Cuba de ida y de vuelta en Venezuela

La relación entre Cuba y Venezuela tiene ribetes históricos imposibles de obviar, sobre todo en las horas más oscuras.

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El promotor de Chávez fue Fidel Castro. (Foto: Flickr)

Por Daniel Lara Farías*

Sin ánimo de golpear el orgullo nacionalista de los cubanos buenos, hay que decir que la isla no ha sido nada distinto a un simple fortín desde la conquista española. Fortín de los españoles que la convirtieron en base de operaciones financieras y militares durante la colonia, incluso durante la guerra de independencia hispanoamericana fue reducto de aprovisionamiento militar y “guarida” de los realistas derrotados en Sudamérica.

Su “libertad” en 1898 llegó por mampuesto, pues dejan de ser colonia de España para ser dominio libre de Estados Unidos, que arrebató Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otros dominios al Imperio Español, derrotado en la “Guerra Hispano-Americana” que sacó definitivamente a la otrora poderosa potencia ibérica del continente que hallaron tres siglos antes casi por accidente.

Una base naval de los EEUU en Guantánamo desde 1903. Unos misiles rusos apuntando a EEUU en 1962, que al ser retirados, fueron el origen de dos situaciones que aún padecemos: el compromiso de EEUU de no invadir Cuba y derrocar por la fuerza a Fidel Castro (como había intentado ya en la caótica acción de Bahía de Cochinos) y el empeño de Fidel Castro de hacer todo lo que estuviera a su alcance para provocar a los EEUU y lograr que rompieran el pacto, atacando la isla.

Por eso, Fidel promueve las guerrillas en Latinoamérica con la tesis del Che Guevara de crear “un dos, tres, 100 Vietnam”. Por eso, Fidel renueva su interés por Venezuela, donde desde siempre tuvo el ojo puesto, por razones diversas. Fundamentalmente, por un tema de ansia histórica, propia de los megalómanos como él, buscando siempre en su vida un retrato en las enciclopedias. Y es más que obvio que ese retrato suyo está ya en las enciclopedias de todo el mundo, y deberá estar en los libros de historia de Venezuela en el futuro no muy lejano, pues estamos hablando del enemigo más grande que nuestra nacionalidad ha tenido desde que Boves cayó muerto en Urica en diciembre de 1814. ¿Más que Chávez? Sin duda. Porque el promotor de Chávez, y más aún, de eso que llamamos chavismo, es Fidel. El chavismo es una creación de Fidel. Chávez fue un accidente de la historia y por eso, el movimiento de captura de Venezuela termina llamándose chavismo.

Pero una simple revisión de la construcción del proceso permite ver que Fidel elaboró durante años una estrategia de largo alcance para la captura de Venezuela, para la conquista de Venezuela y sus recursos. Por un lado, por el elemento de anhelo histórico, de la venganza de los próceres de ayer conversos en los revolucionarios de hoy. Por otro lado, por una acción política obvia si se tiene en cuenta la importancia que tenía Venezuela en el modelo de democracia y economía alternativa al socialismo real que desde EEUU se promovió para Latinoamérica.

Venezuela era el modelo de democracia representativa, pactada y conciliadora, que se presentaba como requerida y necesaria para nuestros países. Cuba era todo lo contrario, obviamente.
Y si EEUU prometió no destruir el modelo contrario al que promovía para la región, pactando con la URSS la existencia de ese enclave comunista en su zona de influencia, Cuba no pactó con nadie una convivencia pacífica con su entorno. Se fijó su objetivo de destruir el modelo que ponían frente al mundo como alternativo al creado por el castrismo. Y lo lograron, finalmente. Ni Betancourt ni Kennedy ni Kruschov se lo habrían imaginado, jamás.

La ida a Cuba

Cuando la guerra de independencia de Venezuela se expande por Nueva Granada, Ecuador, Perú y los territorios hoy conocidos como Panamá y Bolivia, Cuba fue origen de pertrechos para el bando realista que combatía a los insurrectos. Pero también fue destino de los derrotados. Varios harían historia. Por ejemplo, Francisco Tomás Morales, el último Capitán General de Venezuela, fue a tener en La Habana cuando el Almirante José Prudencio Padilla lo derrota en la Batalla del Lago el 24 de Julio de 1823. Y es en ese momento donde quiero fijar ahora mi atención, para darme a entender en esto de las cabriolas de la historia que unen a Cuba y Venezuela, más allá de lo evidente.

