De la unión al rechazo: Guaidó y María Corina

Lo que comenzó como una relación de sólido apoyo mutuo terminó en un olvido insípido: María Corina y Guaidó, la historia

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María Corina Machado en la concentración de Plaza Brion de Chacaíto. (Foto: Flickr)

Hubo alguna vez un joven de La Guaira que admiraba a una valiente señora caraqueña. Aunque distante, apoyaba sus batallas, halagaba sus acciones, condenaba a quienes la atacaban y posaba con ella sonriente. Casi siempre un paso atrás, pues durante años ella estaba entre los protagonistas. No importaba: perseguían un mismo fin. Había unidad.

Un buen día, el joven se vio en la necesidad de acudir por última vez a la señora caraqueña: necesitaba que lo ayudase a ganar credibilidad. Ella lo apoyó, lo alentó a tomar una decisión determinante y llegado el día, lo acompañó.

No obstante, esta historia no tuvo un buen final, pues el joven de La Guaira decidió tomar otro camino, dejando a la elegante dama atrás y con ella a ese pasado de admiración que hoy parece no querer recordar.

Antecedentes

El 10 de noviembre de 2013, Leopoldo López y María Corina Machado (entonces aliados políticos) llegaron en una canoa al territorio en disputa del Esequibo para celebrar un «acto de ejercicio de soberanía».

En aquel momento, Machado presidía al grupo de diputados miembros de la «Movida Parlamentaria» y López decidió acompañarlos como dirigente de Voluntad Popular.

En el grupo de legisladores se encontraba el entonces diputado suplente Juan Guaidó, quien inmortalizaba en Twitter su llegada al Esequibo junto a los dos líderes.

De regreso en Caracas, María Corina Machado tuvo una intervención en la Asamblea Nacional, que fue interrumpida por el presidente del parlamento, Diosdado Cabello.

El diputado suplente Guaidó se indignó ante el atropello y condenó el hecho. Se ponía al lado de la entonces diputada.

En enero de 2014, David Smolansky asumía la alcaldía del municipio capitalino de El Hatillo. A la ceremonia asistieron los diputados Machado y Guaidó. Faltaban pocos días para el inicio del Movimiento La Salida, en el que Leopoldo, María Corina y Antonio Ledezma unirían sus fuerzas para intentar sacar a Nicolás Maduro del poder.

 

«La Salida» tuvo como consecuencia la detención injusta de Leopoldo López el 18 de febrero. El dirigente nacional de Voluntad Popular comenzaba así un período de reclusión que acaparó titulares a nivel internacional.

Su esposa, Lilián Tintori, la diputada Machado y el alcalde Ledezma asumieron la misión de no dejar que el sacrificio de López –quien se entregó voluntariamente– quedase en el olvido. Alzaron sus voces pidiendo su liberación desde el primer momento.

El 24 de marzo de 2014, Machado fue destituida de su cargo de diputada por haber aceptado ser embajadora alterna de Panamá ante la OEA.

Una semana después, la diputada llamó a una concentración en la Plaza Brion de Chacaíto, reunión que fuera disuelta con gases lacrimógenos por elementos de la Guardia Nacional Bolivariana. Junto a ella estaba el diputado Guaidó, quien le expresaba su apoyo.

Con el paso de las semanas, Machado fue acusada por la Fiscalía General de la República por «planear un magnicidio» en contra de Nicolás Maduro. La diputada destituida fue citada a declarar el 16 de junio de ese año.

Machado acudió a la fiscalía acompañada por Lilian Tintori y algunos diputados que quisieron estar a su lado y expresarle apoyo. Entre ellos, Guaidó.

El 3 de diciembre de 2014, Machado fue oficialmente imputada con el delito de conspiración para asesinar al Presidente de la República, por el que podía ser condenada a 16 años de prisión.

Ese día estuvo acompañada de algunas de las figuras políticas más solidarias con su causa, entre ellas Antonio Ledezma y Juan Guaidó.

Llegó el 2015. Antonio Ledezma fue encarcelado y López enfrentó un juicio infame. Machado hizo activismo en su favor.

Ese año Venezuela se preparaba para regresar a las urnas en unas elecciones parlamentarias que la oposición se había propuesto ganar.

