El silencio cómplice del Ejército de Nicaragua ante la masacre de Ortega

"Los costos del silencio van creciendo como los intereses de los usureros y a medida que el silencio se prolongue, la legitimidad del Ejército va ir cayendo"

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El Ejército debería decirle a Ortega: «esto es insostenible, hay que resolverlo, hay que desarmar a los paramilitares, o desármelos usted o nos ordena que lo hagamos» (Flickr)

Nicaragua lleva más de 100 días atravesando una terrible crisis sociopolítica en la que el régimen autoritario de Daniel Ortega ha tratado de imponerse sobre su pueblo mediante fuertes técnicas represivas, y a pesar de los «esfuerzos» del Ejército por separarse del Gobierno, el experto en defensa y seguridad nacional, Roberto Cajina, recuerda que el silencio también los hace cómplices.

En una entrevista en el programa televisivo «Esta Noche», Cajina explicó que la decisión de no involucrarse en el conflicto también es una decisión política. «Es una decisión en donde están combinados intereses institucionales con intereses financieros», dijo.

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Para Cajina la decisión debería ser la de decirle a Ortega, «esto es insostenible, hay que resolverlo, hay que desarmar a los paramilitares, o desármelos usted o nos ordena que lo hagamos», comentó.

El experto señaló que si bien al Ejército no le corresponde resolver la crisis política por las restricciones de la Constitución, sí «hay elementos que les corresponde resolver», y uno de ellos es dejar la estrecha relación política con Daniel Ortega y dejar «el silencio cómplice».

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«Los costos del silencio van creciendo como los intereses de los usureros y a medida que el silencio se prolongue, la legitimidad del Ejército va ir cayendo, como cayó la legitimidad de la Policía», agregó.

A tan solo 26 días de haber iniciado la ola de protestas antigubernamentales, el coronel Manuel Guevara, portavoz militar de las Fuerzas Armadas,  sorprendió a la población haciendo un llamamiento al cese de la violencia; sin embargo, en poco más de cien días de protestas, la represión del régimen ya ha dejado casi 3.000 heridos, unas 590 personas desaparecidas y más de 400 fallecidos, según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH).

El pasado martes 31 de julio, el comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés, reiteró que a su juicio la ruta que «más conviene» es la del diálogo; pero ya han habido varios intentos de negociar con el mandatario y hasta ahora no se han logrado mayores cambios.

La represión continúa, el número de víctimas aumenta con el pasar de los días y el Ejército sigue sin dar un paso en defensa de los civiles, mientras además se muestra presente en actos con el presidente autoritario.

«El artículo dos de la Ley del Ejército, que es la Ley 181 reformada, dice que el Ejército Nacional debe disponer de sus medios y sus fuerzas cuando la seguridad nacional y la defensa nacional están amenazadas, y cuando se cometan actos delictivos que pongan en peligro la existencia de la nación y estabilidad del país», expuso Cajina.

El Ejército es una institución armada que debería defender la soberanía, independencia e integridad territorial; sin embargo, a la institución parece haberse olvidado que la soberanía reside en el pueblo.

«Hay un nivel de hipocresía institucional. Dolerse por las víctimas de la represión orteguista y, por otro lado, estar amarrado con el signo no ideológico, pero emblemático, que es la bandera roja y negra del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional, partido oficialista)», dijo.

Mientras el Ejército siga en silencio, seguirá siendo cómplice de la masacre en contra del pueblo.

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