El plan es que no hay plan

Este mediodía el Congreso argentino tuvo el cambio de mando

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Civilizados: Macri y Alberto se comportaron como dos caballeros. La nota de color la dio Cristina con un papelón innecesario. (Efe)

Argentina ya tiene nuevo presidente. Alberto Fernández es el habitante de la Quinta de Olivos y ya tiene su oficina en la Casa Rosada. Claro que, dadas las circunstancias políticas, igual de importante es el rol de su vicepresidente: Cristina Fernández ya es la titular del Senado y es la segunda en la cadena de mando del país. La (casi) mitad del país que hasta hace poquito no podía ver a Alberto, hoy reza por su buena salud y le desea lo mejor. No sea cosa, vio…

Como era de esperar, el acto de la asunción y el cambio de mando (que no se dio hace cuatro años por un capricho de la expresidente) tuvo varias notas de color. El saliente y el entrante estuvieron a la altura de las circunstancias. Se saludaron afectuosamente, se fundieron en lo que pareció un honesto abrazo e intercambiaron algunas palabras al oído de, seguramente, buenos deseos y agradecimiento. El papelón lo hizo Cristina. Cuando Macri le extendió la mano para saludarla, ella miró hacia otro lado en claro signo de desprecio. Más allá de las cuestiones personales, la situación y el escenario requerían de otra actitud. Macri y Alberto cumplieron. Ella no.

Hubo marchita y cánticos, pero Macri no recibió ni insultos ni silbidos. Desde el exoficialismo se temía un escenario hostil, pero el público peronista, más allá de cantar efusivamente la marcha, fue más respetuoso que la exmandataria. El desaire, que la dejó más mal parada a ella que otra cosa, fue muy comentado al instante en las redes sociales.

En su discurso, Alberto Fernández llamó a terminar con la «grieta» y convocó a los argentinos, más allá de las diferencias políticas e ideológicas, a la unión nacional. Aunque fue más claro que Macri hace cuatro años con relación a la pesada herencia recibida, el flamante presidente dejó en claro que no habrá plan económico concreto en lo inmediato. O sea, el plan es que no hay plan, más que buscar evitar el default total. El actual «reperfilamiento» ya está considerado como un default virtual por muchos analistas.

De esta manera, Argentina sigue naufragando a la deriva, en momentos donde hace falta un claro rumbo en materia económica. Luego del fallido mal llamado «gradualismo», Macri y compañía limitaron la gestión de gobierno en sobrevivir para llegar con vida a la elección para buscar la reelección. En ese proceso, Argentina dilapidó reservas y recursos del Fondo Monetario Internacional que ahora hay que devolver. Lo único que se hizo el último año fue transcurrir el día a día, tratando de evitar más corridas del dólar y descalabros totales que terminen con el Gobierno de manera anticipada. Lo lógico hubiera sido que Macri (siguiendo el consejo de Ricardo López Murphy y de Alberto Benegas Lynch) renunciara a sus intenciones de un segundo mandato y se dedicara a corregir el rumbo de la economía. Otra sería la situación bajo ese escenario el día de hoy. El capricho y la mezquindad pudo más.

Lamentablemente, a pesar del cambio de autoridades, el país sigue sin plan económico y, una vez más, Argentina se puede quedar sin el pan y sin la torta. Es decir, de la misma manera que Macri empeoró la situación y no consiguió la reelección, ahora se puede caer en default en cualquier momento, más allá de las intenciones del nuevo Gobierno. En palabras del mismo Alberto, el riesgo de caer en la cesación de pagos es «muy alto». El nuevo presidente dijo hoy que Argentina tiene intenciones de pagar, pero en los plazos establecidos no hay posibilidades de cumplimiento.

El nombramiento del nuevo ministro de Economía, Martín Guzmán, está prácticamente limitado a la cuestión de la deuda. Sin embargo, Alberto sabe muy bien que el país no podrá salir del agujero en el que está sin una reforma general, fiscal y monetaria. Por ahora habrá que esperar. En cierta manera, que esta sea la única agenda del nuevo Gobierno en el asunto importante, es para Alberto Fernández un alivio. El primer gabinete, aunque no está en condiciones de ofrecer soluciones, representa un buen balance entre las diferentes fuerzas peronistas que conforman el Frente de Todos. Pero el complicado escenario económico requiere respuestas prontas y eso Alberto también lo sabe. Con lo que hay hoy, Argentina sigue derecho rumbo al precipicio. Si hay un plan en el mediano plazo o no, solo lo sabe el nuevo presidente. Mañana miraremos la cotización del dólar, el riesgo país y seguiremos en el mismo desastre en el que estábamos la semana pasada.

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