Oposición en Venezuela prefiere la miseria y dictadura de la larga intervención cubana

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(ACN)
Se entiende el porqué del rechazo de la oposición oficial al pertinente artículo de Ricardo Hausmann. Prefieren mantener la miseria que ceder en sus retorcidos principios. (ACN)

Ricardo Hausmann es uno de los venezolanos más destacados fuera de las fronteras. Es economista, profesor de esa materia en la Kennedy School de la Universidad de Harvard; y es director del Centro para el Desarrollo Internacional de la misma institución. Fue ministro en su país y el economista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo.

Su opinión siempre es bien recibida y respetada en Venezuela. Sin embargo, con su más reciente artículo generó polémica; dividió a la oposición y se ganó los insultos y ataques de parte importante de la sociedad. Incluso, algunos, presuntos opositores, llegaron a sugerir que la Asamblea Nacional de Venezuela debía retirarle la nacionalidad al prestigioso economista de Harvard.

En el portal Project Syndicate, Ricardo Hausmann expuso, primero, un diagnóstico de la dramática situación en Venezuela. Analizó los posibles escenarios y concluyó que las salidas pacíficas a la tiranía de Maduro se han agotado. Según él, solo queda una posibilidad:

“Una posible intervención militar internacional, solución que asusta a la mayoría de los Gobiernos latinoamericanos a causa de la historia de agresiones contra sus intereses soberanos”.

En síntesis, Hausmann propone la siguiente solución para la demoledora crisis:

“La Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el Gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea nombraría de forma constitucional un nuevo Gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina”.

La proposición del economista no es, de hecho, una novedad, ni una sugerencia halada de los pelos. Primero, se trataría de un respaldo a la ya replicada propuesta del abogado Juan Carlos Sosa Azpúrua. Y es, también, una iniciativa que corresponde al plebiscito del pasado dieciséis de julio, en el que se preguntó si se estaría de acuerdo en exigir a la Asamblea —legítima— la sustitución de los poderes (incluido el Ejecutivo).

No se trata de una locura lo que habla Hausmann; pero sí de un escenario al que no todos esperarían llegar —pero que se hace cada vez más inevitable—. Las posibles salidas «democráticas» del país se han esfumado completamente. Simplemente esto ya no es una posibilidad. El régimen, desde el 2016, ha dejado claro que prefiere asesinar, torturar y someter a toda una sociedad a la miseria, antes de dejar el poder. Como señala el profesor de Harvard,

“es un desafío a la credulidad pensar que un régimen dispuesto a matar de hambre a millones de personas para mantenerse en el poder, va a ceder ese poder en elecciones libres”.

Por ello, las esperanzas podrían ser solo depositadas en, primero, el abandono de cargo debido a fuertes presiones internas —se trató durante varios meses y al final, junto con la complicidad de la dirigencia presuntamente opositora, la dictadura logró sobrevivir—; en un golpe militar que deponga a la tiranía —los escenarios para que esto se genere ya se han presentado y todo indica que el mundo castrense está sumamente contaminado y controlado—; en que las sanciones por parte de naciones extranjeras empiecen a generar la presión pertinente —esto podría tardar demasiado y, mientras, existe una dirigencia que rechaza la imposición de estas importantes sanciones—. Todos son escenarios que aún se pueden generar; pero que se hacen cada vez más utópicos.

El Parlamento venezolano, de hecho, ya había acordado, en enero del año pasado, el abandono de cargo por parte de Maduro. Se habló y se discutió la falta en su momento; pero eso jamás trascendió. Al día siguiente se seguía llamando a Maduro «presidente». Pero, si se hubiese mantenido la coherencia, la decisión de la legítima Asamblea de destituir al tirano —que carece de legitimidad desde donde se lo mire—; aunado a la incapacidad del vicepresidente de asumir la presidencia —tiene doble nacionalidad y ha sido sancionado por Gobiernos extranjeros por sus vínculos con el narcotráfico—, obligan a que el siguiente paso sea que el presidente del Parlamento asuma, mientras tanto, la presidencia de la nación.

