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Socialismo, socialdemocracia y capitalismo explicados como notas de una materia

By: Guillermo Rodríguez González - Sep 27, 2016, 6:23 pm
(Peter) socialismo
El socialismo ha demostrado sus nefastos resultados a lo largo de la historia. (Peter)

Hace mucho tiempo en una universidad muy, muy lejana, un profesor al que sus colegas consideraban un odioso reaccionario recalcitrante e incorregible, explicó el socialismo, la socialdemocracia y el capitalismo, usando como ejemplo las puntuaciones y promedios de ese sistema de evaluación en que la máxima nota era de 20 puntos, se reprobaba una materia al obtener menos de 10, y los estudiantes requerían no reprobar ninguna materia y mantener un promedio apenas mayor de aprobado para graduarse y obtener un título profesional.

El socialismo revolucionario

– Antes de empezar, ¿tienen alguna pregunta? – inició el profesor en su primera clase.

– Profesor, ¿qué es el socialismo?

– ¿Tu promedio en el semestre pasado fue de 17 puntos?

– Sí profesor, ¿por qué?

-Es una excesiva e injusta acumulación de puntos en pocas manos, obviamente producto de la explotación de los más débiles. A partir de ahora la revolución expropiará a los explotadores y establecerá la puntuación socialmente justa. Tu promedio es incautado por explotador, ahora tienes un promedio de 0 en el semestre pasado, se repartirán 4 puntos entre todos y los otros 16 puntos son del poder revolucionario para asignarlos según las prioridades la revolución.

– ¡Eso injusto y abusivo, yo gané mi promedio estudiando!

– Expulsado por agitador contrarrevolucionario.

– ¡Pero usted no puede robarme mi promedio y expulsarme por decir la verdad!

– Puedo, porque tu promedio no es tuyo sino de todos, y tu verdad no es la verdad de los oprimidos, la verdad de los opresores no importa ya, la única verdad ahora es la de la justicia revolucionaria.

– ¡Su verdad revolucionaria no es verdad, profesor, es mentira, es injusta y es absurda!

– Muy cierto. Primera pregunta respondida, ¿alguna otra? – agregó el profesor.

El socialismo democrático

– ¿Qué es la socialdemocracia, profesor?

– ¿Ustedes están de acuerdo con la justicia social, la responsabilidad social y la democracia social?

– Sí profesor, claro que sí. Con todo eso – respondieron a coro.

– ¿Conocen el nuevo sistema de puntuación democrático y socialmente responsable que aplicaremos?

– No, ni sabíamos que existía… ¿Cómo será, profesor?

– Todos los puntos que saquen por encima de 10 serán restados de los notas como impuesto social y redistribuidos entre los que sacaron menos de 10 puntos.

-¡¿En serio?!

– Sí. En serio. Y a sus promedios anteriores se les aplicará una redistribución estadística para ser reajustados restando para redistribuir todo lo que se considere excesiva acumulación.

– ¡Eso es injusto, se está premiando a los vagos, no puede ser, así nadie va a querer estudiar, para qué, si yo me mato estudiando y saco 20, voy a terminar con menos nota que uno que reprobó con 8 y le regalan puntos que me robaron! ¡Es un robo! ¡Mis puntos son míos!

– No es un robo, es un impuesto progresivo a los más favorecidos en inteligencia, talento, capacidad, preparación y voluntad, a fin de subsidiar a los menos favorecidos. Y un impuesto redistributivo a una acumulación que no estaba sujeta a la justicia redistributiva hasta ahora. Es justicia social y redistribución de la riqueza. Además, se va a someter primero a votación, votarán todos los estudiantes, de todos los niveles, y lo que apruebe la mayoría será lo que se aplique – agregó el Profesor.

– Pero eso es una tontería, si los flojos y los que no están preparados son más, ¡y son más!, van a votar que les regalen los títulos sin necesidad de estudiar nada. Y no les servirá de nada porque al regalárselos a los que no saben nada, los títulos no van a servir de nada. Lo van a aprobar y se van a dañar hasta más ellos mismos. Y no tienen derecho de robarle a los que estudian sus notas y devaluarles sus títulos – reclamaban los alumnos.

– ¿Pero ustedes no creían en la justicia social, en la democracia social? Eso es justicia social y democracia social. ¿Cómo se atreven a oponerse a la justicia social y a la democracia?

– ¡Es un robo y una injusticia! ¡Y será peor para todos, hasta para los que creen que van a salir favorecidos!

– Muy cierto. Segunda pregunta respondida… ¿Alguna otra? – dijo el profesor.

El capitalismo

– Profesor, ¿qué es el capitalismo?

– Si alguien que no estudió y tuvo la suerte de acertar por accidente respuestas de las que no tenía ni idea, saca la misma nota, o hasta más que alguien que estudió muy duro y bien, ¿les parece justo el resultado?

– No profesor, eso no sería un resultado justo – coincidían los estudiantes.

– Si alguien tiene más recursos, habilidades y tiempo para estudiar cómodamente, ¿es justo que se le evaluase igual que a quien tiene menos recursos, habilidades y tiempo para estudiar?

– Es injusto. O tal vez no lo sea. Francamente ahora no estoy tan seguro – decía el que preguntó primero. Lo que sé, y de eso estoy seguro, es que al segundo le va a costar mucho más esfuerzo sacar la misma calificación que al primero.

– ¿Prefieren que les aplique un sistema socialista o uno socialdemócrata de evaluación para evitar esa injusticia?

