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Paro agrario en Colombia: el proteccionismo agrícola perjudica a los más pobres

Por: Daniel Raisbeck - @DanielRaisbeck - Jun 13, 2016, 9:06 am
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Paro agrario en Colombia: bloquear vías y violar libertades fundamentales de los demás no es un acto pacífico. (alainet.org)

Durante el actual paro agrario en Colombia, ciertos grupos organizados han bloqueado vías principales, violando las libertades fundamentales del resto de los ciudadanos, para exigirle al gobierno nacional que cumpla con los acuerdos pactados tras el último para agrario, el cual se llevó acabo entre el 2013 y el 2014.

Como reportó Portafolio en mayo del 2014, los manifestantes protestaron en ese entonces

por el elevado costo de los fertilizantes, el bajo precio que reciben por sus cosechas, el contrabando de alimentos y la creciente competencia de los productos importados al amparo de tratados de libre comercio.

Para apaciguar a los manifestantes en el 2014, el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, quien en ese momento buscaba su reelección, prometió “un presupuesto de unos 2.500 millones de dólares para el sector” agrícola ese año. Esto fue una mera adición para un sector económico aún altamente protegido desde el Estado. Como reportó el PanAm Post:

las estadísticas demuestran que el sector agrícola colombiano es altamente subsidiado, con COL $7,3 billones (USD $2.46 mil millones) entregados a diferentes sectores agrarios en subsidios y COL $21,4 billones (USD $7.24 mil millones) en apoyos totales desde el 2004 hasta el 2014.

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El sector agrícola colombiano es altamente subsididado. (La República)

En agosto del 2013, el analista Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute, demostró la debilidad del argumento de que “las importaciones baratas” provenientes de Estados Unidos a raíz del tratado de libre comercio (TLC) entre ambos países, que entró en vigencia en mayo del 2012, estaban “acabando con el campo colombiano”.

Especialmente en el caso de las papas, el pollo y los productos lácteos — “los tres productos que más molestan a los agricultores colombianos” por la competencia extranjera — ni el TLC con Estados Unidos ni el libre comercio eran las causas de los problemas de los agricultores, especialmente porque “el volumen de importaciones libres de aranceles debido al TLC” aún era “relativamente pequeño” en el 2013 y 2014.

Ya que la eliminación de los aranceles para estos productos debe llevarse a cabo gradualmente según las condiciones del TLC, “las exportaciones de papas de Estados Unidos a Colombia totalizaron solamente USD $5,6 millones en 2012”. En el caso del pollo, “no habrá reducción arancelaria alguna en la carne de pollo hasta el 2018”, mientas que “la cuota libre de aranceles de 27.040 toneladas de piernas de pollo” que se negoció en el TLC, la cual aumenta solo 4 por ciento cada año, “representa únicamente 2,5% del consumo anual de pollo de Colombia”.

En cuanto a los productos lácteos, “la gran mayoría de las importaciones de Estados Unidos todavía pagarán aranceles durante los primeros años del TLC”, y ciertos productos “gozarán de protección arancelaria incluso hasta el 2027”. Las importaciones de leche en polvo, que sí son libres de aranceles hasta cierto volumen, “constituyen únicamente 1,2% del consumo total de leche de Colombia”.

La conclusión de Hidalgo es que “si los agricultores colombianos tienen dificultades, no es porque hay un comercio más libre con” Estados Unidos, aunque sí tendrán que adaptarse para enfrentar a la competencia en la medida en que los aranceles se vayan reduciendo gradualmente.

Las protestas del paro agrario actual, sin embargo, demuestran que la intención de ciertos sectores agrícolas — como la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular que convocó las demostraciones — no es necesariamente adaptarse para ser más competitivos, sino presionar al gobierno para que erija barreras a la competencia y les brinde ayuda directa por medio de pagos en efectivo. El antagonista, como de costumbre, son “las empresas transnacionales”, y el usual discurso acerca de la “soberanía alimentaria” es una mera fachada detrás de la cual yacen pasiones nacionalistas y, en algunos casos, xenófobas.

