Noruega en el banquillo de los acusados

Noruega pretende para Venezuela posiciones y medidas que bajo ningún concepto aceptaría para sí misma

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¿Aceptaría Noruega, por ejemplo, desconocer el resultado de un plebiscito? (Foto: Flickr)

Noruega vuelve a inmiscuirse en los asuntos latinoamericanos, ahora, con Venezuela. La noticia se supo a través de NRK, la estatal radiotelevisión noruega. Este medio informó que con la mediación del Ministerio de Asuntos Exteriores noruego, las conversaciones se habían iniciado en Cuba y luego se trasladaron a Oslo.

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Desde la visión europea -manifestada por Antía Castedo, periodista de la BBC Mundo- «si alguien puede manejarse bien en un contexto como este, con dos partes enfrentadas y un clima político enrarecido, son los diplomáticos noruegos».

Según Castedo, los diplomáticos noruegos son idóneos para intervenir debido a su actuación durante el proceso de paz en Colombia. Expresa que «esto lo sabe bien el gobierno venezolano, ya que tanto Venezuela como Noruega participaron en el proceso de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC, el primero como ‘acompañante’ y el segundo como ‘garante’. Y este es un aspecto clave».

Una postura semejante tiene Lev Marsteintredet, profesor de Política Comparada de la noruega Universidad de Bergen. A su entender, «lo que ayuda a Noruega es la experiencia reciente con Colombia, las relaciones de sus negociadores y facilitadores, que se acercaron a las autoridades cubanas, pero también a los representantes venezolanos» lo que ha derivado en que haya «un cierto nivel de confianza entre los gobiernos de Venezuela y Noruega».

Es llamativo que los europeos estén tan satisfechos con el accionar de los diplomáticos noruegos, lo que contrasta con la opinión que tienen sobre ellos los colombianos y venezolanos. Recordemos que los colombianos le dijeron «no» a los acuerdos de paz en un plebiscito pero los noruegos obviaron el sentir ciudadano y le otorgaron el Nobel a su promotor, el expresidente Juan Manuel Santos.

Al actuar así los noruegos mostraron soberbia. Enviaron el mensaje de que ellos saben mejor que los propios afectados qué es lo que más les conviene. Asimismo, que creen que para los «latinoamericanos» («el buen salvaje») están bien ciertas cosas que jamás aceptarían para sí mismos. Por ejemplo, desconocer un pronunciamiento popular manifestado en un plebiscito o bastardear a la democracia al «regalar» bancas parlamentarias desligándolas del voto popular,  e incluso en contra de él.

Los noruegos, ¿son incapaces de realizar una autocrítica tras los resultados obtenidos en Colombia tras la firma de la «paz»? ¿No les llama la atención que los dictadores –venezolanos y cubanos– estén fascinados con su actuación y les piden «que vuelvan» mientras que los venezolanos de a pie les exhortan a mantenerse alejados? ¿No son conscientes de que han sido «garantes» de una tremenda burla, donde las víctimas han quedado sin justicia y los victimarios premiados? ¿Qué han incentivado a los violentos porque «el delito paga»?

Dado que el 20 de junio fue el Día Mundial de los Refugiados, analizaremos la actuación de Noruega con respecto a Colombia y Venezuela, y expondremos las consecuencias que ha acarreado.

Lo primero que cabe señalar, es que la mediación noruega no ha aminorado el sufrimiento de los venezolanos. Según el reciente informe de Tendencias Globales: Desplazamiento forzado en 2018 de Acnur – la agencia de la ONU para los refugiados- los venezolanos encabezan la lista mundial de nuevas peticiones de asilo. Según sus estimaciones, unas 5 000 personas se ven forzadas a abandonar su país diariamente. Las 341 800 venezolanos que en 2018 pidieron protección internacional superaron ampliamente al número de afganos y sirios, los siguientes en esa clasificación.

No da la impresión de que lo noruegos le hayan exigido a la narcodictadura de Nicolás Maduro que suavice la mano. Por el contrario, como tantas veces con anterioridad, el diálogo solo ha servido para que envalentonado aumente la represión, avanzando sobre los diputados de la Asamblea Nacional.

