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La invasión imperial imaginaria en la propaganda chavista

Por: Guillermo Rodríguez González - Dic 25, 2016, 10:00 am
(El Venezolano) Venezuela
Venezuela no podría amenazar los intereses estadounidenses (El Venezolano)

Tarde o temprano retomaran los socialistas la imaginaria amenaza de invasión a Venezuela. Invasiones reales tienen altos costos político y militares. Sin beneficio alguno, nadie cree en la invasión yankee de un país que vende la mayor parte de su petróleo en los EE. UU. Aunque deseen lo contrario sus gobernantes, carece Venezuela de capacidad real para amenazar seriamente intereses estadounidenses.

Pero en la propaganda es recurrente y no ha de tardar con Trump (aunque el récord de invasiones reales e  irresponsables es de Hilary y su partido)  pues necesitan la amenaza (en realidad inexistente) de invasión. La irreal amenaza es tan irrelevante como la invasión de Mordor por el ejército de Gondor. Eventos imaginarios que existen únicamente en ejercicios de fantasía. El primero en el inofensivo y creativo de de la novela fantástica de Tolkien sobre la imaginaria Tierra Media. El segundo en el peligroso y destructivo de la propaganda patriotera socialista.

La guerra real del gobierno venezolano es contra su población. Cierra 2016 en ofensiva al comercio, asesinando el bolívar “fuerte”, y en escalada represiva contra quienes intenten hacer algo, acertado o no, para detener la socialista destrucción material y moral. Hay avances y retrocesos en la destrucción. Es una guerra irregular de grupos armados contra víctimas desarmadas. La infantería de asalto (nunca mejor dicho) de la revolución es la delincuencia ideologizada.

La corrupción delictiva de baja estofa permea todo el aparato del Estado. Apuesta al caos que precedería al totalitarismo socialista. De ahí salen los peligros para tirios y troyanos de Venezuela. No me alegró saber que en un asalto hirieron gravemente un familiar de una propagandista de la dictadura que se distinguió en la burla a “la sensación de inseguridad”. La “sensación”  se le materializó a balazos.

Del lado estadounidense del mayormente imaginario conflicto tenemos un imperio que ya respondió una amenaza menor con sanciones simbólicas. El comercio petrolero sigue, lo único que lo amenaza es la tendencia al autoabastecimiento de los EE.UU. Rápidos cambios tecnológicos a los que el socialismo venezolano, en su planificación central, no planea adaptarse.  Se limita el “peligro venezolano” al terreno de las finanzas, el narcotráfico, la colusión de intereses mafiosos y político-terroristas por la irresponsabilidad de quienes entienden el proyecto totalitario como una piñata sin consecuencias.

El problema más que la apuesta al totalitarismo y el discurso antiestadounidense en las tribunas internacionales, es el financiamiento de aliados de toda calaña, que conduce  a negocios sucios con arriesgados socios. Presumen de radicalismo revolucionario tolerando más de un caso peor que el de los narcosobrinos. Arriesgando las principales empresas de un Estado socialista que depende financieramente de sus exportaciones al mismo “imperio” que tanto odia.

Aparte del muy especulado acercamiento Trump-Putin. Los rusos son exportadores de petróleo, no importadores. Como todo potencial aliado de peso en el antiamericanismo. La brutal dictadura de Beijing juega a otra cosa. Aquí, a cambiar materias primas por mercadería de dudosa calidad y procedencia exclusivamente china.

 

No dudo que la nueva administración Trump amplié listas para impedir el acceso a propiedades y cuentas bancarias en EE. UU. a esbirros con poder en Venezuela. Niños consentidos sin Disney World, y adolescentes sin conciertos de sus ídolos, en nada afectan a venezolanos de a pie. Afecta indirectamente una dictadura mal disfrazada en su realidad represora y aspiraciones totalitarias. Pero incluso si en Washington aceptan entrar en el terreno de la retorica agresiva, difícilmente derivaría a la escalada que insensatamente se empeña en provocar el socialismo en el poder en Venezuela.

Tal vez me equivoque e intenten apretar realmente los tornillos a Maduro en la nueva administración. Si el apretón es real, pero no lo suficientemente fuerte, paradójicamente lo atornillaría al poder. Que golpearan a la población atornillando la dictadura sería el peor error. Y en ese terreno, o el puramente simbólico, reside su esperanza de importancia  global como la que del enfrentamiento con los EE. UU. obtuvo la dictadura castrista.

Castro se hizo vasallo de una superpotencia real. Por eso el enfrentamiento tuvo entidad y su supervivencia garantías.  Sin eso difícilmente habrá en Washingnton contra el gobierno de Venezuela sino escaladas de sanciones a personas y empresas identificadas con presuntos delitos injustificables.

Algo de eso hizo a desgano la administración Obama. La próxima puede hacer más de lo mismo, pero con coherencia y sin desgano. En la de Trump no ignorarán olímpicamente las provocaciones con que el chavismo busca declaraciones en su contra a falta otra cosa. Y en el juego de micrófonos calientes sí arriesgan darle al socialismo latinoamericano justo lo que necesita. Lo descartable es la acción militar que no pasa de la imaginación de ignaros que creen la propaganda.  Lo que puede ocurrir, o no ocurrir, estará en el terreno de las sanciones a personas especificas asociadas a la dictadura, o al país entero pretendiendo debilitar al gobierno. Rara vez funcionó lo segundo.

Los peligros para la población de Venezuela, aparte de la delincuencia aupada desde el poder como “aliado social con “potencial revolucionario”, la escalada de represión en curso (que siempre puede ser justificada y recrudecida por el discurso patriotero) la corrupción del aparato del Estado, la escasez, la hiperinflación y en general la destrucción material y moral inherente al socialismo. Incluyen que lo que no le hace a la población un inexistente embargo como el aplicado a Cuba, se lo haga el gobierno venezolano por sí mismo como “acciones defensivas”. Por esa vía ya han muerto niños de hambre y por escasez de medicinas en Venezuela.

Cuando le piden a la oposición oficial que condene la imaginaria guerra económica, y lo hicieron en la mesa de diálogo, no fue diferente de condenar un genocidio de Alderaan, no menos imaginario. Es lamentable que se rindieran así en una guerra de propaganda contra un socialismo en el poder, que de propaganda vive. Llegado el momento, no faltarían en la oposición socialista quienes condenen una amenaza de invasión imaginaria.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.