Nacionalismo económico

Curiosamente, los argumentos enfilados contra la participación de empresas extranjeras en el sector agrícola, pese a que esta lucha es liderada por la izquierda colombiana, son profundamente conservadores en su origen. Como escribió el economista Ludwig von Mises en 1922, la idea de que los agricultores de un país cumplen una función pública y por ende deben regirse por el producto bruto y no el líquido — siendo subsidiados si no son realmente productivos — es común “a la política nacionalista y militarista (la agricultura es la que primordialmente proporciona los soldados) y se invoca siempre en favor del proteccionismo económico”.

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Sello de la Asociación de Agricultores de Alemania, fundada en 1893. (veikkos)

De hecho, los progresistas colombianos que insisten en que hay que “proteger el agro” para lograr la autarquía económica — lo que hoy llaman la “soberanía alimentaria” — simplemente adoptan las políticas de la Federación de Agricultores alemana (Bund der Landwirte) de 1893, la cual exigía barreras arancelarias para proteger a los terratenientes (especialemente los Junker) y campesinos de las importaciones provenientes de Rusia y de Estados Unidos (plus ça change). No sorpresivamente, la Federación de Agricultores era profundamente antisemita — asociaba a los judíos con la “decadencia” del comercio urbano — y, desde 1930 en adelante, apoyó sin condiciones al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, cerrando así la pequeña brecha que existe entre el estatismo y el totalitarismo.

El proteccionismo perjudica a los pobres 

En Colombia, lo que raramente se menciona acerca del proteccionismo económico que exigen los líderes del paro agrario es que los aranceles agrícolas benefician realmente a unos pocos grandes productores nacionales a costa de los consumidores y, especialmente, a costa de los consumidores más pobres, quienes deben pagar más de lo necesario para comprar productos básicos. Como explica Luis Guillermo Vélez Álvarez, profesor de economía en EAFIT,

Los alimentos representan el 35% del valor de la canasta de las familias de ingresos bajos; el 27% de las de ingresos medios y el 18% de las de ingresos altos. Los altos precios de los productos agrícolas perjudican principalmente a las familias más pobres no solamente por el mayor gasto sino también por limitar sus posibilidades de empleo por la presión que ejercen sobre el salario nominal.

Sólo seis alimentos de la canasta familiar – leche, arroz, frijol, papa, huevos y azúcar – representan poco más del 10 % del valor de la canasta de las familias de bajos ingresos, que son más del 80% de la población. Los aranceles proteccionistas a ese grupo de alimentos y a los productos agropecuarios en general son tremendamente regresivos.

Los aranceles del arroz y del azúcar blanca, cuyos niveles son de 80% y 70% respectivamente (el arancel del azúcar era de 117% hasta el año pasado) son del todo indefendibles desde el punto de vista del consumidor de bajos recursos, pues compañías como Arroz Diana, (arroz ) Roa e Incauca están entre las más grandes del país.

Frecuentemente surge el argumento de que proteger a los dueños de estos negocios de la competencia es deseable ya que sus compañías emplean a miles de personas. No obstante, un estudio de Fedesarrollo liderado por el economista Daniel Gómez Gaviria, quien hoy es Head of Competitiveness Research del Foro Económico Mundial, refutó esta tesis de manera contundente en el caso particular de la industria arrocera:

Si se tiene en cuenta que el diferencial de precios actual (junio de 2013) entre el arroz blanco en Colombia y en Estados Unidos es de aproximadamente 60%, se puede decir que si este diferencial se eliminara, cerca de 443 mil personas saldrían de la pobreza extrema, y 1.2 millones de personas saldrían de la pobreza. Esto significa una reducción de 1.2 puntos porcentuales en reducción de la tasa de pobreza extrema, y de 2.7 puntos porcentuales en reducción de la tasa de pobreza…

Las restricciones al comercio que llevan a un aumento en el precio del arroz tienen un enorme impacto sobre la indigencia y la pobreza en Colombia y en particular en el sector rural. Los efectos sociales positivos de la protección a la producción arrocera no pueden compensar los efectos negativos sobre el número mucho más importante de consumidores no-productores de arroz.

