Nicolás Gómez Dávila: los escolios que predicen el fracaso del progresismo

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Nicolás Gómez Dávila fue un escritor y filósofo colombiano (Youtube)
Nicolás Gómez Dávila fue un escritor y filósofo colombiano (Youtube)

Casi rico, casi buen mozo, casi inteligente, casi con talento… mi vida ha consistido en un perpetuo perder el tren por unos pocos minutos de retraso.

Pocos conocen la obra y pensamiento de Nicolás Gómez Dávila, pero su discreto legado es eclipsado por su formidable lucidez. Las personas que se dejen seducir por la armonía de su prosa se toparán con la sorpresa de que el autor atesoraba una posición que resultaría extraña y ajena para las tierras hispanoamericanas, -capturadas por socialismos maltrechos- ¿Y quién mejor que él para describirse? Don Nicolás, sin reparos, fue un reaccionario auténtico y confeso. Satisfactorias son las palabras de García Márquez, quien expresó con algo de desdén: “Si no fuera de izquierda, pensaría en todo y para todo como él”.

De la vida de don Nicolás poco se sabe. Nació en Bogotá en 1913 y murió en 1994, en el seno de una familia patricia bogotana. Pasó su infancia y juventud en Europa, a su regreso se vinculó con los negocios familiares en el sector bancario (labor para su pena demasiado burgusa), Nunca se graduó de ninguna universidad, pero fue incondicional para la fundación de la Universidad de los Andes, receptor de la admiración y amistad de Mario Laserna, a quien impulsó para que estudiara en la Universidad de Columbia, de Francisco Pizano de Brigard, Ernesto Volkening, J. Gustavo Cobo Borda y, por supuesto, Álvaro Mutis.

No hubo tema que la magnífica pluma de don Nicolás no tocara. Su rutina era la de San Benito, que para los estándares actuales resultaría taciturna. En sus últimos años, don Nicolás había acumulado cerca de 30.000 volúmenes, en media docena de idiomas, que incluían el griego y el latín, -lenguas que manejaba con envidiable destreza- también se sabe de él que intentó leer a Kierkegaard en su oriundo danés.

 

La obra de don Nicolás ha sido recibida en Europa con gran entusiasmo. En Alemania, por ejemplo, es comparado con Nietzsche. Lugar donde el profesor Till Kinzel no vacila al igualar sus aportes con los de Ortega y Gasset.

Desconocer las demás aristas de los aportes de don Nicolás sería una injusticia. Empero se ha querido seleccionar para éste artículo aquellos escolios que mejor le sirven a la coyuntura Latinoamericana caracterizada por dejarse seducir de una izquierda hoy en retirada.

  • El acto de despojar de sus bienes a un individuo se llama robo, cuando otro individuo lo despoja. Y justicia social, cuando una colectividad entera lo roba.
  • Cuando definen la propiedad como función social, la confiscación se avecina; cuando definen el trabajo como función social, la esclavitud se acerca.
  • El izquierdista grita que la libertad perece cuando sus víctimas rehusan financiar su propio asesinato.
  • Cuando se deje de luchar por la posesión de la propiedad privada se lechará por el usufructo de la propiedad colectiva.
  • Patrocinar al pobre ha sido siempre, en política, el más seguro medio de enriquecerse.
  • La actitud revolucionaria de la juventud moderna es inequívoca prueba de aptitud para la carrera administrativa.
  • Las revoluciones son perfectas incubadoras de burócratas.

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  • Demagogia es el vocablo que emplean los demócratas cuando la democracia los asusta.
  • La política sabia es el arte de vigorizar la sociedad y de debilitar el Estado.
  • Más repulsivo que el futuro que los progresistas involuntariamente preparan, es el futuro con que sueñan.
  • La inteligencia del progresista nunca es más que el cómplice de su carrera.
  • Un léxico de diez palabras basta al marxista para explicar la historia.
  • ¿La tragedia de la izquierda? -Diagnosticar la enfermedad correctamente, pero agravarla con su terapéutica.
  • Ayer el progresismo capturaba incautos ofreciéndoles la libertad; hoy le basta ofrecerles la alimentación.
  • El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.

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  • En el Estado moderno las clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como la clase que paga impuestos y la clase que vive de ellos.
  • Cuando las codicias individuales se agrupan, acostumbramos bautizarlas nobles anhelos populares.
  • Ante el hombre inteligente que se vuelve marxista sentimos lo mismo que el incrédulo ante la niña bonita que entra al convento.
  • Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos.
  • El amor al pueblo es vocación del aristócrata. El demócrata no lo ama sino en período electoral.
  • El político tal vez no sea capaz de pensar cualquier estupidez, pero siempre es capaz de decirla.
  • Las decisiones despóticas del Estado moderno las toma finalmente un burócrata anónimo, subalterno, pusilánime, y probablemente cornudo.
  • Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son.

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  • Mientras más grave sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos.
  • La salvación social se aproxima cuando cada cual confiesa que solo puede salvarse a sí mismo.
  • La sociedad se salva cuando sus presuntos salvadores desesperan.
  • Las revoluciones democráticas inician las ejecuciones anunciando la pronta abolición de la pena de muerte.
  • Al demócrata no le basta que respetemos lo que quiere hacer con su vida; exige además que respetemos lo que quiere hacer con la nuestra.
  • El reaccionario anhela convencer a las mayorías, el demócrata sobornarlas con promesas de bienes ajenos.

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  • Reformar la sociedad por medio de leyes es el sueño del ciudadano incauto y el preámbulo discreto de toda tiranía.
  • La ley es forma jurídica de la costumbre o atropello de la libertad.
  • El auténtico revolucionario se subleva para abolir la sociedad que odia, el revolucionario actual se insurge para heredar una que envidia.
  • La pasión igualitaria es una perversión del sentido crítico: atrofia de la facultad de distinguir.
  • Indignado con el burgués que “tranquiliza su conciencia” dando limosna de su propio peculio, el católico de izquierda se propone hacerlo abnegadamente repartiendo el peculio ajeno.

 

 

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