Argentina exclama memoria y olvida los millones de muertos del comunismo

Hay 966 presos políticos en Venezuela, sin embargo, quienes defienden a Maduro en Argentina dicen exigir la libertad de "lxs presxs políticxs" mientras ondean la bandera comunista, cuyos gobiernos han hambreado, fusilado y torturado a millones

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El Partido Comunista Argentino pide libertad a los presos políticos, cuando en sus regímenes abundan. (Mamela Fiallo Flor)

Cada 24 de marzo en Argentina se conmemora el día que inició el último gobierno militar del país en 1976. Bajo pedido de la presidente del momento, Isabel viuda de Perón, los militares fueron convocados para combatir a las guerrillas marxistas que mataron a más de 1.000 civiles. Pero desde hace alrededor de 20 años impera un relato único, que ignora la etapa previa y dibuja la historia de forma unilateral.

Así, partidos cuyas ideologías han provocado más de 120 millones de muertos en el mundo por medio de campos de trabajo forzado, fusilamiento y hambrunas artificiales, ondean sus banderas pidiendo la «liberación de lxs presxs políticxs», sin que eso implique una contradicción histórica.

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Además, el cartel aparece al lado de la exigencia de la no intervención de EE. UU. en Venezuela, donde el régimen de Nicolás Maduro tiene apresados a 966 presos políticos, de los cuales 778 son civiles y 188 son militares.

Cabe resaltar la neolengua orwelliana del momento que busca anular la diferencia de los sexos en el lenguaje.

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No es un mero capricho. Decía el padre del socialismo científico, Karl Marx, “en la sociedad burguesa el pasado domina el presente; en la sociedad comunista, el presente domina el pasado”.

De modo que quien tenga el poder de articular el lenguaje, también tendrá el poder de contar la historia a su favor y así sucede.

Junto al rostro de Mao y la bandera de Venezuela, ondea la bandera del Partido (comunista) de la Liberación en Plaza de Mayo, Buenos Aires. (Mamela Fiallo Flor)

Entre las banderas presentes en la plaza, frente al Palacio de Gobierno, la Casa Rosada, estaba el Partido de la Liberación. Sobre la tela aparece el rostro de Mao ZeDong, quien instauró el comunismo en China bajo el costo de 65 millones de vida, cifra que supera la población total de Argentina.

El uso de opuestos, equiparar comunismo a libertad, es propio de la metodología que advirtió el exsocialista George Orwell, a través de su obra 1984, cuyo lema era «la guerra es la paz, la libertad es esclavitud y la ignorancia es la fuerza».

Tal que no es casualidad que un movimiento esclavizante anuncie la libertad.

Un joven comunista argentino portaba una camiseta de la KGB indicando «todavía te está observando» . (Mamela Fiallo Flor)

«Aquellos que pueden hacerte creer lo absurdo, pueden hacerte cometer atrocidades», decía el filósofo Voltaire.

Así, te pueden invadir y esclavizar siempre y cuando te digan que te están liberando.

Por eso es que el término «liberación», tenía un fin claro. De acuerdo al desertor de mayor rango de la KGB, -servicio de inteligencia de la Unión Soviética-, el general soviético y jefe de espionaje de Rumania (bajo el dictador Caucescu) Ion Mihai Pacepa, la teología de la liberación fue la forma en la cual el marxismo buscó destruir la Iglesia Católica desde adentro.

Lo aprendió del general soviético Aleksandr Sakharovsky, jefe del servicio de inteligencia en el extranjero de la URSS. Bajo su mando se produjo la exportación del comunismo a Cuba, al igual que la creación del Muro de Berlín.

Logró implantar el comunismo en el continente americano y se adhirió a los movimientos de «liberación» de la época.

Sumando las guerrillas marxistas y aquellas que lograron formar gobierno como en el caso de Cuba y Nicaragua, el saldo total de muertos provocados por el comunismo América Latina, llega a 150.000, de acuerdo al Libro Negro del Comunismo, tomando en cuenta los fusilados, no así los balseros que escaparon del régimen.

Pero estas cifras son ignoradas o pasadas por alto por los defensores de sus ideas.

Papa Francisco pone en evidencia cómo el marxismo infiltró la Iglesia Católica y colaboró con el terrorismo

Entre ellos, el papa Francisco I, quien fue sacerdote en Argentina durante el último gobierno militar y ha declarado que «son los comunistas los que piensan como los cristianos».

Esto ha sido duramente reprochado por el Obispo de Hong Kong, el Cardenal Zen, que escribió una carta al papa donde le reclama por permitir que el gobierno comunista chino sea quien decida cuáles sacerdotes pueden oficiar misa y cuáles no, logrando que la Iglesia Católica esté condicionada a ofrecer servicios únicamente por parte de fieles al régimen.

Al respecto, el cardenal reconoce que “Francisco puede tener una simpatía natural por los comunistas porque para él ellos son los perseguidos. Él no los conoce como los perseguidores en que se convierten una vez en el poder, como los comunistas de China”.

Sacerdotes en regímenes comunistas cuestionan al papa por abandonar a los perseguidos

Tanto que hoy en China los «sacerdotes clandestinos», aquellos que no son reconocidos por el régimen comunista, piden a los feligreses que no vayan a misa para impedir ser perseguidos.

Mientras tanto, en Argentina, cuando Francisco I todavía no era papa sino Arzobispo de Buenos Aires, las mismas Madres de la Plaza de Mayo que ahora permiten en sus actos las procesiones de comunistas, tomaron la Catedral y usaron el altar mayor como baño, en vista que los servicios higiénicos estaban cerrados.

Y el papa, no solo que «dio la otra mejilla» sino que recibió a su directora, Hebe de Bonafini y le escribió una carta, equiparándola al mismísimo Jesucristo diciendo que él también fue calumniado.

También dijo que a las Madres de Plaza de Mayo les perdona todo, tanto que Bonafini dijo que no cambiará sus conductas, puesto que Dios le perdona todo.

Así, gracias a la infiltración marxista tanto en la Iglesia como en la cultura, pese al trabajo de Juan Pablo II que tanto aportó para la destrucción del Muro de Berlín, hoy los comunistas que tantos estragos causaron desfilan como «liberadores», pidiendo libertad para los presos políticos, mientras que sus gobiernos apresan, hambrean, torturan e incluso fusilan a quienes les enfrentan.

Desde la izquierda política, se pide el reconocimiento de 30.000 detenidos y desaparecidos, dado que los informes oficiales -en los que han participado los propios familiares- oscilan entre 6.000 y 9.000, esto incluye enfrentamientos entre el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP, una de las fuerzas paramilitares/guerrilleras) y el Ejército Nacional Argentino.

Hasta el momento han sido sentenciados más de 2.000 militares, muchos de ellos sin debido proceso, por crímenes de lesa humanidad. Mientras que las víctimas del terrorismo no solo no han recibido reparaciones -mientras que se han asignado millones a los desaparecidos por el Estado- sino que no han habido condenados por los actos violentos en su contra.

De acuerdo a CELTyV, las guerrillas terroristas mataron a 1094 ciudadanos, secuestraron a 756 e hirieron a 2368 argentinos, cuya memoria no es recordada el 24 de marzo, como tampoco los millones de muertos del comunismo, lo cual permite una lectura selectiva de la historia.

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