Historiadores como Aline Helg o Alfaro Pareja dan cuenta del momento en que Padilla se cubre de gloria en el Lago de Maracaibo derrotando al Capitán General de Venezuela y pactando con este su entrega y partida. Y ahí hay un hecho luminoso, particular y hasta tenebroso: dentro de las condiciones negociadas para la retirada de las tropas derrotadas, se establece un punto, enmarcado en el Tratado de Regularización de la Guerra, y era que la población realista de la ciudad ahora en poder del bando patriota pudiese retirarse con el jefe militar realista, si así lo querían, o que se les permitiera vivir sin problemas en el nuevo orden establecido.
Y así, ocurre lo increíble: cerca de 20 000 venezolanos, partidarios del bando realista, manifiestan su interés de marcharse con el Capitén General a su destino final, La Habana. ¿Por qué? Razones múltiples, entre las que se cuentan el miedo a la venganza de los patriotas, el terror a un escenario como el vivido en Haití con el odio racial que prácticamente exterminó a toda la población blanca. Este punto se coloca, en mi opinión, en el tapete por ser el comandante ganador, el Almirante Padilla, un negro costeño neogranadino al cual los marabinos seguramente veían como a un Pétion, capaz de llevar el horror a sus confines.

A Morales le faltaron barcos para evacuar a toda esa gente. Faltaron barcos y sobraron pasajeros. Al final, está pendiente una investigación profunda sobre el destino de esos venezolanos que escaparon de Venezuela y se fueron a Cuba, odiando a Bolívar y a los patriotas, odiando la idea de nación construida luego de la independencia, sintiéndose españoles más que venezolanos, sintiéndose enemigos de esa idea.

Y es allí, en la revisión de la historia, que se encuentra al héroe independentista cubano Antonio Maceo Grajales, quizás el más grande de los héroes de la independencia tantas veces pospuesta de la isla, líder de los mambíses y probado en batalla una y otra vez hasta su muerte. Antonio Maceo era hijo de Marcos Maceo, venezolano aunque su lugar de nacimiento aún se discute, pero miembro de la Legión de Leales Corianos que al lado de la Corona Española peleaba contra los patriotas, contra Bolívar y los mantuanos. Contra los criollos. Contra la idea de Venezuela.

En resumen: el mayor patriota cubano, se crió con la idea de que la idea de nación, la idea de Patria venezolana, era una cosa horrible que su padre había combatido. Y ese detalle no debe dejarse pasar de todo este cuento.

La vuelta a Venezuela

Fidel, hijo de español. Su padre, un gallego que fue a Cuba a pelear la guerra contra los EEUU y la perdió. Imagínese lo que se hablaba en esa casa. Imaginemos a una gente sintiéndose española y derrotada. Sintiendo que las derrotas de España eran las derrotas suyas. Si Bolívar venció a España y Teddy Roosevelt también, pues a ellos y a las ideas por ellos planteadas o defendidas, se dirigía el odio de los derrotados. Perder eso de vista podría hacer pasar de largo el tema de las motivaciones obsesivas de ciertos personajes de esta historia.

Hoy, cuando los antiguos comandantes guerrilleros venezolanos han tenido oportunidad de contar la historia de las vinculaciones con el castrismo, se pueden determinar varios hechos perfectamente demostrables:

– Fidel Castro tenía entre ceja y ceja hacer caer a Venezuela bajo su influencia, y en eso invirtió años de esfuerzo, estudio y estrategia.

– Era imposible una conciliación entre la Cuba de Fidel y la Venezuela democrática, pues esa Venezuela democrática era el modelo opuesto a la Cuba que construía el castrismo.

– Las motivaciones de Fidel Castro con respecto a Venezuela se presentaban obsesivas, siempre. Nunca salió de su mente, hasta el punto de ser motivo de ruptura con todo aquel que se negó, en los movimientos de izquierda insurgente venezolana, a montarse en su estrategia a lo largo de décadas.

