Argentina en la encrucijada de la inflación y la recuperación económica

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Argentina aún continúa su batalla para reducir la inflación y le queda un largo corrido por recorrer (Youtube).

El 2017 presenta un doble desafío para Argentina: reactivar la economía lo más rápido posible para terminar con el estancamiento y continuar con el proceso de desinflación.

Por un lado, con la motivación de volver a crecer existen tentaciones de reducir la tasa de interés que ejerce el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Por otro lado, Argentina aún continúa su batalla para reducir la inflación y le queda un largo corrido por recorrer. Para que este objetivo se cumpla, la tasa de interés de referencia no puede reducirse en exceso. Sólo podría bajar en tanto y en cuanto las expectativas de inflación caigan. ¿Cómo afrontará este doble desafío Argentina en el 2017?

Desde el punto de vista inflacionario, el trabajo que se está realizando es acertado. El último dato de inflación (+1,3 % mensual) volvió a alcanzar el objetivo de corto plazo (+1,5 % mensual). Más aún, la inflación núcleo (que no tiene en cuenta productos estacionales ni regulados) también se ubicó en +1,3 %.

Esta noticia es buena, ya que se venía ubicando en torno al +1,7 % hace varios meses. No es sencillo ser optimista con la inflación en Argentina debido a que en términos interanuales cerró el año cerca del +40 % y el sinceramiento de tarifas dificulta la batalla a la baja. No obstante, debemos recordar que parte de esta inflación es heredada de la gestión anterior que dejó el gobierno con un elevado ritmo de emisión monetaria (aproximadamente +40 % interanual). El efecto de una inyección monetaria no es inmediato en la economía y tiene lags (desfaces) de 12/18 meses. Durante el 2016, la emisión monetaria se redujo considerablemente y ese efecto comenzará a verse, sobre todo en la segunda mitad del año.

Enero mostró una sorpresa cuando la base monetaria se expandió en un +40 % interanual y volvió a encender algunas alarmas. Sin embargo, aún no es necesario preocuparse tanto. En primer lugar, la expansión del +40 % se está midiendo punta a punta, cuando lo más correcto es medir la variación promedio del mes. De esta manera, la ampliación de la base monetaria sería del +35,3 %. Por otro lado, a mediados del año pasado hubo un cambio de normativas en los encajes bancarios,  lo que hizo que se infle la base monetaria más de lo normal. En concreto, si se toma la expansión promedio de la base monetaria del bimestre diciembre-enero y se deja de lado el cambio normativo, la expansión habría sido del +20 % interanual. Esto no quiere decir que no haya que preocuparse, pero tampoco desesperarse.

En cuanto al crecimiento, la economía pareciera estar tocando fondo; es de esperar que comience a observarse una recuperación en la industria automotriz, el campo, etc. Además, al ser año electoral, el rol de la obra pública empujará la demanda agregada lo que generará que la economía crezca, pero sólo en el corto plazo. En este sentido, el 2017 no preocupa en términos de actividad. Son el 2018 y 2019 los que levantan mayores dudas. ¿Por qué? Porque continúan sin resolverse los numerosos problemas de fondo (déficit fiscal, elevado gasto público, presión tributaria récord, débil calidad institucional, falta de competitividad).

Poco se ha hecho en estas materias y de no cambiar esa situación, las tan esperadas inversiones no llegarán. Justamente, son las inversiones las que generan un crecimiento de largo plazo y sostenido creando puestos de trabajo.

 

En cambio, el gobierno está muy ocupado por ganar las elecciones legislativas del 2017 en octubre. Desde luego que ganar las elecciones es importante para el gobierno de Cambiemos y su gobernabilidad. Pero no alcanza sólo con tener un escenario político a favor para que la economía repunte.

Por último, existe el riesgo de qué con el objetivo de repuntar en el nivel de actividad, el BCRA se vea presionado a reducir la tasa de interés. Esto podría llegar a ser peligroso. En primer lugar, siempre que existe un escenario de estanflación, la tasa de interés de referencia entra en este dilema.

Por un lado, hay incentivos a reducirla para que el nivel de actividad crezca, y por el otro a subirla para domar la inflación. En la medida que se avanza en una dirección, se cede en la otra con sus esperadas consecuencias. No obstante, el caso de Argentina es aún más problemático.

Luego de diez años de tener una economía cerrada el país perdió, en términos de competitividad, y es muy difícil ahora competir con el mundo. No debemos olvidar que en los últimos años del kirchnerismo, la tasa de interés real (no nominal) era negativa y aun así el país no logró crecer. El punto es, no alcanza sólo con manejar la tasa de interés, deben solucionarse el resto de los problemas de fondo si queremos que los efectos de la política monetaria tengan efecto. No sea cosa que se quiera reactivar la economía bajando la tasa y no surja efecto, y encima, se atente contra la batalla inflacionaria que viene por buen camino.

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