Por qué es socialismo lo que está jodiendo a la Argentina

No hace falta caer en la dictadura del proletariado para sufrir los desajustes comunismo

La política argentina no deja de meter ruido en la economía y perjudica cada vez más su coordinación. (Fotomontaje PanAm Post)

La intervención en la economía argentina no para y es cada vez más grande. Incluso Mario Pergolini, periodista y empresario del espacio «progresista» de toda la vida, ya se dio cuenta de que esto no da para más. Luego de varios días de haber sido aprobada la ley que regula el «teletrabajo«, parece que el exconductor de Caiga quien caiga se enteró de la nueva joya legislativa con la que tendrá que lidiar.

«Ustedes son unos imbéciles. En serio, son un grupo de imbéciles. Ya a esta altura creo que son hijos de puta en lugar de imbéciles. La verdad… hacen todo lo posible para que la gente no dé trabajo», les dijo a los diputados y senadores argentinos desde la editorial de su programa radial.

«Quiero felicitar a todos los tarados del Congreso que hicieron una ley de teletrabajo que escupió y orinó el sistema.¿Por qué doy mi punto de vista? Contratás a alguien como teletrabajo y hay que contratarlo en relación de dependencia. Una persona que podría haber tenido dos, tres trabajos, cortos, sencillos, con nuevas metodologías de trabajo, los llevamos a como teníamos las metodologías de trabajo en los 60, en los 70, que todavía no ha cambiado», señaló el referente progresista que un día se topó con la realidad cuando esta le toco la puerta.

La protesta de Pergolini fue una de las noticias de ayer, pero no fue la única que dejó en evidencia el problema de fondo que padece Argentina. Mediante la Resolución General 34/2020 publicada en el Boletín Oficial, el Gobierno obligará a las sociedades a que sus directorios estén conformados por un 50 % de mujeres. En el sector público también hubo novedades: el Banco Nación, a partir de ahora, tendrá un cupo obligatorio para transexuales.

Según la nueva reglamentación, «las asociaciones civiles en proceso de constitución» y las «sociedades anónimas que se constituyan» (además de las fundaciones y otras organizaciones sin fines de lucro) deberán tener «una composición que respete la diversidad de género, estableciendo una composición de órganos referidos que esté integrado por la misma cantidad de miembros femeninos que masculinos». El vergonzoso texto no deja eventualidad sin cubrir: «Cuando la cantidad de miembros a cubrir fuera de número impar, el órgano deberá integrarse de forma mixta, con un mínimo de un tercio de miembros femeninos».

Ya desde el siglo pasado, Álvaro Alsogaray (economista liberal fallecido en 2005, pero de extrema vigencia para los problemas constantes y recurrentes argentinos) advertía desde sus textos sobre la problemática socialista que afectaba a Argentina. En su momento fue cuestionado, acusándolo de «extremista», por afirmar que hay dos modelos de organizar la economía, el liberal y el dirigista, que tanto daño le hacía y le sigue haciendo al país.

Cabe dejar en claro que una nación no tiene que llegar hasta la dictadura del proletariado propuesta por Marx para sufrir la problemática del socialismo. Las consecuencias inevitables de la planificación centralizada y la descoordinación del sistema de precios pueden aparecer tranquilamente sin la bandera roja flameando, si se interviene en el sector privado como está ocurriendo en Argentina.

Más allá del ámbito moral, válido y necesario a la hora de cuestionar el socialismo, no podemos dejar de lado la cuestión empírica y científica que ha generado todas las catástrofes conocidas en la historia ante cada implementación socialista.

Friedrich Hayek y Ludwig von Mises lo anticiparon y detallaron en sus grandes obras:

  • El conocimiento en la sociedad está disperso y solamente la libertad de asociación genera algún tipo de coordinación que, por más falible e imperfecta que sea, siempre será más eficiente que la planificación central.
  • Los precios son un lenguaje de señales que comunican y ordenan preferencias. Sin propiedad privada no hay precios, por lo tanto tampoco coordinación económica.
  • Los únicos precios que existen son los precios libres. Los «precios regulados», los «precios acordados», el «control de precios» y tantas otras denominaciones, que ya llevan cuatro mil años de fracasos, no son precios. Por lo tanto, no pueden cumplir el rol de los precios. Como dice el periodista José Benegas, «o hay precios o hay palos».
  • A mayor planificación central, menor planificación individual. A mayor intervención en la economía, menor posibilidad de asociación y de coordinación económica. El resultado de los ruidos en una economía son menores tasas de capitalización, lo que es sinónimo de menores salarios, menos empleo y mayor pobreza.

El Estado argentino, que desde la fatal arrogancia le dice a los directorios privados cómo deben constituirse, que le regula los «precios» a la economía y que le establece las pautas de contratación y asociación a las personas, además de ir en contra de su propia Constitución, infecta al país de los vicios que hacen al socialismo imposible. Esto no es opinión ni extremismo. Es un hecho.

Si alguien se niega a denominar este sistema como «socialista», ya que por ahora existe algún respeto por la propiedad privada (discutible, por cierto), como mínimo, si es intelectualmente honesto, tendría que reconocer al menos una cosa: que las problemáticas que sufrimos tienen el mismo ADN que genera el colapso general de los modelos comunistas.

Mientras más se profundicen las intervenciones económicas y la planificación central, más pobre y miserable será el país. Lamentablemente, ante un panorama todavía peor, las probabilidades de un modelo más autoritario se incrementan exponencialmente. No sea cosa que hoy suframos los vicios de una economía con un poco de socialismo en sangre que impide funcionar y en el futuro terminemos sufriendo una pesadilla roja pura y dura.

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