María Corina acompañó en diversas actividades de campaña a los candidatos más cercanos a ella. Entre ellos los varguenses Winston Flores (Vente Venezuela), José Manuel Olivares (Primero Justicia) y Juan Guaidó (Voluntad Popular).

Los tres candidatos resultaron electos en los comicios del 6 de diciembre de 2015.

2016 fue un año de esperanza con la asunción de la nueva Asamblea Nacional, que fue rápidamente privada de todas sus atribuciones por la juramentación de tres diputados que había sido prohibida por el Tribunal Supremo de Justicia.

Paralelamente, se promovió el proyecto de referéndum revocatorio para sacar a Maduro del poder por la vía electoral. La iniciativa naufragó en una negociación auspiciada por El Vaticano y burlada por el régimen.

Llegó 2017. Uno de los años más violentos en la historia de Venezuela. La Asamblea Nacional fue ratificada en desacato y sus funciones fueron trasladadas al Tribunal Supremo de Justicia. Se perpetraba así un autogolpe de Estado.

El 31 de marzo fue el primero de 134 días de protestas y rebelión que dejaron 157 muertos y cientos de heridos y detenidos.

Machado retomó su rol de liderazgo junto a figuras como Lilián Tintori, Freddy Guevara y Henrique Capriles.

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Guaidó participó de las protestas y resultó herido por perdigones en una de ellas.

Maduro anunció la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, agravando aún más la crisis institucional y provocando rechazo generalizado por parte de la sociedad. La presión internacional consiguió que Leopoldo López fuese puesto en arresto domiciliario y el 16 de julio el pueblo votó en un plebiscito que la dirigencia política se encargaría de ignorar.

Después de esa consulta, María Corina y Vente Venezuela rompieron con la Mesa de la Unidad Democrática. A partir de ese momento, todo cambió.

En 2018 se perpetró un nuevo fraude electoral. Maduro se reeligió en unas elecciones que fueron rechazadas por el mundo libre y ello dio luz verde a la preparación de la ruta del 233.

En octubre de ese año Machado fue atacada por simpatizantes chavistas en Upata, Estado Bolívar.

Juan Guaidó se solidarizó con la dirigente.

El 21 de diciembre de ese año, Machado lanzó un mensaje en Twitter a través del cual interpelaba a la Asamblea Nacional a ser cuidadosa en la elección de su próximo presidente, pues, de acuerdo con lo expresado en la Constitución, llegaría el momento en que el Legislativo tendría que asumir la presidencia encargada de la República, ante el vacío de poder que comenzaría el 10 de enero.

Pocos pensaban que el llamado de Machado sería escuchado, pues no había (públicamente) intención de asumir el artículo 233.

Llegó 2019. Juan Guaidó fue electo presidente del Parlamento.

 

¿Recuerdas esos días de incertidumbre cuando nos preguntábamos si el diputado Juan Guaidó tendría el coraje de asumir la presidencia? Yo sí. En mis anotaciones de esos días puse que sus entrevistas no eran más que odas a la ambigüedad y sus discursos dejaban más inquietudes que certezas.

En ese momento, casi ningún dirigente partidista se dejaba ver con Guaidó. Más bien, presionaban en lo oculto para que no diera rienda suelta a ese impulso heroico que se asomaba por su mente y que coincidía con lo expresado por Machado en su mensaje de diciembre.

Entre el 10 y el 23 de enero, Guaidó tuvo que construir dos pilares: credibilidad y popularidad. Ambas tenían que llegar a niveles de suficiencia que permitieran hacer un llamado contundente.

En esos días, Guaidó decidió reunirse con una de las pocas personas que estaba dispuesta a tenderle una mano con tal de que asumiera el camino difícil. La reunión tuvo lugar en la Embajada de Chile en Caracas, lugar donde está asilado el diputado Freddy Guevara.

Pese a ese acercamiento, el 23 de enero María Corina no subió a la tarima con Guaidó. Se quedó en la calle. Juró como una más y dejó que el resto de la camarilla política apareciera en la foto de aquel día que quedó inmortalizado en la historia.

Después de ese acercamiento, María Corina emprendió una gira por diversas ciudades promoviendo a Guaidó y su plan. La mirada estaba puesta en el 23 de febrero. Ese mes fue el último en que hubo unidad entre ambos dirigentes.

