El muro, aún sin construir, divide cada vez más a México y EE. UU.

Al presidente mexicano no le conviene ceder ante la presión de EE. UU. poco antes de las elecciones presidenciales, mientras que Trump insiste en cumplir con su promesa electoral: construir el muro.

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A Trump no le conviene aceptar que hasta ahora no ha cumplido una de sus promesas de campaña. (Fotomontaje PanAm Post)

Luego de una conversación telefónica que duró cerca de una hora, el pasado martes, los presidentes de México y EE. UU. no solo no llegaron a un acuerdo sobre la situación del muro fronterizo, sino que Peña Nieto postergó su visita a la Casa Blanca prevista para los próximos días.

A Trump no le conviene aceptar que hasta ahora no ha cumplido una de sus promesas de campaña, pues México no cede ante las presiones de pagar el muro. Sin embargo, el presidente de los EE. UU. les insiste a sus votantes que el muro se construirá.

Incluso el viernes pasado, en la Conferencia de Acción Política Conservadora, Trump les dijo a sus fanáticos: “No se preocupen, tendrán el muro”, y agregó que cada vez que alguien sugiere que realmente no construirá un muro dice, “el muro se acaba de elevar 3 metros más”.

Mientras tanto, las elecciones se avecinan en México y acceder a las peticiones de Washington implicaría una señal de debilidad por parte del partido de Gobierno. Y Peña Nieto demostró no estar dispuesto a asumir ese riesgo. Tanto es así que luego de la conversación telefónica, dispuso que no irá a la Casa Blanca en los próximos días como estaba previsto y se negó a pagar el muro con el dinero de sus ciudadanos.

Un funcionario mexicano le dijo al diario The Washington Post, que Trump “perdió los estribos” durante la llamada telefónica del 20 de febrero. Según el funcionario, que prefirió permanecer en el anonimato, Peña Nieto había tratado de persuadir al presidente de los EE. UU. para que reconociera públicamente que México no pagará por el muro fronterizo, lo contrario que Trump prometió reiteradamente durante su campaña presidencial y desde que llegó al poder.

Hace precisamente un mes, el 25 de enero, el presidente mexicano dijo en cadena nacional que “México no pagará ningún muro” y afirmó que los 50 consulados mexicanos en los EE. UU. defenderían los derechos de los migrantes.

Sin embargo, el comunicado oficial de la Casa Blanca no hace mención al muro. Se limita a mencionar cómo ambos mandatarios se dieron mutuamente el pésame por las tragedias ocurridas en sus respectivos países.

En el caso de México, el desplome de un helicóptero militar que albergaba personal que se refugiaba de un terremoto de 7,2 grados. Entre los 13 fallecidos, estaba un gobernador, el secretario de gobernación, 3 menores de edad, entre otros.

En el caso de EE. UU., el pésame fue por el reciente tiroteo en un colegio estatal que produjo la muerte de 17 personas, en su mayoría adolescentes que estudiaban ahí.

El comunicado, que dura apenas un párrafo, concluye diciendo que “el presidente Trump subrayó su compromiso de ampliar la cooperación entre los Estados Unidos y México en materia de seguridad, comercio e inmigración”.

En agosto del año pasado, el mismo portal de noticias que compartió las declaraciones de ambos mandatarios, consiguió las transcripciones del diálogo entre Trump y Peña Nieto apenas una semana después de que el primero asumió el poder. Ahí el presidente le dice a su homónimo mexicano que:

El hecho es que ambos estamos en una especie de compromiso político porque tengo que hacer que México pague por el muro, tengo que hacerlo. He estado hablando de ello durante un período de dos años, y la razón por la que digo que van a pagar por el muro es porque México ha hecho una fortuna con la estupidez de los representantes comerciales de los Estados Unidos.

Agregó que en estados industriales como Michigan y Ohio, que fueron vaciados por los bajos costos de producción que hay en México, Trump arrasó con el voto por sus promesas, pese a que el partido republicano no había ganado en ninguno de los dos estados en 38 años.

Son precisamente las promesas proteccionistas las que dieron a Trump el respaldo de muchos de sus votantes, similar a lo que sucede en México con el candidato a la presidencia de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Aunque en lo económico ambos distan, se parecen en sus medidas proteccionistas.

Mientras más crece la incertidumbre sobre el muro, más se aviva el populismo en México y, por tanto, más apoyo logra el candidato que sería contraproducente para las ambiciones de Trump, pero, sobre todo, para la prosperidad de los mexicanos, lo mismo que podría repercutir en el tema migratorio.

Pues al ser López Obrador simpatizante del chavismo, que ha ocasionado no solo una crisis humanitaria en Venezuela, sino una ola migratoria que ya es considerada un éxodo, que gane un candidato afín a las ideas del socialismo del siglo XXI en México generaría un impacto económico y social a ambos lados del muro (destacando que este ya existe).

Trump también recalcó que los miles de millones de dólares que produce el narcotráfico, una vez que la mercancía cruza la frontera de los EE. UU., supera lo que producen las industrias que han desaparecido en los EE. UU. Otro problema que usa el mandatario para justificar la construcción del muro.

En dicha conversación, Trump le insistía a Peña Nieto que diga que “lo van a resolver” si algún periodista preguntaba sobre el pago del muro, en lugar de un una respuesta negativa rotunda. Pero el presidente mexicano se negó y se sigue negando.

Todo indica, hasta el momento, que en el mandato de Peña Nieto no habrá concesiones en cuanto al muro. A esta altura, con las elecciones presidenciales previstas para el 1 de julio, comprometería demasiado al partido de Gobierno y demostraría una señal de debilidad.

A Trump le queda la mitad de su mandato para lograr lo que hasta ahora no ha podido, negociar con el siguiente presidente mexicano la construcción y financiación del muro que separa ambas fronteras.

Pero, sobre todo, determinar si la construcción del muro y la propuesta que conlleva no causa un impacto político y social peor al llevar al poder un presidente cuyas políticas económicas podrían causar un éxodo mexicano.

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