La torpeza de la pseudodictadura kirchnerista improvisada

La nueva idea de las autoridades argentinas: perseguir judicialmente a los que cuestionan la cuarentena extendida

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Luego del polémico intento de expropiación de Vicentin llegó la persecución política a los personajes públicos que hicieron referencia a la infectadura kirchnerista. (Facebook)

Para cuando Alberto Fernández asumió como presidente de Argentina el pasado 10 de diciembre de 2019, con Cristina Fernández de vice, las especulaciones eran varias. Sin embargo, en el menú de todas las posibilidades primaban dos hipótesis: la del albertismo peronista que gobernaría sin mucho kirchnerismo a cuestas y la de «la jefa» tomando el control absoluto al poco tiempo para implantar un modelo de corte chavista.

Como era de suponer, nada de eso ocurrió. Cristina pasó a un segundo plano, pero su espacio político tomó protagonismo. Albertistas y kirchneristas tuvieron cruces menores, como en el debate de los supuestos «presos políticos«, pero toda la agenda gubernamental giró sobre un único objetivo: el acuerdo por la deuda para escapar del default.

En medio de todo esto cayó la pandemia global del coronavirus y por la causa menos pensada Argentina se sumergió en un proceso autoritario sin precedentes. Sin embargo, detrás de lo que se conoció como «infectadura» no está la cara de la exmandataria. Hay un triunvirato que sí tiene un kirchnerista: Axel Kicillof (gobernador de la provincia de Buenos Aires), pero la cúpula tiene más componentes. Los otros dos son, claro, el presidente Alberto Fernández, pero también está el macrista Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno porteño.

El proyecto de la expropiación de Vicentin, empresa agroindustral beneficiada por créditos estatales millonarios en épocas del macrismo, fue el primer gran traspié del oficialismo. Fernández especuló que la opinión pública no repararía en el asunto mientras transcurre la pandemia y la extendida cuarentena argentina, pero se equivocó. La mitad del país, que no quiere saber nada del kirchnerismo, se plantó en pie de guerra con una clara consigna: «no seremos Venezuela». La iniciativa fue demasiado cuestionada por la sociedad civil y ahora el proyecto se discutirá en el Congreso. El escándalo, sumado a ciertas actitudes autoritarias en este período que debería ser absolutamente excepcional, cortó de raíz la luna de miel del nuevo Gobierno con la opinión pública.

Mientras el triunvirato Fernández-Larreta-Kicillof insistía con la cuarentena dura (y el sector privado se caía a pedazos), un grupo de intelectuales emitió un duro documento denunciando la existencia de una supuesta «infectadura». Es decir, un proceso autoritario que utilizó la pandemia para echar raíces y que violenta las libertades básicas mediante la suma del poder público. Los firmantes reconocieron la dureza del término, pero coincidieron en que era necesario llamar la atención.

El pasado 30 de mayo un grupo de personas que respaldaron la iniciativa decidió convocarse en el obelisco para protestar contra la «infectadura» en cuestión. Uno de los personajes públicos que decidió avalar la movida fue el actor Juan Acosta, de conocido perfil antikirchnerista, que ahora tiene una investigación en su contra por promover el evento.

En las últimas horas se confirmó que fue tramitada una denuncia en la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (Ufeci), a cargo de Horacio Azzolin. Esta entidad le dio entrada al trámite y lo mandó a sorteo y la causa ahora está en manos del juez Daniel Rafecas. «La sensación que tengo es que quieren callarme. Que no hable más», manifestó esta mañana el popular actor argentino, crítico de los Fernández.

La científica del Conicet, Sandra Pitta, firmante también del documento, advirtió que si avanzan judicialmente contra ella por hablar de «infectadura», la cuestión podría tener alcance internacional. Desde sus redes sociales también denunció que las autoridades ponen el foco sobre ellos, mientras en el campo están ocurriendo hechos de extrema gravedad.

Otra vez, el tiro por la culata

Cuando la denuncia contra Juan Acosta empezó a dar vuelta en las redes sociales, la indignación fue automática. Millones de usuarios hicieron tendencia el hashtag #infectadura. Periodistas y diputados de la oposición comenzaron a utilizar el término, invitando a las autoridades a que avancen también sobre ellos.

El periodista liberal Luis Rosales fue uno de los que más enérgicamente se manifestaron al respecto. El analista internacional aseguró que lo que se busca es mostrar un personaje conocido para darle un escarmiento público. La finalidad sería clara: atemorizar al resto de la población castigando a una persona famosa.

Si la idea era sembrar el pánico, al Gobierno de los Fernández le salió mal. El foco está más que nunca puesto sobre los vicios autoritarios y la palabra «infectadura», que parece se intentó silenciar, se convirtió en la más usada en todas las redes sociales. Si algo atenta contra las intenciones autoritarias del oficialismo es la misma torpeza con la que se manejan. Menos mal.

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