 

 

 

 

 

Aquel intento fracasó. El Presidente se vio forzado a dar nuevos signos de fuerza desde el extranjero e hizo una gira internacional, tras la cual regresó a Venezuela poco antes del primer apagón nacional del 2019.

A partir de ese momento, Machado escaló en su retórica: ya no se podía esperar más. El momento de pedir ayuda había llegado.

A ella se sumaban Diego Arria, Antonio Ledezma, la Fracción 16 de Julio, el pueblo, buena parte de la opinión pública. No obstante, la dirigencia política la hizo a un lado.

Machado intentó reunirse en numerosas ocasiones con Guaidó para ofrecer su ayuda, pero el presidente decidió que con el círculo de asesores que tenía era suficiente.

Marzo y abril transcurrieron en medio de tensiones entre ambas corrientes y en espera de la Operación Libertad anunciada para el 1 de mayo. Machado la respaldaba, pero no sabía de qué se trataba.

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Esto es en serio, #NoHayVueltaAtrás.

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Finalmente, la mañana del 30 de abril fue liberado Leopoldo López y tuvo lugar un ineficaz llamado a los militares en las cercanías de La Carlota.

Machado fue sorprendida por el adelanto de la operación. No sabía nada. No obstante, se sumó.

Ese día llegaron al puente del distribuidor vial Altamira, Henry Ramos Allup, Edgar Zambrano y otros diputados a apoyar el movimiento.

Sin embargo, ante la brutal represión tuvieron que moverse a Plaza Altamira. Para ese punto el fracaso de la Operación Libertad empezaba a vislumbrarse. Ramos y Zambrano se esfumaron. Capriles nunca apareció.

En medio del tumulto, Machado llegó.

Ese fue el último encuentro que María Corina tuvo con Guaidó.

El fracaso de la Operación Libertad, el recrudecimiento de la represión y los pactos con personajes del régimen que habían sido concertados para el 30 de abril hicieron entender a Machado que Guaidó había tomado un camino distinto al que ella imaginaba.

En mayo el presidente encargado decidió volver a sentarse con Maduro en una mesa de diálogo. Fue el momento de la ruptura ideológica fue definitiva, pero el respaldo a la figura presidencial por parte de Machado permanecía.

Desde marzo, Machado, Arria y Ledezma han hecho todo lo posible por lograr que el presidente retome lo que llama «la ruta del coraje». Los llamados de la dirigente han sido contundentes: no hay tiempo para perder. Se debe presionar para la conformación de una alianza multilateral liberadora.

De ello dio cuenta en una entrevista que le hice para mi podcast.

Tras la aprobación de la reincorporación de Venezuela al TIAR, Machado y sus aliados le pidieron a Guaidó que hiciera todo para invocarlo junto al principio R2P, pero el presidente insistía en el diálogo.

La mesa de negociaciones, presuntamente establecida para pactar elecciones, fracasó el 7 de agosto. Maduro abandonó el «mecanismo de Oslo» al considerar que el embargo estadounidense a los activos venezolanos en ese país y las sanciones a todos los funcionarios del régimen eran inaceptables. El dictador prometió un contraataque feroz.

Pese a ello, en su mensaje a la nación, el presidente Guaidó concluía diciendo que «tarde o temprano tendrán (el régimen) que sentarse de nuevo».

Machado insistía en la necesidad de abandonar el diálogo y proceder a la ruta del coraje.

Por primera vez en meses, un funcionario del gobierno interino dio luces de que se procedería a solicitar el uso de la fuerza. Fue el embajador ante la OEA, Gustavo Tarre Briseño.

Incluso algunas de las voces más críticas hacia la figura de Machado anunciaron que la llamada «ruta del coraje» sería el siguiente paso.

Pese a que la ruta que Machado proponía desde marzo parecía ser el único camino para salir de la dictadura, el presidente encargado no la buscó más.

Aquel joven de La Guaira que admiraba a la distinguida dama caraqueña quedó en el pasado. Ahora él era el protagonista y eso nadie podía discutirlo.

La valiente señora siguió ahí, presionando como siempre para que la libertad llegara y que Juan Guaidó triunfara.

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