El fáustico tránsito de Alberto Fernández

Alberto Fernández, presidente de Argentina, ha devenido en una suerte de Fausto de nuestros días

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Alberto Fernández
Alberto Fernández, presidente de Argentina. (Foto: redes Fernández)

Fausto es el protagonista de una leyenda alemana. Es un erudito exitoso a quien no le alcanza todo lo que tiene y anhela más. Entonces se le aparece Mefistófeles y le ofrece facilitarle que obtenga aquello que desea a cambio de su alma. Precio que irá pagando a medida que se vaya adentrando en la senda del mal.

Fausto y Mefistófeles recorrerán juntos el camino, haciendo que muchas personas sufran las funestas consecuencias de tal asociación.

Como suele suceder con las leyendas, Fausto está inspirado en una historia real, la de un doctor alemán del siglo XVI. Relato que atrajo a múltiples creadores para usarlo como insumo de sus obras porque trata un asunto filosófico crucial: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir lo que queremos?

Uno de los puntos decisivos de la historia, es que Fausto, pensó que podría engañar al diablo y obtener lo que anhelaba sin pagar el precio, lo cual deja planteada la interrogante: ¿es posible?

Esta leyenda nos vino a la mente al ver la evolución moral que está teniendo el presidente argentino Alberto Fernández. Como se recordará, el alto cargo que ocupa se lo debe a la vicepresidenta, Cristina Kirchner. Los pormenores del acuerdo entre ambos solo lo saben ellos. Pero es fácil intuirlos dado los antecedentes de la expresidenta.

Cristina tiene encima cuatro causas penales muy pesadas: Memorándum de entendimiento con Irán, Obra pública, Hotesur y Los Sauces y Los cuadernos de la corrupción.

En ese contexto, la vicepresidente utiliza la expresión lawfare como táctica de defensa. Ese término se utiliza para denunciar que el Poder Judicial es utilizado como un actor partidario, con el fin de desprestigiar la carrera política de un opositor.

El experto en derecho penal, Maximiliano Rusconi, explicó que para el concepto tenga vigencia práctica, se necesitan tres protagonistas: “El amigo oficialista que detenta el poder, el enemigo opositor al cual se le declara la guerra judicial y, por último, quienes conducen el emprendimiento bélico a favor del poder de turno, quienes ofrecen el alejamiento judicial de las normas como proyectiles (algunos miembros del sistema judicial)”.

Veamos en qué fechas se originaron las causas penales que tanto inquietan a Cristina, para determinar si podrían encuadrar en lawfare. Luis Majul hace el racconto:

La causa de la obra pública comenzó en 2008, por una denuncia de Carrió y otros diputados. En ese entonces, gobernaba Cristina, con plenos poderes.

Los Sauces y Hotesur se abrió en 2014, por una denuncia de Margarita Stolbizer y Silvina Martínez. También gobernaba Cristina, con mayorías holgadas.

El memorándum de entendimiento con Irán se abrió en 2015, cuando todavía ella era jefa de estado. Solo la causa de los cuadernos se inició en 2018, mientras gobernaba Mauricio Macri.

Pero, ¿por qué no se las puede sacar de encima? Porque ya fueron elevadas a juicio oral y tienen alto impacto internacional. Algunas, como es el caso del Memorándum, son imprescriptibles.

Vamos de nuevo: ella seguía teniendo el poder y no fue perseguida por un fiscal o un magistrado en particular. Todas las causas pasaron por varios fiscales y magistrados y nadie vulneró su derecho de defensa.”

Con respecto a Fernández, durante la campaña electoral se presentó como un político moderado, que deseaba cerrar la “grieta” entre argentinos. Abogó contra los radicalismos y el odio visceral entre diferentes sectores de la sociedad; contra las arbitrariedades gubernamentales y el uso abusivo del poder. Además, exhibía humanidad y empatía hacia los que sufrían.

No hay motivos para pensar que no estuviera bien intencionado y que lo expresado no fueran realmente sus intenciones. Pero el problema es el pacto fáustico que había realizado. Quizás, pensaba que el fin justifica los medios y que no tendría que pagar el precio que tal “contrato” implicaba.

Pero si así razonaba, era hacerse trampas al solitario ya que ni él mismo podía seriamente creer tal, porque desde la campaña electoral comenzó a “desembolsar” lo convenido, al tenderle a Cristina un manto político de impunidad.

La realidad sobre los procesos judiciales a los que alude Majul eran bien conocidos por Fernández, que es abogado y profesor universitario. No obstante, en su discurso de asunción el 10 de diciembre de 2019, abonó la falacia del warfare esgrimida por Cristina: en uno de los momentos más aplaudidos por los kirchneristas, adelantó su intención de realizar una profunda reforma del Poder Judicial.

