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¿La desigualdad de ingresos es necesariamente incorrecta?

By: José Azel - Ago 30, 2016, 9:58 am
(FAR) desigualdad
Lo importante no es la desigualdad en sí, sino cómo surge esa desigualdad. (FAR)

Recientes reportes sobre distribución mundial de la riqueza muestran una tendencia al incremento de la desigualdad. De acuerdo con un informe del Boston Consulting Group, el número de familias millonarias creció 6 % a nivel global durante 2015, quienes poseen el 47 % de la riqueza mundial. China e India tuvieron grandes incrementos de familias millonarias, pero Liechtenstein y Suiza mantenían las mayores concentraciones. Las familias millonarias representan el 1 % de la población mundial, pero poseen cerca de la mitad de la riqueza privada global.

En Estados Unidos la desigualdad de ingresos ha venido creciendo por unos 35 años y casi todo el mundo cree que siempre es indeseable. Pero, ¿es así? Lo importante no es la desigualdad en sí, sino cómo surge esa desigualdad.

Primero descartemos analíticamente la desigualdad que surge de privilegios garantizados por el Gobierno, acciones injustas, deshonestidad, corrupción, favoritismo, robo, o cualquier riqueza producto de ingresos ilegales. Esa desigualdad es definitivamente dañina y debe combatirse vigorosamente. Lo que analizamos aquí es solamente la desigualdad que resulta de la creación de bienes y servicios. Esa desigualdad deriva naturalmente de la creación de valores por alguien, y no es un juego de suma cero donde un grupo necesariamente le quita a otro.

La desigualdad es un fenómeno natural que surge de nuestra diversidad de talentos, capacidades, preferencias, decisiones y más. Cuando nuestras actividades crean algo de valor y nuestra riqueza crece, estamos mejor, pero también lo está la sociedad. Quienes condenan la desigualdad plantean erróneamente que el pastel económico es de tamaño invariable y que una tajada mayor para alguien implica menos para otros.

La evidencia sugiere que, en economías de mercado, la desigualdad incrementada y el crecimiento económico funcionan en conjunto agrandando el pastel económico. Patrones en naciones desarrolladas muestran que más desigualdad se acompaña por una clase media más rica y una población pobre más rica. Mayor desigualdad se relaciona con mejores niveles de vida tanto para quienes están por debajo de los más altos niveles de ingreso como para quienes están en los más altos.

El enorme éxito financiero de negocios como Microsoft, Apple, Goggle, Facebook y muchos otros ha hecho a sus fundadores e inversionistas enormemente ricos. Su riqueza ciertamente ha incrementado la desigualdad económica ampliando los rangos de los súper ricos. Pero también estamos todos mejor como resultado de sus éxitos, y nuestras vidas y oportunidades han mejorado por los productos y servicios que ellos crearon.

Angus Deaton, que recibió el Premio Nobel de Economía en 2015 y es conocido por sus estudios sobre la desigualdad, nos urge a mantener una visión no moralizadora de la desigualdad: “La desigualdad es muy compleja, y es simplista pensar si es buena o mala. No tiene sentido condenar la desigualdad. Es el equivalente de decir que el progreso es malo. El progreso siempre ha sido desigual”.

El profesor Deaton enfatiza que la desigualdad surge cuando un individuo o grupo progresa. Esa desigualdad es una medida del éxito, y también un incentivo para ser exitoso. Argumenta que debemos enfocarnos no en la desigualdad, sino en la injusticia.

La medida real de mejoras en la sociedad no es vilipendiar al rico, sino incrementar el bienestar del pobre. La desigualdad natural no rebaja el nivel de vida del pobre. El incremento de la desigualdad global se produce mayormente por la creación de nuevas riquezas.

Milton Friedman, que también recibió el Nobel de Economía (1976), argumentaba que la política económica debe enfocarse en la libertad como valor primario y no en la desigualdad económica. Desde su punto de vista, algún grado de desigualdad es deseable en un sistema económico funcionando bien, y es inevitable si vamos a respetar la libertad. En Free to Choose (con su esposa Rose Friedman) explicó:

Una sociedad que pone la igualdad -en el sentido de igualdad de resultados- delante de la libertad, terminará sin igualdad ni libertad… por otra parte, una sociedad que pone primero la libertad terminará, como consecuencia, con ambas cosas: mayor libertad y mayor igualdad.

La libertad es un valor ético por derecho propio. Aceptar la libertad requiere que aceptemos los resultados que surgen de nuestras transacciones voluntarias.

José Azel José Azel

Destacado académico en el Institute for Cuban and Cuban-American Studies de la Universidad de Miami. Azel sufrió el exilio político de Cuba a los 13 años, en 1961, y es autor de Mañana en Cuba. Sigue @JoseAzel.

