En 2019 Macri podría perderlo todo, incluso al Boca Juniors

El presidente argentino, que tiene una reelección más que complicada, podría quedarse también sin su bastión original

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El Club Atlético Boca Juniors, que parecía iba a seguir siempre bajo la influencia del presidente argentino, por primera vez en mucho tiempo presenta una competencia político-electoral con final incierto. (Fotomontaje PanAm Post)

Mauricio Macri tuvo una exitosa gestión para mostrar antes de dedicarse a la política en Argentina. En 1995, a los 36 años, se convirtió en presidente del Club Atlético Boca Juniors, uno de los más importantes de la región y del mundo. Estuvo en el cargo 12 años y mostró una gestión eficiente, de orientación empresarial, que logró sanear las cuentas del club. En su mandato, bajo la dirección técnica de Carlos Bianchi, Boca tuvo el mejor rendimiento futbolístico de su historia y ganó varios torneos locales e internacionales. Cuatro Libertadores de América y dos copas del mundo en Japón le desenrollaron la alfombra roja para su desembarco en la política.

Aunque en 2003, por muy pocos votos, cayó en su primera intención de llegar a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (varios comentaristas políticos dicen que le robaron la elección), dos años después se convirtió en diputado nacional. Ya en 2007 pudo ganar las elecciones porteñas y se convirtió en intendente, cargo que revalidó en 2011. Aunque sus gestiones fueron bastante similares a las de la política tradicional y se abstuvo de implementar los incentivos que funcionaron tan bien en Boca, Macri se hizo acreedor de un importante beneficio: el kirchnerismo hegemónico y el mapa político del momento lo convirtieron en el referente de la centroderecha, aunque nada haya hecho para ocupar ese espacio. Solamente unas declaraciones en su época de diputado podrían orientarlo en esa dirección. Pero desde que asumió como jefe de Gobierno porteño su gestión fue tanto o más estatista que la del resto de la política tradicional. Los mismos vicios los repitió en la Presidencia de la nación, a la cual accedió en 2015.

Por entonces Macri gozaba de un poder importante: el Ejecutivo nacional, la provincia de Buenos Aires con María Eugenia Vidal, la intendencia porteña, donde dejó a su delfín Horacio Rodríguez Larreta y Boca Juniors, donde puso a otro incondicional: Daniel Angelici.

Cuatro años después, Macri podría terminar 2019 con las manos vacías o con muy poco. En las primarias del 11 de agosto perdió por 15 puntos con Alberto Fernández, lo que parece dar por terminada la cuestión. Situación más complicada incluso presenta la provincia de Buenos Aires. Allí, Vidal cayó también con Axel Kicillof 52 contra 34, según el escrutinio final. En el distrito más grande de Argentina ni hay segunda vuelta, por lo que remontar ese resultado parece una quimera. En la Ciudad de Buenos Aires, Rodríguez Larreta fue el único que le dio una alegría: el candidato oficial alcanzó el 46 % y le sacó varios puntos a su inmediato competidor, Matías Lammens, presidente del Club San Lorenzo de Almagro. Sin embargo, si Larreta no supera el 50 % de los votos el 27 de octubre, deberá enfrentar una segunda vuelta, a diferencia de la provincia. Allí el riesgo de que el voto de toda la oposición se una es alto. Es decir, todavía el juego está abierto.

En el fútbol la cosa también está difícil

Pero un dato no menor es que su espacio primario, su trampolín político, también podría escapársele de las manos. El oficialismo en Boca no la tiene nada fácil. En los últimos años el club de la ribera cayó en todas las instancias de eliminación directa con su clásico rival, River Plate. El destino incluso los puso en varias finales, donde los millonarios ganaron siempre. La última Copa Libertadores de América encontró a los dos grandes de Argentina en la última rueda y River también se impuso con comodidad. La suerte le dio una revancha a Boca, pero el riesgo resultó altísimo. Luego de la carambola de la final de la copa del año pasado, ambos equipos volvieron a verse las caras en la semifinal de este año. El partido de ida lo volvió a ganar River 2 a 0 y la próxima semana se define algo más que la llave. Nadie se imagina una nueva eliminación a manos del clásico rival y una reelección del macrismo en las urnas.

El 8 de diciembre los socios xeneizes van a votar y el oficialismo lleva alguien del riñón del presidente: Christian Gribaudo, exdiputado del PRO y actual funcionario de Vidal en la provincia de Buenos Aires. Como existieron unas primarias que parecieron sellar la suerte del presidente de antemano, el martes habrá un partido de fútbol que también podría finiquitar la cuestión de manera anticipada.

Además del 0-2 en contra, los once jugadores del técnico Alfaro deberán enfrentar al equipo de Gallardo, que es una maquinita y gana en todos los frentes. El resultado parece tan difícil de remontar como las primarias de agosto. Pero como si el frente deportivo no fuera suficiente, el oficialismo boquense enfrentó un nuevo escándalo en las últimas horas.

En el clásico video institucional y motivacional de cara al partido de vuelta, el equipo de comunicación de Boca realizó una cuestionada labor que terminó dañando aún más la imagen del espacio comandado ahora por Angelici. El spot abre con Diego Maradona diciendo que los argentinos son todos de Boca, continúa mostrando al campeón del mundo de la selección de 1978, Mario Kempes, diciendo que «era hincha de Boca» y termina con una consigna xenófoba: afirmando que los ídolos del club son argentinos «y no chilenos o uruguayos», haciendo referencia a otras glorias de River.

Apenas se publicó el video, argentinos de otros clubes salieron a responderle a Maradona por sus dichos. Pero todavía faltaba lo peor. El «matador» Kempes desmintió el video y dijo que estaba sacado de contexto. Según el exjugador, en la grabación había dicho que su abuelo «era hincha de Boca», que el material fue editado y que él nunca fue del hincha del club. Como si el escándalo del héroe de 1978 no fuera suficiente, antiguos jugadores de Boca de otros países de Latinoamérica salieron a liquidar al polémico spot. Exglorias del club de Colombia y Uruguay, entre otros países, dijeron que la pieza publicitaria fue una burda campaña política de muy mal gusto.

El club pidió disculpas y retiró el video, que fue replicado en cientos de sitios de Internet y todavía sigue dando vueltas en las redes sociales sumando más indignación.

¿Podrá Macri retener alguno de sus espacios de poder e influencia? La respuesta llegará antes de fin de año.

 

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