Virales

Newsletter

El socialismo es la racionalización de la envidia

By: Guillermo Rodríguez González - Sep 19, 2016, 4:44 pm
(Flickr) socialismo
El socialismo no se limita a manipular la envidia de sus seguidores, teoriza la legitimidad moral universal de la envidia como una falsificación de la justicia. (Flickr)

Nuestro mundo es el más libre y prospero que ha existido, miles de millones han sido arrancados de la miseria secular por modestos avances de la libertad en la producción y el comercio, mientras bajo regímenes de amplia libertad viven hoy más hombres que nunca en la historia, pero con escasas excepciones, en países desarrollados o atrasados, la mayor parte de los hombres se muestran ansiosos de entregar su libertad a cambio de igualdad y seguridad, aunque tienen abrumadora evidencia de que la única igualdad que obtendrían, de lograrlo, sería la de la miseria en la que lo único seguro es que se obligaría a venerar las cadenas de su propia esclavitud.

Y no es por ignorancia, conocen la realidad pero la niegan empeñados en el ideal igualitario del socialismo con una pasión viciosa que justifican ante sí mismos por creencias que, proclamándose racionalistas, modernas y científicas desde el siglo XIX, no son sino racionalizaciones de la más primitiva superstición. La pasión bajo cuyo imperio actúan quienes adhieren irracionalmente el socialismo no es otra que la envidia, de la que nacen resentimientos a los que se entregan con una negación tan firme como para engañarse a sí mismos sobre sus motivos. El socialismo no se limita a manipular la envidia de sus seguidores, teoriza la legitimidad moral universal de la envidia como una falsificación de la justicia.

No hay ingenuidad ahí, algunos de sus mayores intelectuales admitieron abiertamente la envidia como pasión oculta tras la adherencia a políticas igualitarias, Bertrand Russell, uno de los más destacados intelectuales del socialismo británico explicó:

“La envidia es la base de la democracia. Heráclito dice que se debiera haber ahorcado a todos los ciudadanos de Éfeso por haber dicho: “No puede haber entre nosotros ninguno que sea el primero.” El sentimiento democrático de los Estado griegos, casi en su totalidad, debió de haber sido inspirado por esta pasión. Y lo mismo puede decirse de la democracia moderna. Es cierto que hay una teoría idealista según la cual la democracia es la mejor forma de gobierno, y yo, por mi parte, creo que la teoría es cierta. Pero no hay ninguna rama de política práctica en donde las teorías tengan fuerza suficiente para efectuar grandes cambios; cuando esto ocurre, las teorías que lo justifican son siempre el disfraz de la pasión. Y la pasión que ha reforzado las teorías democráticas es indiscutiblemente la pasión de la envidia”.

Ningún humano está libre de envidia, su base es tan instintiva que la compartimos con otros primates, es imposible no sentirla, pero es posible identificarla como un vicio moral, condenarla y someterla a control individual y social. La envidia es atávica, fue clave de la unidad de propósito de grupos humanos primitivos, con y por su condena y control, el hombre evolucionó de esos minúsculos grupos miserables a la sociedad a gran escala, en la que sin embargo conserva el atávico anhelo igualitarista como una superstición envidiosa para creer que cuando otro se destaca y supera al resto, algo le ha quitado injustamente.

Sostener que cualquiera que nos supera en resultados, o en habilidades nos habría robado, exige un mecanismo misterioso con que ese “robo” invisible pueda explicarse, fue fácil mientras prevaleció la creencia en la hechicería –un medio mágico que no requiere de explicación o evidencia– pero en culturas que han superado tal superstición, la legitimación de la envidia exige otras supersticiones que justifiquen al envidioso para acusar al envidiado de ser más, injustificadamente, a costa de quienes le envidian. Que la creencia en la teoría socialista sirva al envidioso contemporáneo al propósito que la creencia en la hechicería le servía en las culturas primitivas, explica al socialismo como racionalización supersticiosa y antisocial de un atavismo.

Quien actúa bajo la influencia de un poderoso sentimiento, tan poderoso que le denominamos pasión, no es libre, como no lo sería un enfermo mental, o quien actué bajo el efecto de ciertas drogas. Su juicio está bajo el influjo de una pasión que lo nubla y le impulsa a actuar de forma diferente a como actuaría libre de tal influencia, es una enfermedad moral, no sicológica o neuronal, y a eso le llamamos vicio. Vicio es lo que se sobrepone a la voluntad, la domina y la sustituye, aunque la voluntad puede dominar la pasión, el sentimiento y aún el instinto, cuando el vicio la supera, se impone la ausencia de voluntad para contralar una pulsión que se hace adicción, y la envidia es un vicio adictivo.