¿Y qué está pasando en Colombia tras el acuerdo de paz?

La Unidad para la Atención y Reparación Integral para las Víctimas (UARIV) de Colombia advierte que hasta setiembre de 2018 había más de ocho millones de personas desplazadas. Es el país con más desplazados internos en el mundo.

En el informe de 2019 -elaborado conjuntamente por el Equipo Humanitario de País y la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA)- se expresa que luego de «cuatro años de Diálogos de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP se dio la firma de un Acuerdo, el cual debía también representar el alivio humanitario en muchas regiones golpeadas». Sin embargo, no fue así. «El deterioro de la situación humanitaria interna en Colombia, se refleja en más de 5.1 millones de personas con necesidades», señala el informe.

Dicho documento expresa que entre 2012 y 2016 –cuando se produjo el cese bilateral del fuego acordado entre el gobierno colombiano y las FARC-EP– pareció que se había aliviado la situación humanitaria en las zonas donde operaban los guerrilleros. Por lo menos, así lo indicaban los registros oficiales. Pero descubrieron que esos documentos no son del todo fidedignos. Hubo un rezago en la información de más o menos dos años. La consecuencia fue un sub registro de entre 65 % y 75 % en los reportes de cada año.

Pero de lo que no cabe duda, es que después de la firma de dichos acuerdos (noviembre de 2016), se ha deteriorado notoriamente la situación humanitaria en gran parte de Colombia. En la actualidad, «las tendencias y recurrencia en las emergencias humanitarias como desplazamientos masivos y confinamientos, al igual que otros indicadores humanitarios, igualan niveles de años en los que se llevaban a cabo los Diálogos de Paz».

En 2018, recrudeció la violencia armada. «La persistencia de acciones armadas y ataques contra civiles sigue dejando víctimas, violaciones a los derechos humanos, infracciones al DIH (Derecho Internacional Humanitario) […] Comunidades étnicas y campesinas que habitan zonas rurales de difícil acceso geográfico y habitantes de zonas urbanas con presencia de actores armados, son quienes concentran las afectaciones humanitarias y riesgos de protección, la continuidad y aumento de hechos victimizantes es el resultado de las nuevas dinámicas de la violencia y el conflicto […] el incremento de prácticas como masacres y tortura vuelven a ser parte del contexto actual».

En los últimos tres años, la violencia contra diferentes perfiles de civiles ha aumentado, registrándose más de 4 400 ataques.

Esa situación ha provocado desplazamientos masivos, confinamientos, restricciones de acceso humanitario, heridos y muertos en acciones armadas, amenazas, agresiones y homicidios contra líderes sociales, comunitarios y defensores de los derechos humanos. En los lugares donde hay minería ilegal y plantaciones ilícitas, hay explotación y abuso sexual y reclutamiento forzado de mujeres, niños y adolescentes.

El documento subraya que «desde la firma del acuerdo de paz, se han desplazado más de 57 800 personas en eventos masivos según el seguimiento que realiza OCHA con apoyo de UMAIC. Preocupa que, entre enero y octubre de 2018 se desplazaron más de 30 000 personas, representando un 66 por ciento más del total registrado en 2017 y superando las cifras anuales de los últimos cinco años. Los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados (68 %) en el país son la principal causa de estos hechos, destacándose las disputas entre el ELN y EPL (32 %) en Norte de Santander (frontera con Venezuela), con más de 12 600 personas desplazadas en eventos masivos; acciones unilaterales de grupos armados existentes, nuevos grupos y otros desconocidos (algunos con vínculo criminal) como parte de la nueva dinámica de la violencia, también impactan los departamentos de Nariño, Antioquia y Chocó (más de 16 000 personas)».

Por lo expuesto, se ve claramente que la fama de los diplomáticos noruegos no se condice con los resultados que realmente obtienen. Ellos seguirán ufanándose de sus «logros» y posicionándose a nivel mundial como los grandes «diplomáticos», mientras que colombianos y venezolanos sufrirán las consecuencias de arreglos tan infames.

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