Pichetto de campaña: ¿encabezará oposición de centroderecha?

El senador peronista-oficialista es el único que lleva adelante la campaña de Juntos por el Cambio. ¿Quiere remontar las primarias o posicionarse para lo que viene?

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En Argentina hay un vacío: el rol de la oposición si los Fernández ganan las elecciones. El senador peronista parece que tiene interés en liderar ese espacio. (Twitter)

El senador peronista Miguel Ángel Pichetto está en campaña permanente. Es el único soldado que pone la cara por la dupla que lo lleva como candidato a vicepresidente en la fórmula de Mauricio Macri. Aunque el resultado de las primarias del 11 de agosto parece prácticamente irremontable para el oficialismo, el veterano legislador está al pie del cañón y no deja programa sin asistir, provincia sin visitar y micrófono sin frecuentar. Pero teniendo en cuenta su presencia y su estilo, surge una pregunta inevitable: ¿para qué está haciendo campaña Pichetto?

Para dilucidar este misterio hay que tener en cuenta algunos antecedentes. Aunque fue el jefe de la bancada del peronismo kirchnerista en épocas de Cristina Fernández, Pichetto la despreciaba. Aunque jamás sacó «los pies del plato», el senador peronista no se sentía cómodo con el perfil izquierdista del kirchnerismo ni por casualidad. Eso sí, desde su banca fue un operador político de calidad incuestionable en favor del Gobierno de entonces. La discusión de principios queda para otra oportunidad.

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Apenas se fue la exmandataria del Gobierno, Pichetto respiró aliviado y hasta lo reconoció en público. El senador peronista, que por entonces apostaba por una «tercera vía» que enfrentara al macrismo y a los K, asumió ante varios periodistas que había sufrido el rol de oficialista en épocas kirchneristas. «Me siento aliviado, se terminó esa responsabilidad», manifestó. Ante la actitud de Roberto Lavagna (que se negó a participar de una primaria), a Pichetto le quedaron dos posibilidades para estas elecciones: ser la «pata peronista» de Macri o volver con la exjefe, con la que prácticamente había quemado las naves. Luego de una leve transición discursiva de no más de 48 horas, el senador justicialista se convirtió en el candidato a vicepresidente del oficialismo. Pero el resultado de las elecciones fue un cachetazo para Juntos por el Cambio (exCambiemos): Alberto Fernández le sacó más de 15 puntos de diferencia al actual Gobierno.

A partir de ahí todo fue desconcierto para el macrismo. En los distritos de la provincia de Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal también perdió por paliza (y ni siquiera hay balotaje), los intendentes macristas ya hacen campaña de «boleta corta». Es decir, se están despegando del ámbito nacional, incluso del provincial. En la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta está haciendo lo mismo: su estrategia para la reelección es más municipal que nunca. La campaña de Macri presidente parece haber tirado la toalla.

Pero Pichetto sigue vigente como si el oficialismo hubiera perdido por dos puntos. Activo en redes sociales, presente en los medios y de recorrida permanente. Además de su actitud, es necesario también reparar en su discurso. El senador peronista se convirtió en el único referente nacional interesado en abrazar la representación de la centroderecha. El resultado no se hizo esperar. Ya hay votantes de Macri que defienden a Pichetto más que al presidente, y su seducción incluso alcanza a varios liberales desencantados de José Luis Espert.

Evidentemente, en vez de quedarse llorando por el pase fallido al macrismo, Pichetto optó por otra actitud: la vida le dio limones y, como dice el dicho, se puso a hacer limonada.

Ante la nula definición ideológica de Macri y con la visibilidad que le otorga ser candidato a vicepresidente, Pichetto se está posicionando como el único referente de un espacio que el PRO rechazó. Cada vez que habla dice que hay que dejar de dar subsidios, planes sociales y la necesidad de tener una Argentina inteligente, moderna y capitalista. No hizo falta mucha insistencia para que su discurso generara una buena cantidad de adeptos, que a pesar de ser, en su mayoría, antiperonistas, tienen necesidad de un referente que diga estas cosas.

Aunque cuando los periodistas le preguntan si la elección es remontable, Pichetto responde con el casete («a Macri lo veo entero», «estamos trabajando», «buscamos el balotaje», etcétera), lo más probable es que el senador ya esté pensando en lo que viene. Si la dupla de los Fernández se planta como un oficialismo de centroizquierda, un Pichetto posicionado en la opinión pública podría ser la otra cara de la moneda ante el electorado. Dado el perfil personal de Macri, muchos analistas lo ven más retirado a partir del año que viene que con ganas o posibilidades de encabezar el espacio opositor.

Aunque todo esto sea parte de la especulación política, la actitud y el discurso del senador hace pensar que algo de esto tiene en la cabeza. Si el rompecabezas político se va armando en esta dirección, queda un solo detalle por mencionar: estaríamos hablando de un oficialismo peronista… con una oposición peronista. Ese escenario sería el mejor homenaje al fundador del justicialismo que en una oportunidad dijo: «peronistas somos todos». Aquella vez, Perón lo dijo bromeando y en referencia a un ámbito más conceptual. Pero Argentina da para todo.

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