Timochenko, el Trotsky de Díaz Canel

¿Es Timochenko el archiduque al que el Foro de São Paulo necesita eliminar para desatar la guerra continental revolucionaria que ha anhelado desde siempre la gerontocracia militar cubana?

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Timochenko
Juan Manuel Santos, Raúl Castro y Timochenko en los «diálogos de paz» de Cuba. (Foto: Naciones Unidas)

¿Qué habría pasado si hubieran matado a Timochenko el pasado fin de semana?  Prevenir delitos es un oficio ingrato. En Hollywood hacen muy buenas películas sobre héroes que salvan el mundo pero que nadie termina reconociendo, porque un día sin apocalipsis es, básicamente, otro día cualquiera.

Esto resulta especialmente cierto por lo sucedido el fin de semana pasado cuando el general Oscar Atehortúa de la Policia Nacional anunció la neutralización exitosa del magnicidio que se iba a realizar contra Rodrigo Londoño, alias «Timochenko».

Sin embargo, es muy importante pensar en qué habría pasado si el asesinato se hubiera concretado. ¿Qué habría pasado si hubieran matado a Timochenko el fin de semana? Colombia estaría en llamas.

La estrategia del Foro de São Paulo de crear una serie de movilizaciones simultáneas en varios países de Latinoamerica en donde la violencia urbana, liderada por el lumpen criminal venezolano enviado en medio de la crisis de refugiados (que alcanzó niveles de guerra como por ejemplo en Chile y en Colombia en Cali) deja claro que la fórmula que han planeado desde La Habana (y van a operar desde Caracas) para lograr  aflojar la presión internacional contra la dictadura chavista es violencia intensa enmascarada en el delito común y ya no con la doctrina guerrillera desde las montañas. Y más o menos funcionó.

En Colombia los grupos antiuribistas que ejercen oposición al gobierno de Duque, y que inicialmente se integraron en las movilizaciones, terminaron distanciados al final por el uso y la validación de la violencia. El bloque antiuribista está construido principalmente alrededor del respaldo al referendo de los acuerdos de La Habana, en ese bloque hay dos corrientes de opinión, una pacifista de naturaleza reformista, y la otra guerrerista de naturaleza revolucionaria. Era evidente que la reformista terminara por distanciarse de la revolucionaria.

En todo caso, la corriente pacifista reformista es bastante proclive a justificar la violencia revolucionaria que emerge de la corriente guerrerista, eso está en la base misma de los acuerdos, así que si algo grave hubiera pasado se habría justificado la violencia mayor porque habría pasado el test de la corriente reformista.

Y sin duda, la muerte de Timochenko sería el detonante supremo para consolidar a los dos bloques en la justificación de una escalada de manifestaciones primero y saqueos después. La sangre de Timochenko sería finalmente el combustible de un estallido planificado para romper el cerco diplomatico.

La Policía Nacional o la Guardia Indígena 

Puede que Timochenko prefiera a la guardia indígena sobre la policía, pero jamás la Guardia Indígena habría podido prevenir un atentado que planificaran «El Paisa» y Márquez desde Venezuela, y lo que es más grave, quizás de haber sabido sobre el atentado, tampoco hubieran intentado pararlo: la Guardia Indígena es parte también de la corriente guerrerista revolucionaria.

El nivel de coordinación entre la embajada de Cuba, las FARC y la Guardia Indigena quedó en evidencia en la exagerada reacción que tuvieron frente al plantón del Movimiento Libertario. Los cantos de la guardia indígena de «Cuba no esta sola, Cuba se respeta» reflejan el nivel de adoctrinamiento y alineamiento que tienen. Y si así se movilizaron por un plantón pacífico, ¿a qué más está dispuesta para darle respaldo a las dictaduras de La Habana y de Caracas?.

No se puede pensar que la Guardia Indígena tenga algo que ver con el intento de magnicidio de Timochenko, pero ciertamente quienes planificaron la acción saben que pueden contar con su respaldo revolucionario y que la Guardia serviría como caja de resonancia para la violencia que sin duda seguiría a tan desastroso evento. Así que es claro que Timochenko no puede confiar tanto en ella, llorarán su muerte pero ignorarán al asesino.

Mientras que, por otra parte, no habría mayor logro para la Policia Nacional que ver que Timochenko termine sus días muchos años después disfrutando la paternidad que ahora lo tiene tan expuesto. La vejez tranquila de Timochenko es la mejor propaganda para una fuerza pública que ha sido tan generosa con la paz como contundente en el combate.

El silencio de Timochenko en todo caso es atronador, el de él y el de todos los actores detrás de los acuerdos, ellos saben lo importante que fue el que se dieran de baja a los autores materiales del plan. Ellos saben que la muerte de alias Guamby y alias Conejo ha sido quizás el hecho de paz más importante de los últimos meses.

Son dos hombres de confianza de «El Paisa», provenientes de la Teófilo Forero, y uno incluso incorporado a las estructuras del sistema de protección de los dirigentes de las FARC, que reflejan que, como a César, la principal amenaza de Timochenko proviene de los suyos. Lo fácil sería que cambiara de escolta y que se quedara solamente con efectivos de la policía, sin embargo eso enviaría un peor mensaje tanto hacia adentro como hacia afuera, por el momento la vida de Timochenko depende de la inteligencia que puedan realizar sus antiguos enemigos porque de sus antiguos amigos solamente vendrán balas o bombas.

Timochenko, el Trotsky de Diaz Canel 

Ahora bien, los comunistas son expertos en purgas y la revolución cubana es ejemplar en ello. La famosa frase de «haz que parezca un accidente» se podría atribuir al asesinato del propio Camilo Cienfuegos. O las numerosas dudas que deja el fallecimiento de Hugo Chávez atendido por médicos cubanos. Y no sería raro, desde el inicio el comunismo estalinista vive de las purgas. La más famosa y grotesca: el asesinato de Trotsky.

Timochenko es el que mejor puede saber si Gamby y Conejo actuaban como ruedas sueltas, si la determinación de Márquez y El Paisa para matarlo es profunda, y sobre todo, si Márquez y El Paisa se atreverían a asesinarlo sin consultar con La Habana.

Incluso, por supuesto, si no fuera La Habana quien habría motivado a Márquez y El Paisa para desatar un nuevo nivel de confrontación en territorio colombiano, y por lo tanto, retomar la iniciativa revolucionaria en el continente pero ahora en una lógica más parecida a la nueva etapa del Foro de São Paulo, que lidera el militar Raúl Castro y el narco Diosdado Cabello.

¿Es Timochenko el archiduque al que el Foro de São Paulo necesita eliminar para desatar la guerra continental revolucionaria que ha anhelado desde siempre la gerontocracia militar cubana?

Parece delirante, pero así son ellos.

En el 2020 la carrera contra el reloj es para ver si cae primero Maduro o Timochenko, y desafortunadamente para Timochenko, Maduro goza de buena salud en Miraflores gracias a, y hasta cuando quieran, Díaz Canel y sus jefes (que, a su vez, gozan de buena salud gracias a Venezuela).

 

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