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La era del petróleo y los petroestados socialistas está llegando a su fin

Por: Guillermo Rodríguez González - Oct 17, 2016, 2:53 pm
(Martí Noticias) petróleo
El Jeque Yamani decía que la edad de piedra terminó antes que las piedras y la del petróleo terminaría antes que el petróleo. (Martí Noticias)

Los recursos que son bienes económicos no se agotan antes de ser sustituidos mediante cambios tecnológicos. Un recurso natural escaso, valioso y no renovable, combustible del transporte y la industria, el carbón del siglo XIX, fue sustituido por el petróleo en el siglo XX. No se dejó de usar  carbón, simplemente fue sustituido como combustible dominante cuando tecnología e inversión convergieron espontáneamente en el petróleo como opción más económica.

El Jeque Yamani, ministro de petróleo saudita de 1962 a 1986, decía que la edad de piedra terminó antes que las piedras y la del petróleo terminaría antes que el petróleo. La necedad ilustrada respondería que el petróleo es fuente estratégica de energía lo que no fue la piedra. Pero el carbón sí, y su era terminó sin agotar el carbón, como la del petróleo terminará mucho antes de agotar los yacimientos. Siendo rentable, la sustitución de un combustible la da el tiempo y capital que requiere la infraestructura sustitutiva.

De las minas de carbón a las calderas de vapor del siglo XIX había una cadena de capital invertido. Lo mismo con la explotación, transporte, refinación de crudo y distribución de combustibles, y así será con gas natural, bitúmenes o crudos extra pesados, energía solar, eólica, nuclear y biomasa en cualquier combinación.  Electricidad solar e hidrógeno tienen el potencial técnico de ser producidos en cada punto de venta, con el hidrógeno está lejos de ser rentable, con la electricidad solar ya lo es.

Si estas tecnologías –ya existentes en vehículos y miniplantas de producción y venta– son las que desplazan al actual combustible del transporte, la sustitución costara relativamente menos que la del carbón por el petróleo, pues no requiere nuevas vías de transporte como aquella. Que finamente se sustituya la gasolina por hidrógeno parece muy factible, pero es apenas una probabilidad entre otras.

La clave es el transporte y aunque los vehículos eléctricos son tan antiguos como los de vapor y combustión interna, el problema de su autonomía, sus baterías, recién se solucionó técnica y económicamente. Sea que usen celdas de hidrógeno o carguen sus baterías en estaciones de electricidad, la eventual sustitución del petróleo, como principal fuente de combustible el transporte está en marcha.

No significará que se dejará de emplear el crudo para otra infinidad de usos, sino la demanda de petróleo será relativamente menor. La mezcla energética será variada si la competencia de varias fuentes es rentable, no fue así mientras prevalecieron el motor de combustión interna y el petróleo. Lo será con los cambios tecnológicos y económicos en curso.

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El punto es que la sustitución tecnológica de los bienes de orden superior será siempre muy anterior a su agotamiento físico. En la medida que un recurso se torna más escaso, de mantenerse la demanda inalterada, su precio se eleva, y en consecuencia se generan tres tipos de oportunidades. En el ejemplo del combustible para transporte:

  1. Como hay una demanda potencial de mejores motores: las existencias, en términos de producto marginal para un tiempo estimado dependen de la eficiencia relativa de los procesos en los cuales se utilizan. En los combustibles, en la medida que se hacen más eficientes los motores, la sustitución de los viejos motores por los nuevos, equivale al incremento de reservas no explotadas de combustible. Aunque los motores más eficientes estimulen un mayor uso de los mismos, por lo general el mayor uso tenderá a consumir combustible inicialmente el mismo combustible bajo el umbral del consumo total previo al cambio tecnológico.
  2. Inicialmente se realizará nueva oferta a precios más altos: los incrementos de precios de un bien causados por su escasez relativa, implican menores riesgos en nuevas inversiones en su producción, que los causados por el incremento de la demanda –el riesgo es ante todo un costo– lo que favorecerá la explotación económica del recurso previamente submarginal. Se incrementan las existencias en la medida que más producción adquiera capacidad económica de sumarse a la oferta. También habrá incentivo económico para la innovación tecnológica para incorporar al recurso submarginal.  El producto de eso va de las plataformas del mar del Norte y los compactos que gastan menos gasolina, al fracking y los automóviles eléctricos de Tesla.
  3. Hay demanda potencial para cualquier combustible más barato: en la medida que el precio se eleva, el costo de su sustitución del bien se reduce y hay incentivo empresarial hacia la búsqueda de cualquier bien alternativo. La oportunidad, puede estar tanto en un combustible sustitutivo de menor costo para los mismos motores, o en nuevos tipos de motores que puedan lograr los mismos resultados, a igual o menor costo, con otro combustible económicamente similar o hasta más eficiente.

 

Porque de la demanda final no es de combustible, sino de energía para la producción y transporte. Y la demanda de transporte la clave de lo que tratamos aquí, no es más que la demanda de trasladar, cosas o personas, de un lugar a otro, más rápida, cómoda y eficientemente. A menor costo.Y en esa demanda de traslado, el que, cuando, dónde y para que, están en constante cambio por la acción, e interacción, de los personas.

Comprender un poco mejor la naturaleza real de la demanda es importante para verla falsedad absoluta del paradigma neomalthusiano tan caro a la teoría socialista actual. Del socialismo soviético del siglo pasado al experimento Venezolano actual, los núcleos que han financiado los fallidos experimentos con la inviabilidad del socialismo fueran básicamente petroestados– Sería ingenuo pensar que el fin de la era del petróleo será el fin de los criminales experimentos socialistas, pero es claro que dificultará iniciarlos.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.