Es claro que la Justicia argentina tiene serios problemas. La muestra es que 9 de cada 10 ciudadanos consideran que la mayoría de los jueces “no son imparciales”. Pero teniendo en cuenta cuál fue la “escalera” que le permitió a Fernández ser presidente, sus dichos causaron honda preocupación.

Desde entonces, varios de los juicios contra Cristina han tenido una evolución favorable para sus intereses. Tendencia que posiblemente se acrecentará, ahora que Fernández tiene listo su proyecto de reforma judicial. Curiosamente, los jueces no fueron consultados ni notificados. Parecería que se “horneó” íntegramente en la cocina kirchnerista.

Una vez “atado” el paquete judicial, se está yendo por los periodistas independientes.

Majul, en “Quiénes y por qué necesitan silenciar al periodismo que no se calla”, denuncia la degradación moral de Fernández. Expresa que se está persiguiendo a los periodistas independientes porque son los que mantienen vivo ante lo opinión pública el recuerdo y los pormenores de las causas que involucran a Cristina.

Algunos de los indagados por corrupción, son los dueños de la señal C5N. Curiosamente el presidente, que no tiene tiempo para nada a raíz del coronavirus, le otorga continuas entrevistas a esa señal de noticias, que es donde se anuncia insistentemente que van a meter presos a algunos periodistas.

Majul pregunta a la audiencia: “¿Cómo creés que se pueden sentir los fiscales y los jueces que los investigan cuando hacen zapping y se detienen en la pantalla de C5N? ¿Cómo creés que se puede sentir cualquier periodista argentino que mira los programas políticos? Con miedo. Mucho miedo. Y con más miedo todavía, si empiezan a percibir que Cristina, (Hugo) Moyano, Cristóbal (López), con el silencio que aturde del Presidente, parece convalidar esta locura de venganza e impunidad”.

Alberto Benegas Lynch alerta sobre la “metamorfosis” de Fernández. Subraya las “intimidaciones contra periodistas, proyectadas reformas judiciales inauditas y forzar el abandono de sonados casos de corrupción en medio de alabanzas al totalitarismo chavista”.

El presidente va abandonando su modo afable y se muestra agresivo. Sus medidas políticas son cada vez más rechazables. Si se lo hacen notar, reacciona maltratando de palabra, actitud que alienta a sus seguidores a que en las redes sociales hagan otro tanto.

Especialmente bochornoso fue el episodio con Cristina Pérez. Durante una entrevista, al preguntarle por su decisión de expropiar a la empresa Vicentin, la periodista describió a la medida como “polémica” y “cuestionable” y explicó por qué la calificaba así.

Fernández -visiblemente irritado- la regañó y le mandó “estudiar”. La hizo sentir como un “trapo”, como algo “chiquito y sin valor”.

Majul se pregunta: “¿Será consciente Alberto Fernández de todo lo que genera? ¿Se dará cuenta de que en el enfrentamiento con Cristina Pérez está haciendo uso y abuso de su enorme poder? Tiendo a creer que sí”.

En otra ocasión, el presidente retuiteó con RT un mensaje que calificaba al periodista Jonatan Viale como “gordito lechoso”. Ese término se convirtió en tendencia porque el presidente tiene un millón y medio se seguidores. Estuvo ahí 24 horas, hasta que fue borrado por las críticas que recibió.

Fernández le pidió disculpas a Viale. No parecieron sinceras porque sigue atacando a periodistas. Retuiteó un video editado que ridiculiza las preguntas de Diego Leuco a Santiago Cafiero, jefe de Gabinete. En una parte del reportaje, los aludidos confrontaron verbalmente por el crimen de Fabián Gutiérrez -exsecretario privado de Cristina- que testificó contra ella en la causa de los cuadernos.

Leuco le preguntó a Cafiero: «¿Cómo hizo Fabián Gutiérrez para hacerse millonario? […] El dinero que le quisieron robar, según la hipótesis más firme que maneja la causa, tiene que ver con una de las causas de corrupción más grandes de la Argentina».

Cafiero le respondió molesto: «Vos estás poniendo como hipótesis el título de un programa periodístico de ayer [por Periodismo para Todos conducido por Jorge Lanata]. Que la plata que se buscaba era la de los K. Eso es mentira, eso no se sabe”.

El video – difundido por @Herezeq, que Fernández retuiteó y se viralizó en las redes- intercala las respuestas del funcionario al periodista con imágenes y sonidos de golpes de puño.

A raíz de ello, Leuco en un comunicado expresa: «Qué tristeza verlo, señor presidente, tan violento. Qué tristeza que su reacción ante una discusión ética entre un periodista y un ministro sea responder con trompadas. Qué tristeza y qué desilusión deben tener los que creyeron en su moderación. Qué lástima que tan rápido Cristina haya logrado anularlo por completo, si es que alguna vez tuvo alguna intención de diferenciarse del salvajismo”.

Claramente, Alberto Fernández representa al Fausto de nuestros días.

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