La migración de Centroamérica a EE.UU. no parará con un cheque a los Gobiernos

By: Adriana Peralta - @AdriPeraltaM - Ago 30, 2016, 9:41 am

EnglishLos migrantes guatemaltecos, salvadoreños y hondureños (países que conforman el triángulo norte) no pararan de llegar a los Estados Unidos, tienen razones de sobra para abandonar estos países centroamericanos. Violencia entre maras, guerra entre carteles, problemas económicos, son solo unos de los incentivos para huir del Triángulo Norte. Los afortunados lo hacen a través de avión, los menos afortunados llegan a Estados Unidos —si es que llegan— después de caminar en México y sus desiertos. Desde el inicio de la civilización el humano ha emigrado para mejorar su situación actual. El incentivo no ha cambiado a lo largo de la historia, ha tenido altibajos o distintas motivaciones —desde europeos huyendo de la Segunda Guerra Mundial, la hambruna en Irlanda, la actual guerra en Siria— pero no muta radicalmente. Para detener la migración se necesita mejorar los cimientos en los que una sociedad libre está fundada —vida, propiedad y libertad— y que así su mayor producto de exportación sean bienes, no personas. Lea más: Honduras recibirá fondos mediante la Alianza para la Prosperidad Lea más: Los retos y obstáculos del renovado Triángulo Norte “Hemos juntando esfuerzos como región para combatir el crimen trasnacional, hay compromisos que vamos a comenzar a implementar, algunos de ellos a partir de septiembre” fueron las declaraciones el 21 de agosto de Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador, durante la firma de un acuerdo de seguridad transnacional entre su país, Guatemala y Honduras. Este será un “frente común” entre los tres países en contra del crimen organizado y violencia. Lea más: Países centroamericanos adoptarán plan unificado contra pandillas Este acuerdo se da dentro de la Alianza para la Prosperidad. La Alianza es el más reciente cheque —uno cuantioso por US$750 millones asegurados en el presupuesto de EE.UU. de 2016, falta por ver las cifras para los siguientes años— que Estados Unidos le manda al Triángulo Norte para que este pueda remediar sus problemas y de forma indirecta, disminuir los incentivos para migrar ilegalmente hacia Estados Unidos. La Alianza por la Prosperidad fue anunciada —con todo una editorial del vicepresidente estadounidense Joe Biben en el New York Times— a principios de 2015, como una iniciativa de los cuatro países para incrementar la inversión y el comercio, disminuir la violencia y fortalecer sus instituciones. Tal programa ignora problemas fundamentales de las sociedades que busca mejorar: corrupción y falta de Estado de Derecho. ¿Cómo pretenden que ese dinero no vaya a arcas que están rotas gracias a manos corruptas? El plan busca mejorar índices de desarrollo humano de aquí al 2020, pero olvidan que uno de los mayores motores de desarrollo humano —el Estado de Derecho— no se desarrolla de un día para otro. También la Alianza para la Prosperidad busca remediar problemas generados por otros intervencionismos estadounidenses. ¿Mucho tráfico de drogas en Colombia? Combatámoslo. Efecto no planeado: fortalecimiento de los cárteles mexicanos, sub efecto: Centroamérica es una pista de drogas. ¿El plan incluye una cacería de narcotraficantes estilo Colombia en los años 90? Lea más: “Faltan voces más contundentes a favor de la legalización de drogas en América Latina” En ningún lado de la Alianza se establece cómo los Estados Unidos disminuirá la demanda de drogas que genera su país, que por lo tanto, genera oferta. Oferta que transita en Centroamérica dejando una estela de violencia a su paso. En un tema similar: ¿Cómo harán que el dinero del narcotráfico no corrompa a más gobernantes centroamericanos? Estados Unidos, el país que en el continente más migrantes recibe, está fundado bajo los principios de la libertad y posee una constitución que ha sufrido pocos cambios desde 1776. En cambio los países centroamericanos mutan las reglas de juego cada pocos años, o con suerte, cada pocas décadas. ¿Acaso los partidos en el poder tienen prohibido cambiar una sola regla —para bien o para mal— de aquí al 2020? ¿Acaso los Estados Unidos ignora el poco compromiso del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) —partido que cada cierto tiempo ataca la Sala de lo Constitucional— con la democracia en El Salvador? ¿Ignora Estados Unidos que el FMLN a la primera de cambio imitaría a Venezuela, o sin ir tan lejos, a Daniel Ortega en Nicaragua? Los Estados Unidos al crear programas como este, olvida que la llave de su prosperidad no se dio por un ente planificador que disponía cómo y cuándo las personas harían qué y de qué forma. Este plan no resuelve muchas dudas y de ninguna manera asegura que la migración ilegal disminuirá. La prosperidad de los Estados Unidos se dio gracias a la defensa de la libertad del individuo; al establecimiento claro de los límites del gobierno y su injerencia en la vida privada de los ciudadanos; por la creencia que todos los hombres son iguales ante la ley; y por la protección a la propiedad privada, que asegura que cada persona puede disponer de los bienes fruto de su esfuerzo como a este le plazca. Principios que Estados Unidos parece olvidar o ignorar. // ¿Quién tiene la pelota para crear prosperidad en Centroamérica? El protagonista parece ser ignorado en todo este plan. Ese protagonista son las sociedades civiles de las tres naciones las que tienen que limitar el poder de sus gobernantes y combatir su corrupción. El primer paso para la prosperidad en un país es una sociedad llena de ciudadanos, no de súbditos. Sin ciudadanos comprometidos —y para crear ciudadanos comprometidos no hay cheque que valga— programas asistencialistas como este solo arreglará algunos síntomas, pero no arreglará la falta de Estado de Derecho, que en el fondo, es la enfermedad del Triángulo Norte.

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