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En Venezuela la oposición no será televisada

Por: Guillermo Rodríguez González - Sep 7, 2016, 4:25 pm
(Wikimedia) Venezuela
Expulsar periodistas extranjeros, prohibir el sobrevuelo hasta de drones, cerrar a cal y canto la capital y amenazar por días en cadenas de radio y TV tampoco les sirvió de mucho. (Wikimedia)

Los socialistas en el poder en Venezuela creían que las multitudinarias manifestaciones de rechazo en su contra eran producto de los medios opositores, especialmente televisoras,  su respuesta fue cerrarlas o censurarlas al punto que una gigantesca manifestación de rechazo al gobierno no fue televisada, excepto para minimizarla, por las sometidas televisoras locales.

Expulsar periodistas extranjeros, prohibir el sobrevuelo hasta de drones, cerrar a cal y canto la capital y amenazar por días en cadenas de radio y TV tampoco les sirvió de mucho.  En Venezuela la oposición en la calle no será televisada, pero para sorpresa de los censores rojos, seguirán las multitudinarias de rechazo a su gobierno en las calles. El gobierno perdió toda esperanza de ganar cualquier elección a corto plazo, buscará retrasarlas para mantener un poder que depende del control político del tribunal constitucional y el apoyo militar.

El 1 de septiembre de 2016 el socialismo en el poder en Venezuela movilizaba empleados públicos, milicianos y beneficiarios del sistema de racionamiento de alimentos a cargo del partido de gobierno en una gran manifestación de apoyo en Caracas, forzado y minoritario apoyo a un gobierno que se destaca por el desabastecimiento, racionamiento, inseguridad y la inflación de más de 500 % en medio de una profunda depresión.

Aquello sería un gran éxito para el proyecto totalitario en proceso de no ser porque, pese a sus esfuerzos por impedirlo, una movilización multitudinaria de repudio al gobierno mantuvo en las calles de Caracas más de diez veces el número de personas que el gobierno venezolano logró movilizar.

El chavismo ha perseguido, neutralizado y anulado a cuanto funcionario opositor electo se ha visto obligado a admitir. Esto lo ha hecho desde alcaldes hasta el Parlamento mismo, así depende del control de la sala constitucional del  tribunal supremo y de fuerzas armadas con oficialidad adoctrinada en la ideología de la revolución y envuelta en el manto protector de privilegios que se extenderían a tolerarles una corrupción que los haga más dependientes del poder político.

Es la “moral marxista” para la que todo crimen que se cometa por la revolución es bueno y moral y todo acto de resistencia a la misma es inmoral y criminal. Así, sin el control totalitario pleno, detuvieron a los sospechosos habituales “neutralizando” lo que vivía en la imaginación de sus propagandistas, lo que por no significa que no lo temieran, sino que temen a las sombras de su propia imaginación y creen sus propias mentiras.

Pero hay tres cosas que son desagradables de aceptar y difíciles de comprender para la mayoría de los que, de una u otra manera, se oponen hoy a un chavismo que tras diecisiete años en el poder alcanza cotas de destrucción material y moral que sus predecesores socialistas moderados estuvieron lejos de lograr en más del doble de ese tiempo de hegemonía política:

    1. Protestar, en cualquier forma, contra el socialismo es legítimo porque el socialismo únicamente produce destrucción material y moral. Algunas formas de hacerlo pueden ser circunstancialmente equivocadas, pero la equivocación de quienes las asumen se debe, de una parte a su convicción sobre el que son las más apropiadas a la circunstancia y de la otra a la desesperación que produce ver la magnitud de la destrucción material y moral extendiéndose aceleradamente. Así que si hay algo que no nos podemos permitir olvidar por el apasionamiento de nuestra propia convicción sobre los medios de cada circunstancia, es que nuestro enemigo no es quién equivoca los medios de lucha política contra el socialismo en uno u otro momento, nuestro enemigo en todo momento es el socialismo que destruye todo aquello que hace civilizada digna y hermosa la vida.
    2. No hay normalidad en el socialismo, hay grados de anormalidad circunstanciales, porque bajo el socialismo lo “normal” es el empobrecimiento, el racionamiento y la estrechez creciente, además del crimen y la agotadora desesperación por atender las necesidades básicas en medio del desorden y la corrupción que aspiran a causar un masivo miedo paralizador, mientras que la conmoción “anormal” es que las personas desesperadas por sufrirlo reaccionen superando el miedo y el cansancio.
    3. El socialismo en el poder, que no ha completado el totalitarismo al que aspira pero que nunca deja de avanzar en esa dirección, no será derrotado por un único medio de lucha política, sino por tantos medios como circunstancias se presenten, pero a condición que todos los escenarios de oposición política al socialismo se llenen de manera creciente de ideas, de razón y de posibilidades, esto es, de verdades tanto sobre las causas reales de los males que sufrimos como sobre las soluciones de fondo que necesitamos para desandar el camino que nos trajo al borde de este precipicio.

En resumen, el chavismo es una variante del socialismo con claras e inmediatas aspiraciones totalitarias que depende críticamente de la efectividad de su desinformación y propaganda, así que no se derrotará realmente al chavismo en el campo de la política hasta que se derrote al socialismo en el campo de las ideas.

Para que el socialismo en el poder en Venezuela sea finalmente derrotado en las calles, es necesario que la mayoría de los individuos que componen esas multitudes dispuestas a protestar contra sus efectos lleguen a identificar las causas, para que Venezuela se recupere la senda de la prosperidad algún día no es suficiente la evidencia del desastre socialista que sufrimos, antes deberá ser derrotada toda forma de socialismo en las mentes de la mayoría de los venezolanos, porque hasta ganar la guerra de las ideas todas las batallas políticas en todos los campos de oposición al socialismo no logran otra cosa que ir a lo menos malo en el mejor de los casos, con gran dificultad y sin garantía de lograrlo, hasta que superemos el envidioso resentimiento que hizo mayoritario al socialismo en el poder en su momento, cualquier cambio será finalmente de mera apariencia.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.