A continuación se podría constituir un Gobierno que sí goce de legitimidad. Y sería un régimen que podría, amparado por la legalidad, solicitar a Gobiernos amigos de la región asistencia militar para devolver la legalidad a un país en ruina y expulsar a quienes serían los verdaderos invasores —se habla de la participación de miles de cubanos en las Fuerzas Armadas, y de la existencia de focos del terrorismo islámico y las FARC en Venezuela—.

No obstante, una proposición tan osada como la de Hausmann —pero que cada vez parece más racional y urgente—, ha generado un amplio y sólido rechazo —y no, no ha sido solamente de la dictadura—. Increíblemente, para algunos presuntos opositores es más terrible la idea de una asistencia militar de países amigos, que la continuación de la miseria y la crisis humanitaria que ha impuesto la desgracia en cientos de miles de hogares venezolanos.

La oposición rechaza a Ricardo Hausmann

Si en algún momento la presunta oposición, representada en la Mesa de la Unidad Democrática, rechazó las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros Gobiernos al régimen tiránico de Maduro; no sorprende que hoy esa oposición, junto con sus relacionistas públicos, rechacen el artículo de un venezolano tan importante como Hausmann, que con valentía ha ofrecido una antipática solución a la crisis.

“Pedir una intervención militar para mi país es de las peores cosas que he escuchado. Debe ser porque soy mujer y periodista y sé de los horrores que se cometen contra nosotras cuando eso sucede”, escribió en su cuenta de Twitter la periodista Blanca Vera Azaf.

En su momento, cuando el presidente Donald Trump planteó la “opción militar” como alternativa para resolver la crisis en Venezuela, Vera Azaf esgrimió: “¡Que se vaya al carajo Trump!”. Curioso como parecen palabras del expresidente Hugo Chávez, cuando pedía a los “yankees” volver a su hogar (home).

“Jamás ni nunca debemos traicionarnos a nosotros mismos. No hay venezolanos de primera y segunda. Todos somos iguales y jamás debemos abogar por una intervención extranjera. Eso es ir contra la patria”, continuó la periodista con su perorata en la red social.

El rechazo a la proposición de Ricardo Hausmann —y la de muchos otros venezolanos—, es amplia. El destacado historiador y escritor, Elías Pino Iturrieta, espetó en su cuenta de Twitter: “La Asamblea Nacional, con problemas para elegir directiva, ¿destituirá a Nicolás y pedirá una intervención de militares extranjeros? Delirio esférico”.

“Pedir intervención militar foránea es un disparate”, dijo, tajante, Pino Iturrieta.

Otro que atacó al catedrático de Harvard fue el sociólogo y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, Luis Pedro España, quien dijo:

“Lo escrito por el profesor Hausmann me genera varios problemas: 1. Los venezolanos no pueden con su problema. 2. Un director de estudios de Harvard opina igual que ignorantes criollos. 3. Las evidencias empíricas son haladas de los pelos”.

Jorge Roig Navarro, quien fue presidente de Fedecámaras, escribió al respecto: “La propuesta de invasión y ayuda militar extranjera lucen fantasiosas. Desde mi punto de vista, será la presión social nacional la que haría que los cambios ocurran y para ello la oposición debe prepararse”. Asegura eso, apartando que por cuatro meses toda una sociedad se mantuvo en las calles hasta que la dirigencia opositora informó su voluntad de adherirse a los falsos procesos electorales en Venezuela.

Juan Manuel Raffali, abogado y articulista, aseguró que lo que propone Ricardo Hausmann es inconstitucional, al decir que la Asamblea Nacional no puede desconocer al “presidente” —suponiendo que este es legítimo—, ni puede designar un sustituto. Luego, dijo que todos los esfuerzos se deben enfocar en lograr que el Consejo Nacional Electoral sea, al menos, “medianamente imparcial”. Una mediocridad.