Permitir las importaciones de arroz (y de otros productos básicos) para que cientos de miles o millones de personas salgan de la pobreza no significa “acabar con el campo colombiano”, como insinúan los enemigos de la libertad. Aunque Colombia, como Alemania en los 1890, es un país cada día más urbano, sus ciudadanos pueden aprovechar el gran potencial agrícola de la tierra si se fomenta la competencia y la tecnificación. El ejemplo a seguir no es el de los países que subsidian el agro y perjudican a sus propios consumidores.

Las ventajas de liberalizar con tecnificación

Nueva Zelanda, por ejemplo, eliminó todo subsidio y arancel agrícola tras un proceso de liberalización económica que comenzó en 1984, cuando el país enfrentaba una crisis presupuestaria. El año pasado, los agricultores neozelandeses exportaron sus productos por aproximadamente USD $32 billones, el 66% del total del país, y produjeron suficiente comida para alimentar a 40 millones de personas aunque Nueva Zelanda tiene solo 4,4 millones de habitantes. Según la Revista Dinero,

Hoy en día Nueva Zelanda… es el primer exportador a nivel  mundial de carne de oveja, el primer exportador de leche (con el 3% de la producción global) y el segundo exportador de lana. En términos monetarios, ocupa el puesto número 15 entre los mayores exportadores de productos agrícolas…

Los éxitos del modelo se deben a que las decisiones de producción son dictadas por los mercados (tanto domésticos como internacionales) y no por el gobierno. Las ventas a su vez, dependen exclusivamente de conocer las expectativas de los clientes sobre el precio y la calidad de los productos.

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Nueva Zelanda es el país que menos protege su sector agrícola. (Dinero / OCDE)

Los líderes del paro agrario colombiano, sin embargo, exigen medidas opuestas: protección estatal e incondicional para los productores y una intromisión constante del gobierno en la economía agrícola.

Nueva Zelanda, sin embargo, no es el único ejemplo exitoso de la liberalización en el campo, ni hay que ir tan lejos para encontrar casos alentadores. Como escribe Vélez Álvarez, el impulso de los microcréditos agrícolas y de la tecnificación sin proteccionismo excesivo ha tenido un gran éxito tanto en Chile como en Perú:

En menos de una década Chile se tornó en el principal exportador de uvas y en el quinto de manzanas y duplicó las exportaciones de su sector agrícola, sin necesidad de apelar a una política proteccionista.

El caso de Perú, país de características similares en muchos aspectos a Colombia, es incluso más impresionante.  También en el marco de una apertura comercial, se enfocó exitosamente en el mercado de espárragos y mango fresco y sus exportaciones agrícolas se han septuplicado…

El futuro es la innovación, no proteger a rentistas

En Colombia, de hecho, las políticas de liberalización agrícola, mas no las asistencialistas / proteccionistas, están generando un gran optimismo entre los innovadores. De hecho, la expectativa acerca de la exportación de productos médicos derivados de la marihuana ha traído al país a inversionistas globales de la talla de Jim Rogers, quien ha visitado Medellín y me dijo el mes pasado que veía gran potencial para esa incipiente industria colombiana.

Por otro lado, como nota Hidalgo, es irónico que los mismos agricultores colombianos que exigen subsidios y aranceles a la vez “reconocen los beneficios del libre comercio ya que una de sus demandas es eliminar los aranceles a las importaciones de fertilizantes”.

Los paros agrarios convocados por razones políticas internas y motivaciones cortoplacistas deben ser consagrados a la historia. Lo mismo aplica a las vías de hecho como el bloqueo de carreteras principales que, violando libertades básicas, impiden el paso de vehículos de civiles, de transporte público y de ambulancias.

El futuro, tanto en el agro como en el resto de la economía, no será de quienes recurren a la coerción estatal para buscar rentas, sino de quienes reconocen las oportunidades del mercado global y las saben aprovechar a tiempo.

*Julián Villabona contribuyó con esta nota

Daniel Raisbeck Daniel Raisbeck

Daniel Raisbeck es el editor del PanAm Post. Fue candidato independiente a la Alcaldía de Bogotá en el 2015. Síguelo en Twitter: @DanielRaisbeck.