El desespero de Maduro por levantar las sanciones

Millones en cabildeo y chavistas en Washington. Son muchas las acciones que el dictador ha tomado para frenar la presión de Estados Unidos

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Nicolás Maduro está realmente desesperado porque se retiren las sanciones de la comunidad internacional. Al mismo tiempo debe confrontar que para algunos países la resolución de la crisis de Venezuela es una prioridad. (Prensa presidencial)

En la madrugada de este domingo cuatro de marzo, el senador republicano Marco Rubio aseguró que el dictador Nicolás Maduro envió a Washington al gobernador ilegítimo del estado Carabobo, Rafael Lacava, para que cabildeara a favor del levantamiento de las sanciones.

“El desesperado dictador Nicolás Maduro envió al lavador de dólares [haciendo referencia a este reportaje de El País] Rafael Lacava a Washington para que tratara de encontrar a alguien con quien reunirse y poder negociar el fin de las sanciones”, denunció Rubio, un político estadounidense que ha demostrado su compromiso con la crisis en Venezuela.

La afirmación de Rubio no ha sido aún desmentida y —a este cinco de marzo— Rafael Lacava no ha actualizado su cuenta de Twitter desde el pasado dos de marzo.

Se trataría, entonces, del último intento de Nicolás Maduro para lograr que se levanten las sanciones que impuso el Gobierno de Donald Trump el año pasado (aquí se puede ver un recuento de las acciones de Trump hasta el 28 de enero de este año).

La más reciente medida, después de muchos otros esfuerzos. Luego de gastar millones de dólares en cabildeo y de tratar de extorsionar a la dirigencia de parte de la oposición venezolana para que ayudaran en esa empresa.

A finales de julio del año pasado, cinco días antes de la imposición de la ilegal Asamblea Nacional Constituyente, se supo que la dictadura de Nicolás Maduro había gastado al menos USD $1,3 millones en lobby a favor de la petrolera estatal PDVSA y su filial en Estados Unidos, Citgo.

En ese momento un reportaje del diario El Nuevo Herald develó que el chavismo había contratado a tres firmas en Estados Unidos para presionar al Congreso y la Casa Blanca con el fin de darle preferencia a PDVSA y tomarla en cuenta. Todo frente a la inminente posibilidad de las sanciones económicas contra la petrolera debido a la Asamblea Nacional Constituyente.

Esos esfuerzos no trascendieron y luego de la imposición de la Constituyente, Estados Unidos sancionó a Nicolás Maduro y otros miembros de la dictadura.

Luego se supo, de mano del Diario de las Américas, que Maduro había llegado a gastar hasta USD $ 2 millones para cabildear en Estados Unidos a favor de que no se sancione a PDVSA ni a individuos vinculados a la estatal.

El dictador asegura que las sanciones y la presión contra su dictadura no le afectan. Dice que, en cambio, lo fortalecen. Se trataría de un honor, según él. A finales de julio, luego de que Estados Unidos sancionara a varios miembros del régimen, Nicolás Maduro entregó copias del “sable de Bolívar” como premio a quienes pasaron a formar parte de una lista en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

No obstante, todo indica que ocurre lo contrario. Nicolás Maduro sí está desesperado porque se levanten las sanciones contra su régimen. Le afectan. Es su prioridad. Total, como he señalado, un régimen que se alzó sobre una billetera abultada no puede sostenerse cuando el dinero escasea; y las sanciones han sido efectivas en complicar los negocios petroleros del chavismo.

En diciembre del año pasado la dictadura venezolana y la oposición oficial Mesa de la Unidad Democrática iniciaron un proceso de diálogo. Más allá de lo desagradable del episodio, es importante destacar que una de las condiciones de Maduro para avanzar en el proceso era que la “oposición” se comprometiera a colaborar para que se retiren las sanciones.

Al final del inerte diálogo la dictadura propuso un acuerdo en el que uno de los puntos establecía precisamente eso: la Mesa de la Unidad Democrática trabajaría junto a la dictadura para buscar que la comunidad internacional dejara de presionar con sanciones y medidas a Venezuela. Afortunadamente la MUD —por presión o sensatez— jamás firmó el acuerdo.

Es claro: Maduro sí está desesperado. Enormemente inquieto por lo que las sanciones pudiesen generar en su inestable régimen. Y ahora, en su más reciente intento por obtener alguna victoria, aparentemente, ha enviado a Rafael Lacava a Washington.

Probablemente no logre nada. Así como es claro que el dictador anda turbado por las sanciones que se aplicaron y las que vendrán; también es una verdad que hoy la resolución de la crisis en Venezuela es una de las prioridades de Estados Unidos.

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