La socióloga, profesora de la Universidad Simón Bolívar y asesora de la Mesa de la Unidad Democrática, Colette Capriles, coincide con Raffali y señala que la proposición del de Harvard violaría la Constitución:

Luis Oliveros es economista, suele apoyar a la Mesa de la Unidad Democrática y atacar a quienes se erigen como alternativa a esa presunta oposición. Ahora escribe en contra de Hausmann, reconociendo, antes, su relevancia:

“Yo respeto muchísimo a Ricardo Hausmann. Estudié economía con sus libros y papers. Siempre estoy muy pendiente de sus valiosos aportes. Es necesario leerlo. Pero, ¿intervención militar? No parecen ideas de alguien como él. ¿Lo hackearon? ¿Lo secuestraron?”.

Por último, destaca un mensaje en particular, completamente totalitario. Es del profesor y articulista José Luis Fernández Shaw, quien escribe en Twitter detrás de una cuenta anónima denominada La Divina Diva. “Las declaraciones de Hausmann son inaceptables. Si yo fuera diputada de la Asamblea Nacional solicitaría una investigación y se consideraría retirarle la nacionalidad”, espetó.

Son muchos los mensajes y varias las personalidades que atacan a Ricardo Hausmann. Llama la atención que en la mayoría de los tuits, destacan las “respuestas”. Decenas, rebatiendo los asedios a la propuesta del exministro.

 

La defensa a la racionalidad y a la odiosa proposición

Pero gran parte de los venezolanos coinciden con el profesor. Como se ha dicho, no se trata de una propuesta novel. Lleva meses resonando y ahora se le sella la aprobación del director de Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard. Es un aval importante a una iniciativa temida por la dictadura y, parece, por la presunta oposición. Pero es una sugerencia, que aunque muchos quieran evitar y tildar de esquizofrénica, se hace cada vez más racional y urgente.

Nehomar Hernández, periodista y locutor de RCR, es un hombre moderado. Desde su cuenta de Twitter señaló: “A la posición de Sosa Azpúrua y Hausmann se le puede criticar por ‘cruenta’ o lo que usted quiera. Ahora, de ahí a decir que no tiene razón es ver la película de Walt Disney y caerse a cuentos”.

La abogada, activista por los derechos humanos y directora del Casla Institute, Tamara Suju, avaló la propuesta de Ricardo Hausmann, solo criticando el hecho de que se le dé la responsabilidad a la Asamblea Nacional de ejecutar la proposición. Algo que, según ella, no ocurrirá.

La escritora y profesora de la Universidad Central de Venezuela, Gisela Kozak, también ha salido en defensa del profesor de Harvard; y junto a ella, la también escritora Sonia Chocrón.

“Increíble cómo los políticos e intelectuales venezolanos están horrorizados por la propuesta de Hausmann. Supongo que deben pensar que les caerán bombas encima de su casa y no podrán seguir publicando libros que leen sus panas”, dijo Kozak.

Chocrón, señala: “La izquierda fracasada y ‘opositora’ se da golpes de pecho por el artículo de Hausmann. Detestan cualquier intervención extranjera, a menos, claro, que sea cubana o rusa, o endógena”.

“Es incomprensible que un país que tiene casi dos décadas siendo gobernado desde el extranjero, todavía tenga discusiones nacionalistas en las que todos se proclaman horrorizados ante la posibilidad de intervención extranjera”, escribió en su cuenta de Twitter el escritor y director de cine, Jonathan Jakubowics.

El sociólogo y catedrático de la Universidad Simón Bolívar, Erik Del Búfalo, también señaló en Twitter: “La tesis de mi estimado Juan Carlos Sosa Azpúrua, que hoy recoge Ricardo Hausmann, siempre fue la más lógica y la más legítima, pero lamentable el colaboracionismo descarado de la MUD y la falta de presión hacia esta por parte de la ciudadanía la hizo y la hace inviable”.

