No importa cuando ni el lugar, la ONU siempre es servicial a la izquierda

La ONU volvió a mostrar su verdadera cara al darle un espaldarazo a la organización de izquierda radical Antifa en su cuenta de Twitter

neoliberalismo institucional
Antonio Gueres (ONU) y Tedros Adhanom (OMS). (Foto: Flickr)

Como si de banalidades se trataran, hay cosas en la vida que nunca cambian, una de ellas es la tendencia obscena de las Naciones Unidas de servir a la izquierda global. Antes era más disimulado, menos evidente, existía una intención de querer mostrarse imparciales; pero en el 2020 eso cambió por completo y la ONU —junto a varias de sus agencias— se ha quitado la careta para revelar su verdadera naturaleza.

La última polémica en torno a las Naciones Unidas tuvo lugar en Twitter, donde la organización, que supuestamente vela por la paz y la seguridad internacional, dio un mensaje de apoyo a la organización de extrema izquierda Antifa; un movimiento que abiertamente hace apología al delito en su extremo desprecio por la propiedad privada, y que las últimas semanas ha firmado múltiples actos de vandalismo en los Estados Unidos escudados en las protestas raciales que suscitan en el país.

Pero a la ONU poco le interesa si Antifa pertenece al ala más radical de la izquierda global, un movimiento que arruina negocios, tumba estatuas, destroza el bien público y perjudica la vida de miles de seres humanos; el simple hecho de alzarse contra el “fascismo” o el “racismo” —de manera hipócrita y falsa, por supuesto—, ya fue suficiente para que las Naciones Unidas muestre su preocupación por la declaración del fiscal de los Estados Unidos William Barr, que llamó a Antifa “terroristas domésticos”. La ONU así se colocó en el bando de quiénes han promovido el terror en las calles estadounidenses y en contra de la administración de Donald Trump. La polémica fue tal, que el tweet fue eliminado.

Captura de pantalla del Tweet donde la ONU se solidariza con el grupo terrorista Antifa.

El grotesco historial de la ONU en el 2020 con la OMS en el foco de atención

Pero esta situación no es nueva ni sorpresiva, las Naciones Unidas ha servido como tribuna para promover la agenda progresista, que en el fondo es simplemente una forma más moderada de impulsar el socialismo y las ideas colectivistas que tanto daño le han hecho a la humanidad.

Para muestra, un cargo: António Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, ex presidente de la Internacional Socialista. Y si es exagerado decir que la ONU es manejada a diestra y siniestra por la izquierda solo porque su Secretario General fue presidente de la Internacional Socialista, solo hay que presentar un dato para rebatirlo: del total de quince agencias de la ONU, 4 son presididas por China mediante ex miembros o miembros del Partido Comunista Chino (PCCh) y en 7 de ellas tienen el segundo cargo más alto; es decir, el comunismo chino tiene una injerencia directa en 11 de las 15 agencias especializadas de la ONU.

MIA33. NACIONES UNIDAS (NY, EEUU), 28/03/2019.- Fotografía cedida por la ONU donde aparece su secretario general, António Guterres, mientras habla durante una conferencia de prensa donde anunció el lanzamiento de la declaración de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del clima mundial 2018 hoy, jueves 28 de marzo de 2019, en la sede del organismo en Nueva York (EE.UU.). El nivel y el calentamiento de los océanos siguieron aumentando en 2018 hasta alcanzar niveles récord como consecuencia del cambio climático, según datos de la OMM. EFE/Mark Garten/ONU/SOLO USO EDITORIAL/NO VENTAS

Por el contexto, donde más se nota la intervención comunista en las Naciones Unidas, es en la Organización Mundial de la Salud (OMS), agencia especializada de la ONU que se ha encargado de blindar a China durante todo el 2020 por su negligencia en el brote inicial de la pandemia.

La agencia dirigida por Tedros Adhanom, primer presidente de la OMS que no es médico y que acarrea consigo el currículum de político y exfuncionario del régimen comunista de Etiopía, además de ser miembro del Frente de Liberación Popular de Tigray —partido socialista marxista de corte étnico–, se ha pasado todo el 2020 lavándole la cara al partido comunista chino. Agradeciéndole su “transparencia”, su “compromiso” y “su gran manejo” de la pandemia generada por el COVID-19. La Organización Mundial de la Salud, la misma que nos dijo que no usemos mascarillas y que ignoró la advertencia de Taiwán —primero– y su éxito para controlar el virus —a posteiori– no ha sido más que un brazo del PCCh.

Algunos de los escándalos

Los escándalos han sido diversos y de todos los colores: una filtración de inteligencia alemana, revelada por Der Spiegel, señaló que Xi Jinping —presidente del PCCh y mandatario chino– habría hecho un pedido a Tedros Adhanom para que detuviera la alerta al mundo sobre el peligro real del coronavirus el 21 de enero.

“El 21 de enero, el líder chino Xi Jinping pidió al jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que retuviera la información sobre la transmisión entre humanos y que retrasara la advertencia de una pandemia”, indica el informe de la ‘Bundesnachrichtendienst’ (BND), Servicio Federal de Inteligencia de Alemania según Der Spiegel.

No solo eso, hace días atrás un reporte de la agencia AP reveló cómo China ocultó información valiosa del coronavirus —no facilitaron información en tiempo y forma sobre el genoma del virus y la evolución de los pacientes— durante los primeros días de enero, y la OMS, teniendo conocimientos de esta situación, decidió no solo callar y hacerse de la vista gorda, sino que incluso alabó la gestión al brote inicial por parte de China. Una bofetada para todo el mundo. La excusa del organismo fue que no quería molestar a las autoridades chinas para que estas no se volvieran más reticentes para facilitar la información.