– ¡No! ¡Nunca! Ninguno de los dos, eso es mucho peor, preferimos que alguien tenga más puntos de los que merece a que nos roben nuestros puntos – reclamaban los estudiantes.

– ¿Hago la evaluación tal y como la entendemos actualmente, según mis más imparciales criterios posibles como profesor, y los evaluó como si todos fueran realmente iguales en talentos, capacidades y suerte, aunque no lo sean en realidad?

– Sí, hágalo así, profesor, es la mejor forma que se conoce. La verdad ese sistema nunca será perfectamente justo, pero las alternativas son mucho peores y mucho más injustas.

Han visto cuál es el único sistema económico que realmente funciona, y aunque se empeñan en considerarlo injusto, cosa que no es, ya no pueden negar que todos los demás son peores. ¡Tercera pregunta respondida! Nos vemos en la próxima clase – concluyó el profesor.

 

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

El voto cubanoestadounidense se independiza del Partido Republicano

By: José Azel - Sep 27, 2016, 5:57 pm
(Vistazo)

Históricamente, la comunidad cubanoamericana ha sido considerada un monolito político, votando mayormente en apoyo al Partido Republicano, al menos a nivel nacional. En la medida que esto ha sido cierto ha sido más aplicable a la temprana comunidad exiliada que ahora llamamos históricos. Lea más: Debate entre Clinton y Trump afectará el peso mexicano Lea más: Trump o Clinton, ¿quién es el menos peor para América Latina? Los orígenes de este apoyo temprano del exilio al Partido Republicano pueden encontrarse en la política exterior de EEUU y la robusta postura anticomunista del Presidente Eisenhower. La posición anticastrista de Eisenhower y el Partido Republicano fue seguida por la canibalización de los planes de invasión de Bahía de Cochinos bajo el liderazgo Demócrata del Presidente Kennedy y el resultante fracaso de la invasión. Esta visible dicotomía en política exterior estableció el escenario para la conducta política como votantes de los primeros exiliados cuando se convirtieron en ciudadanos americanos. Entonces, el tema de la política EEUU-Cuba adquirió máxima importancia para los nuevos votantes cubanoamericanos. Con el tiempo la mayoría de los históricos comenzaron a abrazar los principios de política domestica del Partido Republicano sobre gobierno limitado, sólida defensa nacional, derechos de los Estados, y responsabilidad individual. La mayoría de los descendientes de los históricos hicieron propio el antisocialismo de sus padres, perpetuando la imagen monolítica del electorado cubanoamericano. La llegada de posteriores comunidades exiliadas, crecidas bajo el régimen de Castro e imbuidas de la ideología socialista, comenzó a erosionarla hasta entonces composición política uniforme de la comunidad cubanoamericana. Pero los históricos se mantenían como Republicanos comprometidos, hasta ahora. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Este año todos los candidatos presidenciales favorecen la continuidad de la política EEUU-Cuba comenzada por el Presidente Obama. Sus fundamentos filosóficos y tono pueden diferir, pero todos los candidatos apoyan la reconciliación con el régimen cubano. Para los históricos cubanoamericanos esto significa que uno de sus temas principales no estará en juego en la elección del 2016. Este año tres históricos amigos cubanoamericanos -llamémosles Miguel, Rogelio y José- votarán de manera diferente por primera vez. Hasta donde puedo recordar, esos amigos siempre apoyaron a los candidatos republicanos en las elecciones presidenciales. Son emblemáticos de la generación de los históricos. Sus votos en este ciclo electoral no necesariamente serán entusiastas, pero Rogelio votará por Donald Trump, Miguel por Hillary Clinton, y José por Gary Johnson. Los tres amigos seguirán políticamente su propio camino cada uno. El Partido Republicano les falló. Algunos pueden desesperanzarse con esta desunión política en la comunidad cubanoamericana. Yo le doy la bienvenida y la celebro. Eso significa que no somos una comunidad con un único tema electoral. Significa que no somos una masa irreflexiva que puede ser manipulada fácilmente por la retórica política. Que no podemos ser vistos como incondicionales por los partidos políticos dominantes. Significa que tendrán que ganarse nuestro voto. Significa que hemos madurado como ciudadanos. Que hemos aprendido que un adversario político no es el equivalente a un enemigo para toda la vida. Significa que estamos comprometidos con el proceso democrático. Aquí surge una lección para otras comunidades minoritarias en Estados Unidos, que han sido consideradas incondicionales por el Partido Demócrata. Como comunidades minoritarias necesitan eliminar la infundada certidumbre de los partidos políticos respecto a su voto, y asegurarse de que sus ideas políticas personales se alinean con las plataformas de aquellos que decidan apoyar. La comunidad cubanoamericana lo ha hecho en este año electoral. Este confuso ciclo electoral presidencial ha forzado la sofisticación política de la comunidad cubanoamericana a florecer en todo el esplendor de su diversidad. La diversidad sociopolítica no es una debilidad, es una fortaleza. Lo mismo debería ocurrir con la comunidad afroamericana, la mexicoamericana y todas las comunidades minoritarias cuyos votos son considerados incondicionales por los principales partidos políticos. Debemos regocijarnos de nuestra diversidad política. La noche del día de las elecciones los tres amigos discutirán vehementemente, mientras cenan juntos, sobre sus preferencias políticas, y elevarán sus copas para brindar, pero no por un candidato o partido victorioso. Lo harán para homenajear nuestra gloriosa democracia.

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