Es posible ser libertario y moralmente conservador al mismo tiempo

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Vanesa Vallejo, columnista y economista libertaria. (Facebook)

Por Federico Rabino*

Nuevamente la escritora y columnista colombiana del PanAm Post, Vanesa Vallejo, fue criticada en el artículo “La Ética de la Libertad” publicado en la Revista John Galt, nombre que hace alusión al personaje creado por Ayn Rand en su afamado libro “La Rebelión de Atlas” y en el cual se encuentra, a modo de ficción, plasmada la filosofía objetivista.

A modo de introducción, es necesario comprender que el libertarismo descansa sobre el axioma del principio de no agresión, aquel que ya fuera descrito por John Locke en 1689, pero que obtuvo el nombre per se a raíz del escrito “La Virtud del Egoísmo” de la filósofa mencionada anteriormente. Asimismo, existen diferentes posturas con respecto al Estado, algunos aclaman su eliminación y otros sostienen que es un mal necesario siempre y cuando su intervención en la vida de los individuos sea mínima. Sin embargo, me atrevo a generalizar en que todos consideramos al Estado como aquel que ejerce el monopolio de la violencia en contra de los individuos.

De igual manera, todos, nuevamente generalizo, al hablar de sistemas económicos sostenemos que el mejor sistema es aquel cimentado en el libre mercado a través de acuerdos voluntarios generados entre los individuos pregonando la no intervención del Estado en la economía. En tal sentido, Adam Smith hizo mención a lo que él denominó la armonía de los intereses: con un mercado libre y competitivo se obligaba a cada individuo a servir a la sociedad mientras él se servía a sí mismo. Aquellos quienes no comparten este pensamiento nos tildan de fundamentalistas de mercado, y si bien es cierto que el mercado no es infalible prefiero las fallas de este a las cometidas por el Estado cuando interviene en la economía.Teniendo esto en consideración: ¿dónde nace la discordia dentro del mundo liberal-libertario? Desde un punto de vista personal, la discordia emerge en las cuestiones que hacen a la cultura. Al respecto, existen diferentes aristas en las cuales los libertarios nos encontramos en discordia, como, por ejemplo, el aborto o el mal llamado matrimonio igualitario (siendo que hombres y mujeres somos iguales ante la ley), entre otros tópicos. No es el objetivo de este artículo esbozar sobre los puntos en discordia, sino más bien dilucidar porqué existen diferencias.

En tal sentido, Vanesa Vallejo ha realizado dos columnas en donde, desde su punto de vista, existe una relación entre el conservadurismo y el libertarianismo, lo cual comparto plenamente. El tener una convicción personal de considerar que los valores que erigieron la cultura occidental, es decir los valores judeo-cristianos, puedan tener una relación con la filosofía libertaria no es equívoco.

Existen numerosos autores libertarios como Murray Rothbard, Llewellyn Rockwell, Hans-Hermann Hoppe, Miguel Anxo Bastos, entre otros que se consideran paleolibertarios. La pregunta sería por qué si defendemos los valores conservadores nos consideramos paleolibertarios y no conservadores per se.

 

La respuesta a lo anterior radica en que un paleolibertario, si bien es moralmente conservador, no intenta obligar a través del Estado, aquel que ejerce el monopolio de la violencia, a que las demás personas se rijan por el mismo código de valores. Por ejemplo, la prostitución puede considerarse, dependiendo de la subjetividad del individuo, como una actividad moral o amoral, en mi caso lo considero una actividad amoral. Sin embargo, no estaría dispuesto a que esta siga siendo prohibida, siendo que las mujeres y hombres que se dedican a dicho rubro han tomado la decisión voluntaria de hacerlo, sin violar el aclamado principio de no agresión, diferente a la trata de blancas.

De igual manera, podemos mencionar el caso que habla el artículo, el hecho de que Rothbard sea prolegalización no lo hace un conservador moralmente. Nuevamente, estar a favor de la legalización de las drogas no lo exime a uno de ser conservador moralmente.

Justamente esa es la diferencia por antonomasia entre un conservador moral y uno político: el primero puede considerar negativo que una persona consuma drogas, pero no pretende prohibir si un individuo decide voluntariamente injerir narcóticos; el segundo, al considerar que el consumo de drogas es negativo, pretende imponer su percepción sobre el tema a los demás a través de la fuerza coactiva del Estado.

Asimismo, la escritora colombiana había escrito en uno de sus artículos “No quiero tener amigas prostitutas y abiertamente digo, obedeciendo a mis principios, que no está bien la prostitución”. Esta posición para nada es contraria a la filosofía libertaria. Por el contrario, es congruente con el pensamiento libertario debido a que ella en su libertad tiene la potestad de discriminar con quién quiere relacionarse o no. Debido a que somos libertarios y creemos en la libre asociación entre los individuos y en la propiedad privada, sería incoherente negar la libertad de discriminar a quienes queremos y no en nuestras vidas.

En los casos señalados, queda en evidencia que es posible ser libertario y al mismo tiempo ser moralmente conservador, lo uno no se interpone a lo otro. Siempre y cuando no se pretenda imponer no va en detrimento de la postura libertaria. Un paleolibertario o libertario conservador se adscribe a una base moral, que no necesariamente descansa en una religión, a través de la cual determina que es “bueno” y “malo” para uno mismo.

Como decía Walter Block: si juntas a “diez libertarios en una habitación obtendrás once puntos de vista diferentes sobre lo que es el libertarismo”. Estoy seguro que luego de este escrito, también me retirarán el “carnet del libertarismo” y empezarán a llamarme un conservador disfrazado de libertario.

*Federico Rabino es el Director Ejecutivo de Fundación Issos para la Libertad y el Desarrollo.

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