problema de la ruptura de la cadena de frío en todo el territorio nacional a partir de la serie de mega-apagones que comenzaron el 7 de marzo. Esta situación ya ha causado daños tal vez irreversibles, pero de seguro se agravará mientras las autoridades continúen aplicando el ensayo y error para enfrentar el problema, y persistan en crear una narrativa false de sabotajes ante un problema que es esencialmente de mala gerencia e impericia en el manejo de sistemas complejos diseñados no para la intermitencia, sino para funcionar de manera a continua.

La ruptura generalizada de las cadena de frío requiere que esto sea reconocido y tratado como una emergencia que hay que contener. No es por accidente que la propia Cruz Roja indica que plantas eléctricas confiables para los centros de salud son el primer elemento de ayuda humanitaria que debe entrar al país. Ese tipo de análisis debe ser aplicado también a los procesos industriales que no pueden operar sin cadena de frío. Algunos de ellos pueden inclusive tener una parte de autogeneración, pero el problema se ha vuelto la ausencia de combustible. En ese sentido debe haber un cambio drástico de política que deje de un lado el afán por abastecer a como dé lugar a los cubanos, mientras en Venezuela no se puede si quiera mantener algo tan crítico como la cadena de frío por falta de combustible tanto para las plantas descentralizadas, como las generadoras térmicas que operan a un 13 % de su capacidad instalada.

De lo contrario, Venezuela va a ser el primer país en el hemisferio, y tal vez en el mundo que, después de haber construido una infraestructura de primer nivel, se encuentre de vuelta al siglo XVIII, con el agravante de que el país hoy está poblado en un 90 % por centros urbanos que no tiene como funcionar sin elementos tan básicos en el siglo XXI como son servicios continuos y no intermitentes de electricidad y cadenas de frío ininterrumpidas y confiables.

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