La mayoría de los vicios afectan exclusivamente al vicioso, o a su círculo más inmediato, algunos ni siquiera le impiden ser productivo y socialmente útil, pero la envidia es un vicio realmente antisocial pues quien ha caído en aquélla estará dispuesto a perseguir y soportar cualquier daño sobre su persona y sus bienes a cambio de disfrutar el mal ajeno, en tanto sea el mal de aquél o aquéllos que envidia.

Quienes han sucumbido a la pasión viciosa de envidiar han perdido su libertad interior y en ausencia de buen juicio se ven impulsados a actuar apasionadamente contra la libertad de los demás, e incluso de ellos mismos, en el orden social. ¿Qué puede satisfacer a la envidia que no sea destruir el bien envidiado? ¿Y qué sino la arbitrariedad totalitaria, otorgaría eso a millones de envidiosos? Como el envidioso no necesita tener él mismo el poder, sino que la arbitrariedad que defiende caiga sobre aquéllos que envidia, y para lograrlo soportará cualquier daño para sí mismo, cualquier cultura en que condena social de la envidia no impida que la mayoría rinda su libertad a ese vicio, verá destruida la libertad de todos y cada uno, paso a paso, en sociedades empobrecidas y finalmente sometidas al totalitarismo por los efectos de ese vicio en la legislación y el gobierno.

 

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Colombia: uribismo refuta a Vargas Llosa y lo invita a leer acuerdo Santos-Farc

By: Sabrina Martín - @SabrinaMartinR - Sep 19, 2016, 4:32 pm
Uribismo contra Mario Vargas Llosa

El Centro Democrático, partido político del expresidente colombiano Álvaro Uribe, expresó su rechazo ante el mensaje del escritor peruano Mario Vargas Llosa sobre los acuerdos de paz que se llevan a cabo entre las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos. Vargas Llosa afirmó en un artículo titulado "El precio de la paz" que está a favor de los acuerdos entre la guerrilla y el Gobierno colombiano y señaló que si él pudiera hacerlo, votaría al "sí" en el plebiscito; ante esto; en una carta firmada, la juventud del uribismo y el mismo expresidente, manifestaron el rechazo a lo expresado por el premio Nobel de Literatura. Lea más: Nobel peruano cambia de opinión: apoya el “sí” en el plebiscito de Colombia Lea más: Uribismo entabla demanda contra cambio constitucional que legaliza acuerdo Santos-FARC "Convencidos de su espíritu democrático, lo invitamos a leer el acuerdo de 297 páginas para que verifique que el objetivo no es la paz, sino imponernos el modelo que ha hecho tanto daño a Cuba y a Venezuela", se lee en el documento. El en el texto además desaprueban que Vargas Llosa compare experiencias como las de El Salvador y Guatemala con la situación en Colombia: “No son iguales a nuestro caso porque eran insurgencias armadas contra dictaduras y no democracias afectadas por el terrorismo”, señala. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); }); El documento reitera también que "las democracias se fortalecen castigando a aquellos que, como las FARC, desestimaron las múltiples oportunidades de ingresar a la legalidad; no premiándoles con participación política y cero cárcel sus múltiples masacres, el reclutamiento de miles de menores, el abuso sexual y posterior obligación a abortar de centenares de niñas, el narcotráfico y la minería ilegal". A través de su columna de opinión publicada el sábado 17 de septiembre en el diario El País de España, Vargas Llosa aseguró que “si fuera colombiano, y pudiese votar”, votaría por el "sí" en el plebiscito sobre los acuerdos de paz a los que llegó el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que se celebrará el próximo 2 de octubre. El chileno aseguró que se decidió por la opción de respaldar los acuerdos de paz tras leer “el buen artículo” de Héctor Abad Faciolince publicado en El País el pasado 3 de septiembre. “¿No es mejor un país donde tus mismos secuestradores estén libres haciendo política, en vez de un país en que esos mismos tipos estén cerca de tu finca, amenazando a tus hijos, mis sobrinos, y a los hijos de tus hijos, a tus nietos?”, escribió el nobel citando a Faciolince. Fuente: El País.

Boletín electrónico

¡Recibe lo último de PanAm Post por correo electrónico!

Nunca compartiremos tu correo electrónico con nadie.