Promesa inédita: Bolsonaro asegura que liberará a Brasil del socialismo

Con 13 millones de brasileros desempleados, Bolsonaro denominó su posesión como "el día en que el pueblo comenzó a librarse del socialismo".

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“Esa es nuestra bandera, que jamás será roja. Solo será roja si es necesaria nuestra sangre para mantenerla verde y amarilla”, Bolsonaro. (Fotomontaje de PanAm Post)

Por primera vez en la historia de Brasil, la primera dama precedió el discurso inaugural de un presidente y lo hizo en lenguaje de señas. Michelle Bolsonaro, que trabaja con niños discapacitados, se posicionó junto a su esposo, quien le preguntó después de hablar si ella tenía algo más que agregar.

De modo que antes de tomar el micrófono y luego de soltarlo, el presidente Jair Bolsonaro aclaró que habrá pluralidad de voces en su gestión, incluso de quienes no tienen voz, como son las personas con dificultades de habla.

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Sin embargo, el discurso inclusivo no es al que está acostumbrada la izquierda, aquel que busca reestructurar la lengua, anulando los géneros, con una x o una e, removiendo lo masculino y femenino, sino incorporando a personas con capacidades diferentes.

Y lo hizo dejando en claro que va a “combatir la ideología de género“. Esto sucedió en su posesión frente al Congreso. Pues primero se posesionó ahí y luego habló ante la nación.

“El día en que el pueblo comenzó a librarse del socialismo”

Desde el Palácio do Planalto Bolsonaro anunció que el primero de enero es “el día en que el pueblo comenzó a liberarse del socialismo”. Concluyó levantando la bandera nacional y exlamó “que jamás será roja. Solo será roja si es necesaria nuestra sangre para mantenerla verde y amarilla”.

Como insignia contra la planificación central y el monopolio que promueve el socialismo, Bolsonaro afirmó que el “ciudadano de bien merece disponer de medios para defenderse”.

Es decir, que no debe depender del monopolio de la fuerza estatal para defenderse, sino que debe tener la autonomía de hacerlo, “respetando el referéndum de 2005, cuando optó, en las urnas, por el derecho a la legítima defensa”.

Pese a que más del 60 % de los brasileros votó en contra de la ley que privaba a los ciudadanos del derecho a la autodefensa, Lula da Silva autorizó el desarme civil que hace pocos días cobró la vida del senador que creó el Estatuto de Desarme, asesinado a tiros por un asesor.

Orden es progreso

El nuevo presidente de Brasil también apeló al lema nacional que aparece en la bandera, “Orden es Progreso”, asegurando que “ninguna sociedad se desarrolla sin respetar estos preceptos”.

Prometió liberar a los brasileros de “la inversión de valores, del gigantismo estatal y del políticamente correcto”. Esto significa que en lugar de defender al delincuente, como víctima de la sociedad, como impera en el discurso progresista, se exaltará al ciudadano de bien y se castigará al malhechor.

Además, aseguró que “es urgente acabar con la ideología que defiende bandidos y criminalización policiales, que llevó a Brasil a vivir el aumento de los índices de violencia y del poder del crimen organizado, que saca vidas de inocentes, destruye familias y lleva la inseguridad a todos los lugares”.

Esto sustentado en que en 2018, pese a la prohibición de las armas, 62.000 brasileros sufrieron muertes violentas.

Para contrarrestarlo, Bolsonaro ofrece garantizar “el derecho de propiedad y de la legítima defensa”, así como respaldar a las fuerzas de seguridad.

Cómo revertir el desempleo récord

Para sopesar el nivel récord de desempleo que hay en Brasil, prometió “ampliar infraestructuras, desburocratizar, simplificar, sacar la desconfianza y el peso del Gobierno sobre quién trabaja y quién produce”.

Según los datos publicados a mediados del 2018 por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) sobre desempleo, aunque hubo una disminución entre el primer trimestre y el segundo, sigue siendo elevado con un 12,7 %, o sea más de 13 millones de brasileros que no tienen trabajo.

Bolsonaro también plantea que para un cambio profundo en Brasil se debe empezar en la educación básica, “que es la que realmente transforma el presente y hace el futuro de nuestros hijos”.

Cabe resaltar que Brasil es el hogar de Paulo Freire, educador que ha sido clave para que en América Latina no se eduque para trabajar. De modo que hay un desincentivo desde edad temprana.

Para revertirlo, propone reflejarse “en naciones que son ejemplos para el mundo que por medio de la educación han encontrado el camino de la prosperidad”.

Es que de acuerdo al discurso imperante, tanto en el Congreso como ante la nación y durante la campaña, Bolsonaro ha dejado en claro que para que pueda haber una cosecha política y económica, debe haber un cambio cultural.

Esto ha provocado reacciones adversas entre sus detractores, en particular por invocar a Dios en su discurso, abogar por la familia tradicional y por “Brasil encima de todo”.

El lema surge como respuesta al hecho que Brasil ha financiado a dictaduras como la cubana y venezolana. Y esto no solo ha sido a costa del bolsillo de los brasileros por medio de impuestos, sino que la nación ha perdido autonomía.

Pero sobre todo para exaltar estas tres instituciones previas al Estado (Dios, familia y la nación) es lo que complementa su discurso para reducir el intervencionismo, sopesar nación sobre Estado, elevar a la familia como forjador de valores en lugar de organismos estatales y sitúa un concepto trascendental que reduce el personalismo de los políticos y como tal los somete a un juez superior a estos según la creencia cristiana.

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