La revolución socialista y la agonía de Chile

Menos del 30 % de los chilenos han asistido a las protestas en Chile, la élite política, cultural y económica de Chile manipuló a la población

3.517
Chile
Protestas en Chile. (Foto: Flickr)

Por Esteban Zapata

Han pasado 100 días desde el nefasto 18 de octubre, donde un grupo de jóvenes adoctrinados destruyeron más de 80 estaciones del metro de Santiago de Chile y crearon un espiral de violencia a nivel nacional que sigue presente desde entonces. Los medios de comunicación hablaron de un supuesto “estallido social” que demostraba la gente estaba cansada del modelo económico que generaba “desigualdad”, pero ocultaron los saqueos, los destrozos de propiedad pública y privada y la quema de iglesias, fruto del «anticapitalismo» de los manifestantes.

Pero la marcha masiva que ocurrió el 27 de octubre dio a entender erróneamente a los políticos que la gente pedía cambios profundos al sistema. El presidente Piñera dio el visto bueno a un cambio a la Constitución para intentar salvar su gobierno y, consecuentemente, casi todos los partidos políticos de izquierda y derecha acordaron hacer un plebiscito el día 26 de abril, fecha en que los chilenos deberán resolver si aprueban o rechazan el cambio constitucional y la convención que estará a cargo de ese cambio (convención mixta o convención constituyente, equivalente a una asamblea).

No es estallido social, es una revolución socialista

Aristóteles escribía que una revolución política consistía en cambiar completamente la Constitución. Lo que ha pasado en Chile en tres meses calza con esa descripción; es una revolución de corte político e incluso se habla de golpe de Estado blando para describir las protestas (generar malestar en la sociedad, protestas violentas que desestabilizan un gobierno y la posterior renuncia del jefe de estado).

El estallido social descrito por los medios, en cambio, nunca ocurrió: la población nunca salió en masa a protestar. Según la encuesta CEP (Centro de Estudios Públicos), 70 % de los chilenos no asistió a las marchas. Los que salieron a protestar fueron los operarios políticos de los partidos de extrema izquierda que crearon el caos social en primer lugar. Ellos crearon la revolución de corte socialista que pretende cambiar el sistema “neoliberal” a un sistema parecido al que tiene Venezuela o Cuba.

Esta revolución se sostiene por la élite política, cultural y económica de Chile, que llevó a la población a creer que su situación iba a mejorar gracias a las protestas. Por eso el 55 % de la población sigue apoyando las manifestaciones a 3 meses de su inicio. La encuesta CEP revela además que el 72 % de la población chilena se define como “apolítico” o independiente (las posiciones políticas se equiparan a los partidos políticos que tienen apenas un 3 % de apoyo). El problema es que esta apatía ayudó a que las ideas de izquierda se instalen en la palestra pública y eso creó el malestar de la gente.

También ayuda a la «revolución» el victimismo que se hace con los manifestantes que utilizan la violencia como método de resolver los problemas. Primero se afirmó que había “violaciones a los derechos humanos” que nunca ocurrieron y luego se glorificó la “primera línea”: jóvenes sin identidad que prefieren combatir a los carabineros para lograr aceptación social. La izquierda necesita la narrativa victimista que indique que el Estado reprime a la población chilena (una de las razones de la baja popularidad de Piñera y de los carabineros es que la izquierda estableció que vivimos en “dictadura”) y así lograr el objetivo de desestabilizar el gobierno.

La desestabilización es obra de las organizaciones de extrema izquierda como la “Mesa de Unidad Social”, el MIT (Movimiento Internacional de Trabajadores) y organizaciones de estudiantes secundarios como la ACES (que han negado la rendición de la prueba PSU a miles de jóvenes). Ellos han dominado las manifestaciones con sus ideas anticapitalistas y anti-neoliberales y han sido categóricos en decir que el movimiento es revolucionario y socialista y que el objetivo es sacar a Piñera del poder a partir del 8 de marzo.

El populismo constitucional

Por otro lado, el plebiscito para cambiar la constitución sigue en pie. Los chilenos que salieron a marchar lo hicieron por temas como las pensiones y los sueldos (producto del malestar general provocado por la izquierda). En cambio la constitución, que no era prioridad para la ciudadanía, terminó convirtiéndose en la prioridad para los políticos. Eso no ha impedido que más del 60 % de la población apoye el cambio constitucional y eso se debe a que creyó que era la única forma de lograr cambios.

Así surgió el populismo constitucional, debido a la impopularidad del congreso chileno (2% de apoyo) y la antipatía de la población contra los políticos. Han aparecido líderes populistas y mesiánicos que se arrogan ser la voz del pueblo que crean partidos políticos como, por ejemplo, el Partido por la Dignidad, que quiere “terminar con la desigualdad socioeconómica (su líder renunció en menos de una semana para formar otro partido) o el partido Alternativa Feminista, que busca que la Constitución tenga una “perspectiva feminista”. Para llevar a cabo esas medidas, el cambio de Constitución es primordial

La élite política chilena en general ha preferido apoyar la idea de crear una nueva Constitución que llevaría supuestamente a un Chile más justo y que resolvería los problemas de Chile. La trampa aquí es creer ingenuamente que la Constitución va ser creada en “democracia”, cuando varias organizaciones que lideran la revuelta han establecido que buscan el poder mediante la instalación de una Asamblea Constituyente, como hizo Chávez en Venezuela. Es muy probable entonces que la Constitución no sea liberal, sino que sea una que imponga una autocracia socialista.

La revolución se expande por Hispanoamérica

Y como toda revolución, las ideas extremas se expanden a todos los lugares posibles gracias a las redes sociales. Primero fue la performance del grupo feminista radical Las Tesis, que crearon la canción “Un violador en tu camino”, basada en los supuestos casos de violación que cometieron los carabineros y militares (algo que no se ha comprobado). La canción y el baile fue realizada en varios países, como México, Colombia, Perú, España, Francia y Estados Unidos.

Los acontecimientos en Colombia indican que los métodos de protestas de Chile se exportaron a ese país. El paro del 21 de noviembre terminó con saqueos, enfrentamientos con la policía, destrucción de la propiedad privada y explotación política de un muerto, muy similar a los sucesos de Chile. Actualmente en Bogotá, apareció la versión colombiana de la “primera línea”, con los mismos métodos de confrontación: utilización de escudos láseres, lanzamiento de piedras y de bombas molotov.

Conclusión: la agonía de Chile

Lo que está viviendo Chile es simplemente es agonía. Los que creyeron ingenuamente que los saqueos iban a traer un cambio positivo, terminaron perdiendo su empleo (solo en Santiago se han perdido 300 mil empleos). Es probable que el 26 de abril se firme la muerte anunciada de un país próspero si la gente prefiera cambiar la Constitución. Si eso pasa, toda Latinoamérica va a seguir su camino.


Esteban Zapata es liberal clásico egresado de la Universidad de la Frontera de Chile como biomédico.

Cuando comenzamos el PanAm Post para tratar de llevar la verdad sobre América Latina al resto del mundo, sabíamos que sería un gran desafío. Pero fuimos recompensados por la increíble cantidad de apoyo y comentarios de los lectores que nos hicieron crecer y mejorar.

¡Forma parte de la misión de difundir la verdad! Ayúdenos a combatir los intentos de silenciar las voces disidentes y contribuye hoy.

Contribuya hoy al PanAm Post con su donación

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento