Las agresiones sexuales y el feminismo miope

A través de una seria denuncia de violación, un grupo de actrices en favor del aborto pretenden arrogarse una representación dudosa y arremeter contra un enemigo imaginario.

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La agrupación Actrices Argentinas, dedicada a la legalización del aborto, respaldó a la actriz en su grave denuncia. (Twitter)

La joven actriz Thelma Fardin hizo una denuncia que sacudió a la Argentina: según manifestó en una grabación, y tal cual denunció en la justicia en Nicaragua, el experimentado actor Juan Darthés la habría violado a los 16 años durante una gira en Centroamérica. Si bien el artista denunciado negó los hechos desde su cuenta de Twitter, la sociedad y el medio artístico ya dictaminaron su culpabilidad. Diferentes trabajos que Darthés tenía programados  fueron cancelados y el mismo presidente Mauricio Macri confirmó que levantó una campaña con el rostro del actor en contra de la violencia contra la mujer.

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En Argentina, como en muchos lugares del mundo, el movimiento feminista ha ganado espacios y se ha mostrado bastante uniforme. Tanto las principales referentes como las organizaciones afines tienen denominadores comunes importantes. La nueva ola feminista, en lugar de defender la igualdad de derechos y reivindicar el rol de la mujer, se ha mostrado más activa en otra agenda.

Lamentablemente, la búsqueda constante de la discriminación positiva y la sospecha difamatoria del hombre como potencial agresor sexual dejó de ser excepcional para convertirse en la regla. A esto se le sumó también la causa de la lucha por la legalización del aborto, como si fuera bandera de todas las mujeres, cosa que es absolutamente falsa.

En los últimos años, la figura del «patriarcado» dejó de ser una cita de referencia las feministas más extremistas, para pasar a ser parte del léxico diario de la mayoría de las voceras de un colectivismo miope e infantil.

La gravedad de la denuncia de la violación, que de comprobarse deberá tener como consecuencia todo el peso de la ley, ha servido para dejar en evidencia los fantasmas que el feminismo ha logrado cosechar en la mente de muchísimas personas. Varias actrices que se solidarizaron con la denunciante cargaron contra el patriarcado como el responsable de fondo de estas atrocidades.

«Somos todos hijos del patriarcado que nos ha incorporado dudar primero de la mujer, nos metieron un chip machista en la cabeza y así nos fuimos culpando entre mujeres, permitiendo que nos denigren libremente, aceptando ser parte del juego, somos las brujas. El patriarcado nos ha cagado la vida tanto a mujeres como a hombres y nos ha podrido la mente», dijo la compañera de elenco de Fardin, Eva de Dominici.

La periodista Romina Manguel hizo referencia a la misma figura a la hora de explicar los motivos por los cuales nunca denunció a un invitado del programa Animales Sueltos que la acosó sexualmente. Para la comunicadora, ella no está en condiciones de denunciar al agresor porque «el patriarcado no se cayó» y está en desigualdad de condiciones.

Entre los mensajes que se multiplicaron en las últimas horas en redes sociales, además de mencionar al actor sospechado, abundaron las referencias al «macho», como figura de riesgo para la integridad sexual de la mujer.

Ante esta situación ¿a que hacen referencia las feministas cuando mencionan al patriarcado? ¿es una figura simbólica? ¿consideran que los hombres somos responsables de algún tipo de opresión contra la mujer? Y si los varones representamos una amenaza para el sexo opuesto ¿los que defienden la causa feminista serían «traidores de género»? ¿somos los hombres en general responsables por la complicidad ante una supuesta opresión que ejercen los machistas o en el fondo somos todos potenciales depredadores sexuales?

Aunque estas preguntas suenen un poco exageradas, lo cierto es que son cuestiones obligatorias si consideramos al patriarcado como el responsable real de una supuesta opresión actual. Y si hablamos de una denuncia de algo tan grave como una violación, por respeto a la trascendencia del asunto, ningún término debería tomarse a la ligera.

Lo preocupante es que ante estas burdas manifestaciones las mayorías guardan silencio buscando evitar un linchamiento público por parte de la policía del pensamiento políticamente correcto. De la vereda de enfrente entonces quedan los clásicos -y afortunadamente cada vez menos frecuentes- pensamientos retrógrados. Esos que pueden llegar a justificar un abuso sexual con la idea de que la víctima «algo habrá hecho».

Pero ante los embates ideológicos y discursivos del feminismo moderno es necesaria una respuesta clara. No es posible que los hombres en general sean vistos como potenciales agresores y tampoco es aceptable la culpa con la que se muestran los que participan de los reclamos feministas. Cabe destacar que en las manifestaciones feministas, los hombres presentes suelen repetir a los medios de comunicación que los entrevistan que marchan  «en contra» de ellos mismos.

Los hombres no son malos por su condición masculina, de la misma manera que las mujeres no son buenas por el sexo con el que nacieron.

Como muchos mal nacidos son culpables de estos gravísimos crímenes, que deben contar con sus ejemplares condenas, muchas mujeres son responsables de varias atrocidades también. Existen las»viudas negras» que se aprovechan de hombres mayores, madamas de prostíbulos donde menores son explotadas sexualmente o incluso madres que son cómplices de abusos a sus propios hijos. ¿Explica el «patriarcado» los casos de violencia familiar cuando la agresora es una mujer o en ese caso estamos ante una justa reivindicación colectiva? Cuándo los abusos sexuales se dan entre hombres… ¿el «patriarcado» oprime y a la vez es oprimido?

Lo cierto es que esta figura, que muy poco se justifica en la actualidad, hace referencia a un colectivismo arbitrario. Cada persona es un individuo que debe ser responsable de sus propios actos y este enfoque equivocado no hace otra cosa que incrementar la confusión. Pero las responsables son algunas mujeres y algunos cómplices varones con intereses políticos e ideológicos. No el matriarcado porque no existe. El patriarcado, tampoco.

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