La estrategia de la agencia de la ONU, por supuesto, no funcionó. China siguió ocultando información y hasta desinformando durante meses y la OMS fue cómplice y promotora de ello.

Un caso revelador fue el que sucedió en la Asamblea Mundial de la Salud, donde Taiwán fue excluido sin importar su éxito al momento de controlar al coronavirus. ¿Por qué esto? Por la relación China-ONU/OMS y la tensa situación diplomática y política que Taiwán y China sostienen desde hace tiempo. Apoyar a Taiwán sería ir en contra de los intereses chino-comunistas, la OMS (ONU) simplemente no pueden permitírselo.

Si la Organización Mundial de la Salud, en efecto, fuera un organismo libre e independiente en lo político e ideológico, el impacto del coronavirus en el mundo pudo haber sido mucho menor. Solo hay que hacer memoria y recordar que Taiwán advirtió a la OMS sobre una nueva enfermedad que atacaba las vías respiratorias con origen en Wuhan, pero el organismo hizo caso omiso, esperó la respuesta china y los resultados están a la vista de todos.

Más allá de la OMS

Pero que la ONU esté al servicio de la izquierda no es únicamente una cuestión de lo ocurrido durante la pandemia. El año pasado, ocurrió un giro inesperado en cuanto a la dirección de La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, donde Qu Dongyu, ex viceministro y funcionario del PCCh, fue elegido como director general de la agencia. Qu es el primer director general chino de dicha agencia, su triunfo estuvo muy ligado al apoyo de los países africanos y su triunfo significó un gran revés para EEUU y la Unión Europea en las Naciones Unidas.

Más de un tercio de las agencias de la ONU están siendo dirigidas por algún miembro o ex miembro del Partido Comunista Chino. Al final, personas que responden a los intereses de Beijing. Diseño: @rondon_emma26, PanAm Post.

Sin ir muy lejos, para el 2018, Michelle Bachelet, expresidente chilena declarada abiertamente marxista, fue electa como alta comisionada de Derechos Humanos.

Más allá del informe publicado por la comisión de Derechos Humanos de la ONU donde se desenmascara la sistemática violación de DDHH que la tiranía chavista perpetra en Venezuela, hay que preguntarse, ¿qué ha hecho las Naciones Unidas, seriamente, para presionar a los regímenes comunistas-socialistas de Nicaragua, Cuba y Venezuela? La respuesta es absolutamente nada. Por contrario, es una organización dispuesta a oxigenarlos hasta las últimas consecuencias.

La contradicción de la ONU con respecto al caso Venezuela se desenmascara fácilmente, publican un informe contundente sobre la violación de derechos humanos, pero al mismo tiempo siguen reconociendo al representante del régimen de Maduro. ¿Qué clase de organización que abogue por el respeto a los DDHH hace eso? Es evidente el poco interés de la institución por presionar verdaderamente al régimen chavista.

La alta comisionada de la ONU, Michelle Bachelet, saluda a Nicolás Maduro. (Archivo)

Con respecto a la tiranía castrista, la situación fue aún más aberrante: la ONU impulsó que Cuba integre el Consejo de Derechos Humanos. Sí, la misma isla donde la tiranía castrista rige con puño de hierro, reprimiendo y restringiendo las libertades de los cubanos; a los representantes de ese régimen quieren integrarlo al Consejo de Derechos Humanos.

Esto es trágico, si la Habana tiene un lugar en el tribunal del consejo de evaluación que analiza y juzga la ejemplaridad en el comportamiento de los DDHH en todas las naciones, quiere decir que los regímenes de Nicaragua y Venezuela tienen un firme aliado que abogará por ellos.

El caso de Hong Kong, ¿otro “embrujo” de China a la ONU?

Si bien Michell Bachelet espetó que la Ley de Seguridad en Hong Kong debe «debe cumplir plenamente con las obligaciones de derechos humanos de China», el PCCh ya salió al paso de las declaraciones tildándolas de “grave interferencia a la soberanía y a los asuntos internos del país”.

Al régimen chino le incomodó de sobremanera que la ONU tuviera la osadía de pedir, sin exigir, que la Ley de Seguridad que quieren imponer a Hong Kong no contravenga los Derechos Humanos.

“Este tipo de leyes nunca deben ser utilizadas para criminalizar actos y declaraciones protegidos por las leyes internacionales en materia de derechos humanos”, señaló Bachelet que no rechazó la Ley de Seguridad ni pidió un cumplimiento del tratado administrativo de 1984 —que fue registrado con la ONU como un tratado jurídicamente vinculante —y que permitió a Hong Kong gozar de autonomía y soberanía tanto de China como de la anterior colonia inglesa.

La expresidente simplemente reclamó porque no se violen los DDHH de los ciudadanos hongkoneses que actualmente se encuentran inmersos en una cruzada contra el PCCh para salvar su modelo “Un país, dos sistemas”, que les ha permitido ser una de las regiones más prosperas del mundo.

La pregunta que surge es, ¿qué hará la ONU? ¿Se animará a retar al Partido Comunista Chino con respecto al caso Hong Kong? ¿O se quedará en las tibias peticiones que le han caracterizado? Porque China no retrocederá, y seguramente, después de resolver “el problema” de Hong Kong, irán a por Taiwán. Todo ante la complaciente mirada de las Naciones Unidas.

Así que no debe sorprender: no importa ni cuándo ni dónde, la ONU siempre es servicial a la izquierda. La agenda colectivista y progresista es prioridad, los regímenes del mundo gozan porque nadie le pone un freno a su constante violación de derechos y restricción de libertades, el mundo sufre cada vez más y ve como los peores vicios de la humanidad son promovidos e impuestos desde “la institución que aboga por la paz y seguridad intencional”. Vaya mentira.

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