Hiperinflación, miseria y dictadura: Robert Mugabe, aliado del chavismo, llega a su fin

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El chavismo parece haberse inspirado en el régimen africano para continuar imponiendo la miseria en Venezuela. Una amistad entre tiranos. (Blogspot)

En Zimbabue cayó Mugabe. Un alzamiento castrense terminó finalmente derrocando al dictador que llevaba más de treinta años en el poder. Y, aunque aún es muy temprano para saber que sucederá el golpe de Estado, la realidad es que parece haber llegado el fin al régimen dinástico que pretendía al sur de África.

Algo que podría ayudar a definir al dictador africano, son sus relaciones. Y una en particular fue bastante cercana: la que ha tenido con el régimen chavista. Ambos modelos hoy parecen compartir desgracias que han impuesto a sus sociedades: hiperinflación, miseria y el autoritarismo inherente a una dictadura.

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El tirano del sur de África: de héroe a déspota

Robert Mugabe había sido el máximo líder de Zimbabue desde su independencia de Reino Unido en 1980. Inició como primer ministro de la nación y luego de una reforma, se convirtió en presidente.

Al principio se erigió como una especie de «Libertador», al ser uno de los principales propulsores de la independencia reconocida y por su lucha guerrillera en contra del Gobierno blanco y racista de Rodesia del Sur (antigua Zimbabue) —Mugabe fue financiado por los regímenes comunistas de China y Corea del Norte—.

Una vez lograda la independencia oficial, luego de sabotajes, atentados y presiones en contra del Gobierno, Robert Mugabe logra convertirse en primer ministro de su país gracias a unas elecciones —algo— democráticas. Entró a la política como un héroe entre la mayoría negra del país. Era aclamado porque, a pesar de sus característica intransigencia, había logrado presuntamente doblegar a un Estado ya en decadencia.

El nuevo primer ministro trató de mantener buenas relaciones con la minoría blanca que era capaz para que, al menos en un principio, su Gobierno pudiese mantener la estabilidad. No obstante, al mismo tiempo iba forzando un nuevo apartheid, pero ahora enfocado en contra del resto de los blancos. Aumentaba la tensión y las hostilidades. Y durante esta coyuntura, Mugabe aprovechó para ejecutar las denominadas limpiezas étnicas, en las que pudo acabar con la presencia de aquellos grupos que podían ser incómodos para su nuevo régimen: al menos 20.000 civiles fueron asesinados. Fue una campaña de «terror estatal».

En 1987 Zimbabue pasa a ser un régimen presidencialista luego de una reforma de la Constitución. Robert Mugabe, de esa manera, adquiría más poder. El nuevo presidente de la nación, respaldado por una aparente democracia, fue imponiendo poco a poco un régimen socialista que derivó en una grave crisis económica a finales de la década de los noventa. Responsable de hambruna, miseria, de alta mortalidad infantil y de una baja expectativa de vida. Además, de un desempleo del 80 % de su población.

Hasta este 14 de noviembre, Mugabe había logrado mantener la estabilidad de su régimen gracias a un férreo autoritarismo. Son muchas las denuncias de violaciones de derechos humanos en su contra. No hay libertades políticas ni civiles, y el terror se mantiene latente en la población. Es un régimen que, a pesar de que goza de cierta legitimidad democrática —podría ufanarse de varios procesos electorales—, logró convertirse en una de las dictaduras más longevas y crueles de la actualidad. Denunciada por varias naciones en el mundo —que han impuesto fuertes sanciones—; pero también, una dictadura con grandes e importantes amigos.

Zimbabue, una posible inspiración para el chavismo

Si se especula, se podría decir que el régimen de Zimbabue es una inspiración para la Revolución Bolivariana. Regulación máxima de precios, controles, enemigo de los empresarios; y lujos excesivos mientras toda una sociedad muere bajo la miseria. Es una insinuación que no podría estar muy lejos de la realidad, porque el africano y el chavismo tienen muy buenas relaciones.

Venezuela «expresa todo su apoyo al Gobierno independiente de Zimbabue en sus esfuerzos por la estabilidad y la paz en ese hermano país», se lee en un comunicado de la Cancillería venezolana en diciembre de 2008, cuando el expresidente Hugo Chávez estaba en su gloria.

La relación entre la Revolución Bolivariana y Robert Mugabe inició formalmente en 2003, cuando Chávez anunció su acercamiento a África a través de acuerdos de cooperación. En una rueda de prensa en Cuba, mencionó particularmente al «presidente de Zimbabue», país con el cual se estaban reuniendo delegaciones venezolanas.

Meses después, en febrero de 2004, se consolidó el acercamiento: Robert Mugabe viajó a Caracas y firmaron una «carta de intención». La visita se hizo en medio de la XII Cumbre del Grupo de los 15. Ya se difundían con amplitud las estrechadas de  manos.

El mismo Hugo Chávez entregó al dictador africano una copia de la «espada de Bolívar», en un encuentro posterior. Fue, en ese momento, un símbolo de la amistad entre ambas naciones. Réplica del arma que también se le ha entregado a Gadafi y a Raúl Castro.

La última visita de Robert Mugabe a Venezuela fue en septiembre del año pasado, 2016, cuando en medio de la Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, viajó a Margarita, Venezuela. Fue el primer mandatario en llegar al país y su presencia fue ampliamente rechazada por sectores de la oposición venezolana.

En varias ocasiones, el régimen chavista, durante Chávez o Maduro, ha expresado su solidaridad con Zimbabue frente a las acusaciones de otras naciones. Es una relación que inició en 2003 y se ha fortalecido con el tiempo. Dos tiranías, que además de coincidir en la miseria que han impuesto en sus naciones, también comparten la presencia en la lista negra del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Grupo privilegiado, que también integran Bashar al-Assad y Kim Jong-un.

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