El historiador, exalcalde y analista político alemán, Georg Eickhoff, también opinó al respecto. Señaló que lo que propone Ricardo Hausmann es necesario y aseguró que “pedir elecciones libres al chavismo es pedirles peras al horno”.

Y también escribió Ivo Hernández, quien es profesor en la Universidad de Muenster en Alemania: “A la oposición complaciente, a sus encuestadores y periodistas, también les repugna esa solución [la de Hausmann]. No les va mal como están, y ya a la intervención cubana se adaptaron”.

Por último, llama la atención que la “intervención militar” haya, siquiera, sido tomada en cuenta como una posibilidad para solucionar la crisis, por la empresa Datincorp para una encuesta. En los últimos resultados, esta alternativa tiene el 15 % del respaldo. Una cifra importante, debido a que se trata de un tema que se debate solo desde hace unos mes.

Otras encuestas más informales, llevadas a cabo por usuarios que gozan de popularidad en Twitter, develaron que la alternativa podría ser más popular de lo que se cree. El medio Maduradas, que tiene más de doscientos mil seguidores, en un sondeo de este 3 de enero, demuestra cómo la opción de una intervención militar recibe la mayoría del apoyo:

maduradas
(Twitter)

Mejor la intervención de Cuba

Se entiende que la propuesta de Ricardo Hausmann genere rechazo. Se trata de una idea odiosa, sobre todo tomando en cuenta un historial que aterra a muchos en la región. No obstante, es momento de confrontar la realidad y comprender que lo que propone el profesor de Harvard es una de las pocas alternativas que quedan para rescatar la libertad en el país.

Se trata de un régimen dictatorial que ha derogado cualquier posibilidad democrática e, incluso, pacífica. El costo siempre ha estado presente. Es grande. Y los venezolanos, como lo demostraron por varios meses en 2017, están dispuestos a pagar ese costo.

Es, además, un régimen vinculado al terrorismo islámico y al narcotráfico. Sobre Venezuela se impone, asimismo, un dominio de una nación extranjera: se ha denunciado desde hace años la participación de cubanos en las Fuerzas Armadas, y la estrecha relación entre el régimen chavista con el de Castro.

No se está planteando una invasión ni la ejecución de un proceso traumático. Un Gobierno legítimo —porque se conformaría en paralelo a una tiranía que carece de legalidad—, pediría a naciones amigas —no necesariamente a potencias occidentales—, el respaldo para la restitución de la República en Venezuela. Pero todo se esboza como una tragedia, como si los más de veinte mil venezolanos asesinados durante el 2017 por el hampa no representasen una verdadera catástrofe humanitaria —aunado al éxodo masivo, a las muertes por desnutrición, a la reducción de la calidad de vida y al autoritarismo—.

Realmente, las posibilidades de que la propuesta de Hausmann se concrete parecen distantes. Pero hizo una propuesta. Importante en tiempos en los que se exigen soluciones mientras la dirigencia oficial no las ofrece.

Mueren familias enteras. Madres desnutridas porque ceden sus almuerzos a sus hijos, para luego verlos morir de hambre. A otras madres, la Revolución de Chávez les asesina a sus hijos. Es una verdadera crisis humanitaria. El artículo del de Harvard no es una locura. Se trata de una posible solución a la coyuntura más dramática que se ha impuesto sobre Venezuela en su historia contemporánea. Es una verdadera tragedia que debe ser resulta.

Ahora, no sorprende la reacción de la oposición oficial y sus relacionistas públicos. De “no querer sanciones” a no querer “intervención militar”, hay solo un paso. No se ve el porqué del escándalo por el escándalo. Su complicidad es tácita, porque prefieren la miseria a ceder en sus retorcidos principios. Mejor la intervención de Cuba, que no ha generado tanto escándalo.

 

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