Dentro del estamento político cubano, está clara la realidad actual con respecto a esas motivaciones y las consecuencias de dicha obsesión, que al final fue coronada de forma magistral por ese genio del mal que era Fidel. Logró vengar a los realistas escapados con Morales en 1823 y a la familia Maceo y quizás a su papá también. Logró además finalmente convertirse en el factor dominante de un país con una sociedad débil en cuanto a los valores que posee para tener a la democracia como sistema y a la libertad como dogma inamovible. Una sociedad rentista y enferma de anhelos de épica, donde se llega incluso al supremacismo patriotero de sentir que somos mejor que la media o superior al común, donde somos capaces de repetir, una y otra vez, que vienen “tres portaaviones saliendo a Venezuela”, cuando en Siria o Irak se usaron si acaso uno. Pero nosotros, que somos más importantes, “no somos Cuba”. Nosotros no caeremos en el hambre, ni en el comunismo, ni seremos un país condenado a depender de las remesas de los millones de ciudadanos que emigran a cualquier lado, ni seremos exportadores de gente que regará el mundo con sus historias de desgracias personales que no serán creídas por quienes nos escuchen, pues en Ciudad de México, en Bogotá, en Madrid o en Atenas, a nuestras advertencias responderán siempre: “Es que nosotros no somos Venezuela”. Así de infelices terminamos siendo.

No hay manera de obviar a Cuba

Hemos llegado al llegadero y no hay manera de entenderlo de forma distinta. Quienes hemos estudiado la historia de Cuba y de Venezuela y la influencia de una sobre la otra, entendimos bien lo que quiso decir el hoy defenestrado exvicepresidente cubano Carlos Lage cuando en un mitin en 2004 dijo “el riesgo no es que Venezuela se cubanice sino que Cuba se venezolanice”. Se refería a la contaminación de Cuba con el bochinche venezolano diagnosticado por Miranda muy temprano en nuestra historia. Y he ahí donde está la perdición y la salvación a la vez: al régimen castrista hay que cobrarle caro la destrucción de Venezuela, causándole todo el daño posible con una venezolanización de su proceso político. La dependencia económica de Venezuela, que va más alla del petróleo y otros aportes, es un punto importante para lograr cambios necesarios en la actual coyuntura. Pero es que esa dependencia de Cuba no está solo en el dinero que saca directamente de Venezuela, sino en lo que recibe a cambio de desestabilizar Venezuela en desmedro de EEUU.
Es Europa quien tiene una responsabilidad en todo esto, y principalmente España. Pues esta a la vista de todos que Cuba vive de las inversiones europeas y que el rol de desestabilización del patio trasero de EEUU es una de esas acciones colaterales que causa dicha inversión europea. Entonces aquí toca poner la factura en las mesas que corresponden: a Europa, las demandas contra sus empresas por parte de los afectados por la explotación de sus propiedades expropiadas por el castrismo. A Rusia, el costo en vidas y dinero por la escalada de los conflictos en Siria y Ucrania, si persiste en mantener sus posiciones estratégicas en Venezuela, a través de Cuba.

Y a Cuba, toca decirle que la historia también puede devolverse. Y que ese ejército de almas que en todo país donde llegamos los venezolanos está dispuesto a liberar a la nación que nos vio nacer, podría dirigirse, antes o después, a hacer la guerra contra el patrocinante de la desgracia.

Como dice la leyenda se lo prometió Bolívar al cubano José Rafael de las Heras, quien sirvió hasta su muerte como oficial del Ejército Libertador de Venezuela: no envainaré mi espada después de liberada Venezuela, para liberar también a tu tierra.
Por eso, es lógico que se asome el nombre de Cuba como factor determinante para la caída del chavismo. Ya era hora de que se llegara a esa conclusión, después de 20 años ignorando los orígenes históricos de nuestra desgracia.

Así las cosas, con sentido de la historia y con responsabilidad nacional, nos toca entender que la libertad de Venezuela hay que arrebatarla de las manos castristas. Y que no habrá libertad firme en esta región si no se arranca de raíz el mal que se genera desde Cuba, por parte de esa corporación criminal instaurada en medio del Caribe.

Y cuando digo arrebatar, lo digo en el sentido militar del término. Porque después de revisada la historia, amigos míos, cualquier pacto “negociado” que se haga con la Cuba castrista para lograr una salida en Venezuela, será vulnerado si la tiranía castrista permanece en el tiempo.

Porque la libertad es universal. Y si el vecino es esclavo, seremos nosotros esclavos del mismo amo también, si es que acaso no lo somos sin notarlo.

*Daniel Lara Farias es licenciado en estudios internacionales y comunicador de vocación. Conduce, desde 2013, el programa Y Así Nos Va en RCR 750 AM. Exiliado en Alemania. Es @DLaraF en todas sus redes sociales.

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